El último plan de Microsoft: descubrir cómo el sistema inmune reacciona al COVID-19, gracias a su alianza con una firma de biotecnología valorada en 4.500 millones

El doctor alemán Michael Grosse toma una muestra en un punto de control en Halle, Alemania.
El doctor alemán Michael Grosse toma una muestra en un punto de control en Halle, Alemania.
Photo by Ronny Hartmann / AFP via Getty

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  • Microsoft está trabajando con una empresa biotecnológica de Seattle, Adaptive Biotechnologies, para estudiar cómo el sistema inmune crea una respuesta al coronavirus. 
  • A través de esta alianza, ambas firmas están buscando a 1.000 personas para analizar células T, que son parte del sistema inmunológico y ayudan a proteger al cuerpo de las infecciones. 
  • La investigación podría contribuir a desarrollar test de células T para complementar los que ya existen de anticuerpos. 
  • Según el responsable médico de la firma biotecnológica, están desarrollando el tercer pilar del diagnóstico, a través de esas células. 
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El coronavirus ha despistado a los médicos, al crear tan diferentes síntomas y cuadros clínicos en los pacientes. 

El COVID-19 es, esencialmente, una enfermedad en el pulmón. Sin embargo, también puede dar lugar a otras afecciones, como crear coágulos de sangre, problemas en el corazón e incluso dañar los dedos de los pies, dejándolos morados y dificultando su movimiento. La cuestión es que algunos pacientes tienen síntomas leves y, otros, muy graves. 

Además, los casos críticos sufren más por su propia respuesta inmune que por el virus en sí mismo. El sistema inmunológico se híper estimula, originando una respuesta muy fuerte al virus, lo que causa otros problemas asociados en los pacientes.

Los investigadores están intentando desentrañar los misterios sobre la generación de una respuesta al coronavirus. Un mejor entendimiento sobre esto podría dar lugar a nuevos diagnósticos, tratamientos y vacunas.  

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El gigante tecnológico Microsoft ha entrado en este terreno, centrándose en la reacción inmune menos difundida hasta ahora: la de las células T.

Para ello, Microsoft está trabajando con Adaptive Biotechnologies, una firma de biotecnología con sede en Seattle (Washington), especializada en este campo. El valor de mercado de esta última ronda los 4.500 millones de euros. 

Su alianza tiene como objetivo principal entender mejor el comportamiento de las células T y contribuir a la lucha contra el virus. El papel de Microsoft se centra en procesar los miles de datos que se recaben vía machine learning, a través de su plataforma en la nube, Azure.

La tecnológica y la firma de Seattle empezaron a colaborar en 2018. Entonces, ya estudiaban las mismas células, pero en este caso para detectar otras muchas enfermedades, como la infección que proviene de las garrapatas, conocida como Lyme. En marzo, las dos compañías ampliaron su acuerdo al estudio del COVID-19.

Los anticuerpos han sido el centro de las investigaciones del COVID-19 

Los anticuerpos han sido los protagonistas durante la crisis sanitaria, acaparando la atención desde el inicio de la pandemia. Las proteínas que luchan para eliminar los virus han sido estudiadas por los científicos desde hace más de un siglo. De hecho, si se retrocede a la gripe de 1918, estas eran la clave del tratamiento. 

En las últimas tres décadas, los científicos han desarrollado métodos para reforzar los anticuerpos, para después clonarlos y reproducir los más sólidos a gran escala. Estos tratamientos se están desarrollando para tratar el coronavirus. Y se espera que se puedan probar en humanos este verano.

Los anticuerpos también han sido un foco en cuanto al diagnóstico. Los análisis serológicos, mediante la sangre, detectan la presencia de las sustancias que combaten las infecciones. Además, estos test son muy fiables. 

En cuanto a una vacuna para el coronavirus, los anticuerpos también son fundamentales. Los investigadores están intentando cuantificar en qué medida se necesitan estos para generar una respuesta al virus. Esta fórmula se puede usar para comprobar los avances de las vacunas experimentales, es decir, si son capaces de crear los suficientes anticuerpos.

Las células T también tienen un papel relevante en el COVID-19

Los anticuerpos son solo una parte de la respuesta inmune. Las células T también son esenciales para luchar contra las infecciones.

Estas son la primera respuesta a desconocidos invasores que acceden al cuerpo. Algunas de esas células pueden matar a otras infectadas y ayudar a la creación de anticuerpos, coordinando una respuesta al ataque del virus.

Mientras que la mayoría de estudios se están centrando en los anticuerpos, lo que ocurre con las células T es algo más desconocido.

Para entender mejor su papel, Microsoft y Adaptative han puesto en marcha un estudio con 1.000 personas en Estados Unidos. Este se encuentra todavía en una fase incipiente, aunque su objetivo es verificar cómo estas células se comportan en función de cada caso.

Ambas compañías están buscando enfermos de coronavirus, posibles contagiados y pacientes recuperados. Los especialistas acudirán a casa de los voluntarios a realizar los test.

El responsable médico de Adaptive, Lance Baldo, espera que los hallazgos ayuden a hacer mejores diagnósticos, tratamientos y vacunas para el COVID-19.

Desarrollar un tercer pilar de diagnóstico

"Lo que estamos haciendo es desarrollar un tercer pilar en el diagnóstico, centrado en las células T", ha explicado Baldo. 

Además, un test de este tipo podría complementar a los serológicos y, en concreto, ayudaría a identificar los resultados erróneos que se producen a veces. Todavía no está claro en qué medida los enfermos de coronavirus generan anticuerpos duraderos. Porque, si la respuesta inmunológica no es suficiente, un test basado en células T podría desvelar las causas. 

Estas células se usan, principalmente, en tratamientos de cáncer. Se conocen porque se pueden modificar genéticamente, de modo que los pacientes que padecen esta enfermedad pueda recuperarse con sus propias células mejoradas. 

Sin embargo, es pronto para saber si se podría conseguir algo así en un tratamiento para el COVID-19. Hay que tener en cuenta que ese tipo de terapias también entrañan riesgos y efectos secundarios. 

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En todo caso, las células T podrían contribuir en gran medida a encontrar una solución para el coronavirus. Baldo ha detallado que sus investigadores usarán los datos que se recaben para observar el deterioro de esas células, lo que ayuda a conocer la fecha en la que se contrae la enfermedad.

Otra de sus aplicaciones consiste en detectar a quienes generan una respuesta inmunológica demasiado agresiva. También, el objetivo es llegar a entender mejor por qué algunos pacientes tienen síntomas leves y, otros, muy graves. Los pacientes de la UCI tienen niveles significativamente bajos de células T, según estudios preliminares. 

Una célula T podría constituir un nivel más en la inmunidad 

Los reguladores de todo el mundo están barajando la posibilidad de crear pasaportes de inmunidad, que distingan el estado respecto de la enfermedad de cada persona. La idea es que quienes tengan anticuerpos pueden ir retomando la actividad. 

Con todo, hay dilemas éticos y científicos en cuanto a la propuesta. Por un lado, se desconoce el tiempo que dura la inmunidad y, por otro, esa idea podría incentivar a la gente a querer contagiarse, si ven que esa es la vía de poder circular libremente.

"La inmunidad es complicada porque realmente se necesita una exposición continuada para comprobar si efectivamente si se está protegido a la enfermedad", puntualiza Baldo. "Se puede afirmar que alguien es inmune, pero asegurarlo fehacientemente va a ser más complicado, de momento", añade. 

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Este experto tiene dudas sobre el pasaporte del coronavirus pero, sostiene que, para poner en marcha esa idea, es necesario que los países no realicen un único test, sino muchas pruebas serológicas y de células T. Es decir, las certificaciones deberían ser múlplies.

Baldo espera tener algunas conclusiones sobre el estudio de Adaptive Biotechnologies y Microsoft en junio. Las compañías se han comprometido a proporcionar esos datos a la comunidad científica y a investigadores. De momento, tienen 100 pacientes voluntarios de dos docenas de barrios en Estados Unidos. 

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