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El multimillonario inversor Seth Klarman explica por qué los negocios tradicionales están desfasados (y cómo pueden actualizarse)

El CEO de Baupost Group, Seth Klarman. [RE]
El CEO de Baupost Group, Seth Klarman. Getty Images/ Scott Olson
  • El CEO de Baupost Group, Seth Klarman, pronunció un discurso en el que pedía alejarse de lo que considera tóxico a corto plazo.
  • Considera que esto se debe a la teoría de que los accionistas son lo primero, y cree que otras partes implicadas, como los empleados o la comunidad, deben ser tenidas en cuenta en aras del crecimiento a largo plazo.
  • Pide a las empresas que reconsideren sus modelos a medida que los cambios sociales se vuelvan cada vez más evidentes.
  • Este artículo es parte de la serie de Business Insider sobre Better Capitalism.

Seth Klarman, fundador y CEO del fondo de cobertura de 30.000 millones de dólares The Baupost Group, pronunció recientemente un discurso sobre las ramificaciones de que los accionistas sean siempre lo primero.

"Las escuelas de negocios a veces han enseñado que la maximización del valor de los accionistas es el Santo Grial, el único enfoque apropiado de las administraciones corporativas", sostenía. "Entonces, yo me pregunto: ¿deberían las gerencias centrarse únicamente en el precio de las acciones de una empresa, que en sí misma es efímera, y hacer todo lo que esté a su alcance para aumentarlo? ¿Qué beneficio a largo plazo podría conseguirse con esto? ¿Y alguien realmente cree que los accionistas son lo único que importa: no los clientes, ni los empleados, ni la comunidad, ni el país, ni la Tierra?

Klarman ofreció el discurso en una cena que celebraba la apertura de la Sala Klarman en la Escuela de Negocios de Harvard el pasado 1 de octubre.

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Klarman declara ser un inversor en valores al alza, lo que significa que su enfoque para administrar el dinero implica la compra de acciones de compañías que cree que son baratas en relación con sus pares. Es una filosofía empleada por otros pesos pesados ​​de la industria, como Warren Buffett y Joel Greenblatt, quien es el director general y responsable de inversiones de Gotham Funds.

Tiene sentido, entonces, que esté a favor de un enfoque que cree en el valor a largo plazo. Pero en su discurso declaró que la noción de que los accionistas son siempre lo primero, como se ha llevado a la práctica durante los últimos 40 años, es un impedimento para la salud de la economía y la sociedad en general.

"Una economía capitalista debe ser juzgada no solo por la mejora económica global impulsada por la innovación, sino también por el diseño y la fortaleza de la red de seguridad social que protege a los enfermos o desfavorecidos, o a aquellos que simplemente no prosperan en su entorno particular", explicaba Klarman.

¿Cuál es el papel de los negocios en la sociedad?

El debate sobre perseguir el beneficio a corto o largo plazo, y cómo se relaciona esto con las responsabilidades de las corporaciones públicas, se ha desarrollado a lo largo de muchas décadas.

A raíz de la Gran Depresión, el economista John Maynard Keynes escribió en La teoría general del empleo, los intereses y el dinero que el mercado de valores estadounidense alentaba a las empresas públicas a priorizar las ganancias a corto plazo sobre los beneficios a largo plazo, que benefician tanto a la empresa como a la sociedad en su conjunto. Esto frustraba a Keynes y a los keynesianos que le siguieron.

Pero, para los economistas más liberales como Milton Friedman —quien publicó Capitalismo y libertad en 1962—, no había necesidad de diferenciar entre el corto y el largo plazo. Para Friedman, la única responsabilidad social de una empresa era obtener el mayor beneficio posible, siempre y cuando siguiera las reglas. Un mercado libre recompensaría a las mejores empresas, que se ocuparían de todas las partes involucradas.

Los ejecutivos y políticos estadounidenses adoptaron las ideas de Friedman en la década de 1980 y los precedentes judiciales en Estados Unidos consolidaron la idea de que las empresas públicas existían para maximizar las ganancias de sus accionistas.

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Este debate se reanudó nuevamente, sin embargo, durante la recuperación de la crisis financiera de 2008; y, esta vez, la teoría keynesiana tiene más impulso. Klarman no es el único multimillonario que pide un cambio.

En 2013, el inversor Paul Tudor Jones, por ejemplo, cofundó Just Capital, que mide el valor de las empresas públicas para todas las partes interesadas, no solo los accionistas. Lanzó un fondo negociado en bolsa junto con Goldman Sachs a principios de este año. En el lado corporativo, las compañías más grandes, como el gigante de la alimentación Danone, están buscando el estatus de B Corp (la "B" significa "beneficio"); esta certificación demuestra que recibe altas puntuaciones de la empresa B Lab, fundada en 2006 y que mide el beneficio social de una empresa.

Y, en particular, el pasado enero el CEO de BlackRock, Larry Fink, escribió en su carta anual a los directores ejecutivos que "para prosperar con el tiempo, toda empresa no solo debe ofrecer un rendimiento financiero, sino también mostrar cómo contribuye de manera positiva a la sociedad".

En la DealBook Conference del New York Times del pasado octubre octubre, Fink se defendió contra las acusaciones de los críticos, como el columnista del Wall Street Journal Holman W. Jenkins Jr., de que estaba intentando ganar notoriedad. Tal y como lo expresó Fink entonces, la exigencia tanto de clientes como empleados de empresas con una motivación se ha vuelto tan fuerte que había escrito la carta como una forma de mejorar la situación.

Existen evidencias de que esto es algo más que mera intuición. Boston Consulting Group descubrió que las compañías que persiguen iniciativas que benefician las métricas de ESG (ambiental, social, de gobierno) en realidad aumentan sus resultados. Fink explicaba que en un futuro cercano, incluso en los próximos cinco años, todos los inversores medirán el valor de una compañía a lo largo con las métricas ESG.

La propuesta de Klarman

Si bien Klarman pidió un cambio en el capitalismo en su discurso, en ningún momento consideró que sus sugerencias fueran drásticas.

Mencionó específicamente la Ley de Capitalismo Responsable de la Senadora Elizabeth Warren como algo que él encuentra demasiado radical. La propuesta de Warren requeriría que las empresas públicas de miles de millones de dólares obtengan una carta federal que los obligue a crear un valor para las partes interesadas más allá de los accionistas, además de que el 40% de los miembros de su junta directiva sean elegidos por los empleados.

De la forma en que lo ve, las empresas deben determinar cómo crecerán de manera más responsable antes de que los reguladores decidan por ellas.

Señaló que "cuando el capitalismo no se controla ni se analiza y la administración se ve seducida por una perspectiva estrecha y miope, el péndulo puede girar rápidamente en direcciones donde no se cuentan los beneficios del capitalismo y se exageran sus carencias, lo que deja su futuro aún más nublado e incierto".

"Si bien es difícil ver cómo esta regulación propuesta resolvería los problemas que he planteado esta noche, es exactamente el tipo de propuesta con la que las empresas tendrán que lidiar cuando los problemas complejos no se examinen, y cuando el carácter, los valores razonables, la moderación y el pensamiento a largo plazo no logren sacar provecho".

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