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Un misterioso vendedor de vasos de plástico está comprando las Islas Caimán al por mayor: se va a gastar más de 1.900 millones de dólares

Islas Caimán.

getty/JodiJacobson

  • Kenneth Dart es uno de los hombres más odiados de los Estados Unidos, país donde nació y al que no puede volver.
  • Tiene una fortuna estimada de entre 50 y 60.000 millones de dólares fruto de sus empresas y especulación con fondos buitre.
  • Desde hace más de 20 años ha dedicado su principal actividad a comprar una por una las principales propiedades de las Islas Caimán tal y como desvela un reportaje de The New York Times.
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Ser considerado persona 'non grata' en Estados Unidos y "uno de los hombres más odiados" por el expresidente Bill Clinton no parece el mejor currículum para un empresario. Tampoco lo mejora el hecho de haber huido de su tierra natal, ser rechazado por la mayoría de países en los que ha residido, haber hundido la deuda pública de algún que otro Gobierno brasileño o haber sido apátrida (o expatriado, dependiendo de a quién se le pregunte) durante años. Y, a pesar de todo, Kenneth Dart (Michigan, 1955) rompe con este relato.

El magnate dueño de Dart Container, integrante de la lista Forbes 500, es el mayor exportador de vasos de café descartables y envases de plástico espumado del mundo, pero no han sido sus correrías con los productos reutilizables los que le ha granjeado tan mala fama. Dart es, además de un exitoso empresario, uno de los mayores especuladores a través de fondos buitre, un negocio que le ha granjeado una fortuna personal de casi 6.000 millones de dólares.

De unos años a esta parte, el protagonista de esta historia ha encontrado un nuevo nicho de negocio sobre el que proyectar su alargada sombra: la compra al por mayor de las Islas Caimán, donde reside desde hace años para evadir impuestos. Dart, es a día de hoy, el propietario y único accionista de Dart Real Estate, un entramado inmobiliario que lleva invertidos más de 1.500 millones de dólares en propiedades de Gran Caimán, la mayor isla del archipiélago, y tiene apalabrados otros 400 millones más según figura en su propia web. El objetivo: privatizar el espacio isleño con residencias de lujo, hoteles, urbanizaciones y playas privadas donde se le niega el acceso a los habitantes.

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No es el único negocio del magnate. Desde hace años el empresario también ha movido sus alargados hilos para controlar Camana Bay, construir un megarrascacielos de lujo (1.500 millones de dólares) y adquirir todos los clubes y hoteles repartidos por el territorio, fabricando un nuevo país bajo su talonario. Su influencia ha afectado también a la revalorización del suelo, que llega a cifras de hasta 4.000 dólares por metro cuadrado urbanizable.

Pero la mística del personaje no radica sólo en sus negocios. Desde que fue expulsado de Estados Unidos hace ya más de veinte años ha sido una auténtica quimera localizar al multimillonario, a quien nadie asegura haber visto merodeando las islas donde tiene su residencia fiscal. Su última aparición ante los medios fue en el año 1993, cuando una presunta vendetta de banqueros se saldó incendiando uno de sus pisos en Florida.

Tras el incidente en su chalé el magnate se hizo con el control del complejo hotelero West Indian Club, contenedor de la considerada "Mejor Playa del Caribe" por multitud de medios especializados (Seven Mile Beach). Dart descartó la idea de rentabilizar el espacio para convertirlo en un hotel de lujo y decidió convertirlo en su nueva casa. Fue entonces, hace ya más de 25 años, que renunció a las ciudadanía estadounidense, adquirió la irlandesa y se declaró habitante del paraíso fiscal de Belice. El motivo no era otro que evitar la clase de males que podían hacerle perder su imperio: el fisco.

El Gobierno de Belice, lejos de detener al multimillonario, intentó abrir un consulado en Florida precisamente en la zona donde habían prendido fuego a la antigua residencia de Dart, con él como cónsul, en un sorprendente giro de los acontecimientos que se saldó con un golpe de mano del (entonces) presidente Bill Clinton, que relató la historia en su blog personal:

"Es evidente que me negué. Era otra treta de Dart para eludir impuestos. Cuando renuncias a tu ciudadanía sólo se te permite estar en los Estados Unidos por un período limitado de tiempo antes de que te fiscalicen como residente, pero un diplomático extranjero puede quedarse todo el tiempo que quiera y, de paso, no se le puede cobrar impuestos", aclaraba el líder del Partido Demócrata.

La historia se saldaría con una nueva huida hacia delante, esta vez ya con el ojo puesto en las Islas Caimán. Kenneth Dart se trasladó en 1995 a su recién adquirido hotel para empezar a controlar las islas y evadir impuestos. El Congreso de los Estados Unidos, ya con la lección aprendida, aprobaría al año siguiente una ley inspirada en el propio magnate para castigar a todos los que pretendiesen evadir impuestos por medio de renunciar a su ciudadanía. A día de hoy tanto Dart como sus negocios están lejos de las competencias norteamericanas, pero todavía tiene prohibida su vuelta a casa.

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