Netflix ya se parece más a un estudio de Hollywood que a una tecnológica de Silicon Valley, según los expertos

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No es ningún secreto que 2022 no está siendo un buen año para Netflix. Más bien, 2022 ha marcado un punto de inflexión para el gigante del streaming capitaneado por Reed Hastings: ha perdido cerca de un millón de suscriptores en el segundo trimestre del año y sus acciones llegaron a acumular una depreciación bursátil del 72%. Desde 2011 no perdía usuarios.

Ante estos resultados, mejores de lo esperado —se preveía una caída del doble de suscriptores—, Eric Sheridan, analista de Goldman Sachs, afirmó que la compañía sigue "atascada en una fase de normalización de las cifras de crecimiento pospandemia mientras se enfrenta a un evidente aumento de la competencia". 

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Sin embargo, sus luchas recientes no tienen por qué ser el principio de una caída al precipicio ni el principio del fin para la plataforma de entretenimiento, sino un indicador de la transformación de Netflix en una empresa de medios más tradicional, como señala una experta en Estrategia a CNN.

Netflix se valoró originalmente como una gran empresa tecnológica, parte del acrónimo de Wall Street, FAANG, que significaba Facebook (FB), Apple (AAPL), Amazon (AMZN), Netflix y Google (GOOG). La compañía llegó a valer más de 300.000 millones de dólares (294.000 millones de euros), tal como recoge Estrategias de Inversión.

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Julia Alexander, directora de Estrategia en Parrot Analytics, advierte a CNN Business sobre la sobrevaloración de Netflix, apuntando que, a diferencia de las tecnológicas más diversificadas, "Netflix no tiene muchos tentáculos". 

Para su vertiginoso crecimiento de usuarios se basó en tener películas, series y programas que el público quería ver y por los que estaba dispuesto a pagar: "Más como un estudio en Hollywood que una empresa de tecnología de Silicon Valley".

Desde su punto de vista, a medida que las compañías de medios tradicionales como Disney, Comcast, Paramount o Warner Bros empezaron a asemejarse más a Netflix, esta empezó a adoptar estrategias de la vieja escuela, como dosificar lanzamientos por episodios en lugar de apostar todo al binge watching y los maratones o introducir anuncios publicitarios en la plataforma.

Para su negocio publicitario, la compañía se ha asociado con Microsoft: los anuncios llegarán a los planes de suscripción más baratos en 2023 e implicarán que no todo el catálogo esté disponible para esos planes. 

El próximo ejercicio también se acabará lo de compartir contraseñas de Netflix a diestro y siniestro: habrá un cargo adicional para quienes comparten credenciales y no viven en la misma casa, como se probó el pasado mes de marzo en Chile, Costa Rica y Perú. 

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“Creo que, en muchos sentidos, los movimientos que está haciendo Netflix sugieren una transición de una empresa de tecnología a una empresa de medios”, subraya también a CNN Business Andrew Hare, vicepresidente senior de Investigación de Magid. 

"Con la introducción de anuncios, medidas enérgicas contra el uso compartido de contraseñas, programas destacados como Stranger Things que experimentan con un lanzamiento escalonado, vemos que Netflix se parece más a una compañía de medios tradicional como las que vemos todos los días", concluye. 

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Con estos movimientos, Netflix ha fulminado su sacrosanta estrategia comercial. "Una vez, Netflix obligó a Hollywood a salir profundamente de su zona de confort, trayendo el streaming a las salas de estar estadounidenses", detalla. No obstante, ahora recurre a las prácticas más convencionales para salvarse y repuntar.

Por otro lado, estos movimientos estratégicos también corresponden al paso como empresa a una fase más madura, centrada también en el flujo de efectivo y en los ingresos en lugar de focalizarse solo el crecimiento. "En otras palabras, negocios de la vieja escuela", señala Hare.

En la actualidad, la plataforma de streaming cuenta con 220,7 millones de suscriptores en todo el mundo.

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