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Ni el avión ni el coche privado, ningún medio de transporte está libre de riesgos ante coronavirus

Azafatas avión
Tripulantes de cabina de pasajeros sirven agua en un vuelo de Bamboo Airway en Vietnam. REUTERS/Kham

  • La gente quiere volver a viajar, pero ningún medio de transporte está libre de riesgos ante la pandemia.
  • "Para cualquier actividad que implique salir de tu casa, puedes medir ese riesgo de acuerdo a cuánto contacto tengas con otras personas", precisa Jared Baeten, vicedecano de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Washington.
  • Las empresas planean añadir más vuelos a sus programas, y compañías como Boeing y Airbus ya se están asociando con ingenieros, expertos médicos e investigadores académicos para determinar el riesgo de transmisión de enfermedades en los vuelos.
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Después de varios meses confinados, con millones de contagiados a las espaldas y el sistema puesto contra las cuerdas a causa del coronavirus, parece que la situación empieza a mejorar.

Aunque empieza a verse optimismo, es impepinable que la pandemia está lejos de haber terminado y el lugar más seguro en el que puedes estar es en tu casa y saliendo lo justo. Todavía hay miedo e incertidumbre de cara a la vuelta a la (nueva) normalidad, sí, pero entre la ciudadanía vuelven a aflorar los planes de futuro y, claro, de viajes fuera de su confinamiento

Esto también genera preocupaciones. En el limbo actual, los trabajadores presenciales siguen encontrándose de frente con una infraestructura de transportes públicos que, por muy bien que se gestione, no puede garantizar la salud de sus miles —a veces millones— de pasajeros diarios; qué decir de viajes privados de larga distancia allá donde todavía se permiten, como en Estados Unidos. Sea como sea, cada cual debe evaluar los riesgos no sólo a la hora de viajar, sino de realizar cualquier tipo de actividad.

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"Hay que pensar que el riesgo es continuo y valorar el equilibrio a la hora de hacer cualquier actividad", menciona a Julia Marcus, epidemióloga de enfermedades infecciosas de la Universidad de Harvard, sobre cómo sopesar los riesgos al salir de casa.

La misma premisa se aplica al transporte, ya sea como parte del viaje diario de una persona o de sus vacaciones planeadas: hasta que se desarrolle una vacuna y se distribuya ampliamente no habrá una respuesta clara sobre cuándo será seguro coger un avión, esperar el metro o entrar en un autobús, al menos en un sentido pre-pandemia. Hay riesgos inherentes con cualquier medio de transporte, especialmente si involucra a desconocidos, pero una correcta evaluación de riesgos para uno mismo y sus acompañantes podrá hacer cualquier experiencia lo más segura posible.

Pensemos en los más conocidos, no por ello menos importantes: lavarse las manos, no tocarse la cara, usar mascarillas y evitar el contacto. En un mundo ideal todos los ciudadanos cumplirían estas premisas, pero es difícil pensar que en un avión con más de 50 pasajeros no haya por lo menos uno que obvie estas recomendaciones. Ni que decir tiene que precisamente en este avión tampoco es que sea fácil mantener una distancia mínima con el pasajero del asiento de al lado. Muchos riesgos.

Viajeros chinos en una estación de tren
Reuters

"Para cualquier actividad que implique salir de tu casa, puedes medir ese riesgo de acuerdo a cuánto contacto tengas con otras personas", precisa Jared Baeten, vicedecano de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Washington. Si se tiene que viajar, la mejor opción sería interactuar sólo con las personas del círculo cercano, por lo que un viaje en coche podría ser una de las opciones más seguras, si se tiene acceso a un vehículo.

Esto, inevitablemente, habla en contra del transporte público.

Conste que no significa que los viajeros deban evitar por completo estas redes, que entre otras cosas son mucho más seguras ahora que en marzo, por ejemplo, pero sí requiere mayor preparación según los expertos. Se trata de simples elecciones como esperar a un vagón de metro más vacío, elegir un horario de viaje más temprano para evitar la hora punta o cambiar el trayecto para coincidir con menos gente.

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A gran escala, las grandes redes de transporte están cada vez más capacitadas para garantizar la higiene constante y la responsabilidad recae principalmente en el que se sienta a tu lado. Con precaución y bajo varias premisas, el transporte público es seguro.

Pero para asegurarse de ello es necesario hacer un breve examen sobre él. Si sabes que en el metro puedes mantener la distancia con la gente pero que la ventilación no funciona bien, depende de ti lo que te la quieras jugar.

Este riesgo se transmite también incluso a los coches privados. Un viaje en solitario por carretera puede parecer el método de transporte más seguro posible, pero si el conductor decide parar a comer en un restaurante, hace múltiples paradas, interactúa con gente o va a reponer gasolina, el riesgo aumenta. 

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Los expertos de la industria creen que, en un futuro próximo, los viajeros se inclinarán hacia destinos de viaje más cercanos; concretamente a los que se pueda acceder en coche. Los datos de la agencia de viajes y el motor de búsqueda Skyscanner aseguran que, en el caso de los EEUU, los datos de alquiler de coches subirán como la espuma precisamente por la predilección de los viajes cercanos, pero es de esperar que los aeropuertos muevan ficha y se vuelvan puertos lo más seguros posibles, dentro de lo que cabe.

"Lo que hay que hacer, si se quiere que viajar, es preguntarse 'cómo puedo limitar mi exposición lo máximo posible'", comenta Baeten. Y no se trata sólo del viaje en sí, sino de, por ejemplo, el lugar de alojamiento durante unas vacaciones, la seguridad en un aeropuerto o el número de personas que vayan a coincidir en un mismo lugar, entre muchas otras consideraciones.

Todavía no se sabe si la confianza del público en el transporte aéreo seguirá mejorando. Encuestas recientes han reportado datos contradictorios y una amplia gama de opiniones sobre cuándo la población estará lista para volar de nuevo.

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Esta incertidumbre también ha sesgado la percepción sobre lo que es seguro y lo que no, ya que las personas se sienten más cómodas volando que con cualquier otro medio de transporte (sin contar el ya mencionado coche propio). Para los encuestados estadounidenses, el 51% asegura que preferiría volar en lugar de compartir un viaje, tomar el transporte público, cenar en restaurantes o alojarse en un hotel.

Es significativo, ya que parece que la industria de las aerolíneas tiene esperanzas de recuperación, después de semanas de disminución de la demanda. Las empresas planean añadir más vuelos a sus programas, y compañías como Boeing y Airbus ya se están asociando con ingenieros, expertos médicos e investigadores académicos para determinar el riesgo de transmisión de enfermedades en los vuelos. 

En un artículo de opinión para el Washington Post, Joseph Allen, profesor adjunto de ciencias de evaluación de la exposición en la Escuela de Salud Pública T.H. Chan de Harvard, asegura que la gente "no se enferma en los aviones más que en cualquier otro lugar". En cambio, es la experiencia de viaje en general, las líneas llenas de gente y las superficies compartidas con otras personas lo que supone un mayor riesgo.

Tres turistas con mascarillas se sacan fotos durante el brote de coronavirus.
Tres turistas con mascarillas se sacan fotos durante el brote de coronavirus.

REUTERS/Edgar Su

"El punto de mi artículo es que la tasa de cambio aéreo es muy alta [en los aviones]", precisa el autor. "El aire pasa por filtros HEPA que capturan el 99,97% de las partículas del flujo de aire, y el aire sólo se mueve dentro de tu fila de asientos; como mucho una o dos filas más allá".

Según Allen, si las compañías aéreas exigen a los pasajeros que lleven mascarilla y se separen adecuadamente, estas medidas reducirán aún más el riesgo de transmisión durante un vuelo. Sin embargo, los expertos han advertido que, incluso con una ventilación de aire adecuada, sigue siendo igual de importante mantener la distancia con otras personas. 

"Un avión que está abarrotado, donde nadie lleva mascarilla, es un escenario completamente diferente al que se da cuando la gente se toma la temperatura antes de embarcar, se dispersa y lleva equipos de protección", relata Baeten.

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Los aeropuertos y las aerolíneas deberían tomar mayores precauciones para dispersar a los pasajeros y sanear los espacios comunes, además de vigilar la ventilación. "Cuando se está entrando en el avión... el aire se siente un poco cargado y caliente porque el avión aún no está sacando aire a través de los motores", menciona. 

En un mundo perfecto, las empresas se adherirán a estas normas, pero muchos pasajeros han descubierto por las malas que esto no siempre funciona así. Aunque es tentador bajar la guardia y favorecer al comercio, los expertos advierten que se debe estar alerta y preparados para una segunda ola.

Aun así, es difícil convencer a todo el mundo de que permanezca en casa durante un período de tiempo prolongado. En esta precaria "nueva normalidad", tanto viajeros y como personas que se desplazan al trabajo tienen que valorar su propia exposición al riesgo y tener en cuenta la adopción de precauciones adicionales para garantizar no sólo su seguridad, sino la de su familia y la de los miembros de la comunidad.

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