Los millennials querían ser padres mejores: ¿por qué sus hijos son pequeños monstruos?

  • Los millennials querían mejorar la crianza, pero los niños se portan peor que nunca. ¿Qué ha pasado para llegar hasta aquí?
  • Muchos parecen confundir el enfoque de tener en cuenta los sentimientos de los pequeños con permitir que esos sentimientos se impongan y dirijan su crianza. A veces, un niño necesita escuchar un 'no'.
Los padres 'millennials' se están rindiendo con la crianza respetuosa tras comprobar que falta mucha orientación o que directamente no funciona con sus hijos.
Los padres 'millennials' se están rindiendo con la crianza respetuosa tras comprobar que falta mucha orientación o que directamente no funciona con sus hijos.

Oxygen/Getty Images, Abanti Chowdhury/BusinessInsider

Kelli María Korducki,

| Traducido por: 

Mi primer contacto con la crianza respetuosa acabó con una buena vomitona.

Era 2007, el verano tras mi tercer año de universidad, y busqué trabajo de caguro. Mi nueva clienta me estaba explicando las rutinas de la cena y la hora de acostarse de sus dos hijos pequeños. Mientras subíamos por la escalera al segundo piso, el más pequeño de los dos (un bebé de 16 meses apoyado en la cadera de su madre) me clavó la mirada y hundió el dedo índice en el lateral de su otra mano.

"Es el lenguaje de signos de los bebés para decir 'más'", me explicó su madre, reconociendo que su hijo no dominaba la técnica. Pero a pesar de ello, me dijo que debía hacerle caso, ya que los bebés saben lo que necesitan aunque aún no puedan expresarlo hablando. Era importante respetar sus decisiones.

El niño acababa de comerse medio plátano. Siguiendo las instrucciones de la madre, fui a la cocina y volví con la otra mitad. El niño se lo comió rápidamente y repitió el mismo gesto, de modo que fui a por otro medio plátano y se lo di. Continuó haciendo ese mismo gesto, por lo que yo seguí dándole de comer, hasta que fue demasiado.

Para sorpresa de la madre, el niño vomitó los trozos de plátano por todas partes. "¡Dios mío!", se lamentaba mientras intentaba contener el chorro con su mano. "¿Cuántos plátanos le has dado a mi bebé?", siseó. Me había visto alimentarlo, pero no había calculado la cantidad de veces que su hijo había pedido más.

Yo era joven, no tenía dinero y estaba en deuda, así que tuve que tragarme mi orgullo. "No paraba de pedir 'más'", balbuceé. Después de ese incidente, me contrató durante casi un año. Y no fue ni mucho menos la única clienta que insistió en respetar las preferencias de sus hijos.

Me convertí en una canguro muy solicitada en Toronto y pude ver de primer mano cómo se imponía esta nueva forma de crianza. Poco a poco, los carritos se sustituían por canguros u otras formas de porteo para estar más cerca y más atentos a los bebés. A los niños con edad suficiente para desabrochar un sujetador de lactancia se les animaba a seguir mamando hasta que ellos quisieran. El lenguaje de signos para bebés pasó de ser una novedad a ser lo habitual. Y lo más sorprendente, es que muchos padres me prohibieron pronunciar la palabra "no" frente a sus hijos, y mucho menos si me dirigía a ellos.

Los padres se están dando cuenta de que este método, que consume mucho tiempo y energía, no da los resultados esperados

17 años después, la crianza respetuosa es ahora la norma entre mis compañeros millennials. Este enfoque ha sido llamado de muchas formas: paternidad intencional, paternidad consciente, crianza respetuosa o, en mis años de canguro, crianza con apego, cada una con su propia jerga y su propio referente (Doug Fields, Kristen Race, Janet Lansbury y el Dr. William Sears, respectivamente). 

A pesar de algunas diferencias en sus particularidades, todas están diseñadas para cambiar el anticuado "porque yo lo digo" de la crianza "autoritaria" por otro basado en la empatía y la negociación. Los padres respetuosos dan a sus hijos opciones y respetan sus deseos y necesidades. En lugar de castigar los malos comportamientos, tratan de validar los sentimientos de sus hijos y ayudarles a elaborar estrategias para gestionar su frustración, dejándoles aprender a través de las consecuencias naturales. En resumen, es una forma de educar muy distinta de la que la mayoría de los adultos de hoy en día recibieron de sus padres.

Los defensores de la crianza respetuosa afirman que fomenta el apego seguro, haciendo que los niños sean más seguros de sí mismos y más empáticos, afirmaciones que parecen respaldadas por la investigación en psicología del desarrollo. Pero en la práctica, la autoridad parental necesaria para que este enfoque funcione tiende a desaparecer. Con demasiada frecuencia, la crianza respetuosa da paso a la indulgencia o incluso al exceso de indulgencia, creando "niños iPad" frágiles y egocéntricos que no están preparados para superar las adversidades, y padres con una obsesión por complacer a sus hijos que acaba siendo negativo para ellos mismos y su entorno. 

Los profesores culpan a la crianza respetuosa del mal comportamiento en las aulas, lo que algunos creen que está acelerando la pérdida de la vocación de enseñar. Nuevas investigaciones, además, sugieren que este enfoque educacional promueve problemas de salud mental en los jóvenes.

Como resultado, este método se ha convertido en un concepto cargado de significado. Cada vez son más los padres que se dan cuenta de que requiere mucho tiempo y energía y no produce los resultados esperados, lo que ha llevado a algunos a tirar la toalla de una vez por todas. El boom de la crianza respetuosa empieza a parecerse cada vez más a una quiebra.

Muchos jóvenes de la generación Z afirman no sentirse cómodos con la idea de tener hijos por la incertidumbre sobre el futuro.

Aunque muchas de las prácticas asociadas a esta crianza son anteriores a la acuñación del término, se atribuye a la autora británica Sarah Ockwell-Smith el mérito de haber introducido la etiqueta gentle parenting, predominante en el mundo anglosajón. Su libro de 2016, The Gentle Parenting Book (El libro de la crianza respetuosa), presenta el método como uno que "abarca las necesidades de padres e hijos, a la vez que tiene en cuenta la ciencia y la psicología infantil actuales". Ockwell-Smith presenta su enfoque como un estilo mixto, que combina el escuchar las necesidades de los niños con la autoridad de los padres propia de tiempos pasados. Según los investigadores, ambas corrientes generan problemas a futuro, por lo que esta autora propone combinarlos.

En una entrada de blog de 2014, Ockwell-Smith resumió el enfoque como "criar teniendo en cuenta los sentimientos de tu hijo tanto como sea posible" y seguir teniéndolos en cuenta a la hora de decidir cómo reaccionar. "La clave es pensar: '¿Me gustaría que alguien me hiciera esto?' Si la respuesta es no, entonces ¿por qué se lo harías a tu hijo?", ejemplificaba.

Para algunos padres, la orientación es de sentido común. Abby, de 38 años y madre de dos hijos en un barrio acomodado de Milwaukee, Estados Unidos, afirma que se ha inclinado por un enfoque de crianza respetuosa e informada para corregir algunas de las imposiciones y expectativas de su propia educación. Abby, que ha pedido a Business Insider que no se publique su nombre real para proteger la intimidad de sus hijos, aprecia que el método pueda adaptarse a las distintas necesidades de desarrollo (sus dos hijos son autistas) y que no obligue a los niños a cumplir los siempre cambiantes criterios de éxito de la sociedad.

A otros les atrae la filosofía de cultivar la independencia y la confianza en uno mismo, en contraposición a la obediencia o la validación externa. Para Anna Monette Chilstedt, directora de marketing de 36 años en Boulder, Colorado, esto pasa por adoptar el enfoque RIE, que fomenta la dignidad del niño a través de la comunicación y respetando sus sentimientos. Es el método elegido para educar a su hija, ahora de 6 meses. "Quiero que tenga mucha confianza en sí misma y que sepa mantener su cuerpo a salvo, que conozca sus límites y que confíe en que cuidarán de ella. A partir de ahí, estará preparada para afrontar lo que la vida le depare", afirma Chilstedt.

Si el trabajo de un padre es ayudar a su hijo a gestionar sus sentimientos, ¿significa eso que cada emoción negativa tiene que convertirse en una conversación?

Mary Benedetti, trabajadora social y psicoterapeuta de Toronto que trabaja con niños y familias, explica que hay muchas apreciaciones que hacer a la crianza respetuosa. "Los consejos de crianza basados en la investigación sobre el apego, el trauma y la neurociencia son muy valiosos para los niños", defiende. Numerosas investigaciones relacionan los estilos de crianza como la respetuosa con los resultados psicosociales más favorables en los niños.

Donde algunos padres tienen problemas es en la aplicación del método. "Se necesitan límites claros, amables pero firmes", sostiene Benedetti. La crianza respetuosa solo funciona cuando existen normas básicas sobre qué comportamientos son aceptables y padres que apliquen consecuencias cuando se traspasan esos límites. No obstante, a veces se establecen directrices demasiado abiertas que no facilitan definir y cumplir con ciertos límites. Una multitud de expertos en crianza e influencers (como la "Dra. Becky" Kennedy de Instagram, además de un sinfín de TikTokers) aportan sus propias estrategias y consejos, lo que aumenta la confusión.

Si se pretende que un niño se sienta capacitado para tomar sus propias decisiones sobre cómo relacionarse con el mundo, ¿cuándo debe intervenir el adulto y decir que las decisiones del niño son erróneas, independientemente de si el niño considera que quiere seguir comiendo plátano? Y Si el trabajo de un padre es ayudar a su hijo a gestionar sus sentimientos, ¿significa eso que cada emoción negativa tiene que convertirse en una conversación? 

Estas son algunas de las preguntas a las que los padres respetuosos deben enfrentarse, a menudo sobre la marcha. Sin quererlo, algunos de ellos pueden caer en la permisividad y acabar con niños que se sienten autorizados a hacer de todo menos respetar a los demás.

Cuando una crianza respetuosa se desvía de su curso, puede ser perjudicial. Un estudio publicado recientemente en la revista The Journal of Pediatrics ha revelado que la tendencia durante décadas hacia una mayor participación de los padres (y, en concreto, la menor independencia infantil que puede derivarse de ella) coincide perfectamente con el aumento de las tasas de depresión y ansiedad en niños y adolescentes, que han alcanzado un nivel sin precedentes. 

Otra investigación vincula este método educacional con "altos niveles de agresividad, problemas de conducta antisocial y falta de autodisciplina". Estos atributos no solo son desagradables, sino que ponen en riesgo la capacidad del niño para establecer relaciones significativas, un factor clave para predecir el bienestar físico y psicológico a lo largo de la vida.

Anna Lussenburg, una intervencionista en comportamiento infantil de Calgary, Alberta, Canadá, conocida profesionalmente como "Annie la niñera", ha visto de primera mano los escollos de la crianza respetuosa. Muchos de sus clientes, dice, comenzaron con este método y ahora se enfrentan a niños que agujerean paredes, muerden y tienen rabietas a la menor provocación. Desde su punto de vista, no hay ningún misterio.

"Esta crianza se enfoca en ayudar a los niños a gestionar los 'grandes sentimientos', pero, ¿quién decide cuáles son grandes y cuáles no? Los sentimientos son sentimientos; tenemos todo tipo de sentimientos todo el día. Cuando nos centramos en los negativos, empezamos a sentirnos peor en vez de mejor", reflexiona Lussenburg.

Cuando la crianza respetuosa sale mal, todo el mundo toma nota

Hacer hincapié en los sentimientos de un niño puede magnificar problemas menores y, de hecho, pone al niño en el asiento del conductor cuando lo que realmente necesita es la orientación de un adulto. "Cuando dejas de hacer lo que sea que estés haciendo y dejas que tu día lo dicte su comportamiento, dejas de liderar, lo que hace que los niños se sientan muy incómodos. Buscas que ellos te digan que las cosas están bien, en lugar de que ellos te busquen a ti", afirma Lussenburg. 

Aunque la dinámica entre padres e hijos suele ser un asunto privado, sus implicaciones no lo son. Cuando los deseos inmediatos de un niño se convierten en la lente a través de la cual se espera que trate a los demás, y viceversa, ese marco se convierte en asunto de todos. Cuando la crianza respetuosa sale mal, todo el mundo toma nota.

A menudo, el debate sobre lo que constituye esta crianza se reduce a los valores sociales. ¿Deben primar los sentimientos de un niño sobre cómo perciben los demás las acciones de ese niño? ¿Quién debe responder por una alteración del orden público? ¿Dónde está la línea que separa a un niño que se siente capaz de defenderse a sí mismo de otro que simplemente tiene derecho? La investigación indica que se necesitan normas y consecuencias firmes. Pero cuando se trata de las particularidades de cómo criar a un niño día a día, el debate se centra más en el respeto.

Hay muchas razones sensatas y apropiadas por las que los niños se portan mal. Tal vez tengan hambre o estén cansados, o se sientan angustiados por frustraciones que son totalmente legítimas. Diferentes niños vienen equipados con diferentes herramientas de neurodesarrollo o circunstancias materiales que pueden facilitar o dificultar la autorregulación emocional o la modulación de su comportamiento. También se portan mal porque, sí, portarse mal es una parte normal del crecimiento. Aprender límites, ponerlos a prueba y ser un incordio ocasional forma parte del juego.

Pero hay una diferencia entre legitimar los sentimientos de un niño y dejar que esos sentimientos dirijan tu vida. Lo que la gente quiere no siempre es lo que necesita. A veces, el niño que pide su tercer plátano solo necesita que le digan "no".

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