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El problema de los niños y el uso de los móviles no es el cuánto, es el cómo

Móviles en los niños
Pixabay

Los niños nacen con un teléfono móvil debajo del brazo. Parafraseando el popular dicho y trasladándolo a los tiempos actuales, nos encontramos con que los más pequeños de la casa son unos auténticos nativos digitales.

Esta predisposición con respecto a la tecnología hace que sepan utilizar los dispositivos móviles mucho mejor que los adultos, a pesar de su corta edad. Pero, ¿dónde está el límite en el uso de los móviles entre los niños?

¿Es un peligro que los niños usen el teléfono móvil? Por un lado, tenemos que los smartphones son herramientas que favorecen y refuerzan su desarrollo y su aprendizaje. Mientras que por el otro lado, puede darse la situación de que los más pequeños pasen todo el día pegados a una pantalla.

Sin ir más lejos, hace unos días se pidió a Apple un plan contra la adicción de los niños a los móviles. Como en cualquier situación, un abuso de la misma hace que comiencen a surgir los problemas.

En este caso, el papel de los padres regulando el uso de los smartphones es fundamental: de ahí la importancia y las funciones que ofrecen los programas de control parental. Hasta ahora, el foco de atención estaba centrado en cuánto tiempo deben estar los niños con los móviles. Sin embargo, estudios recientes comienzan a señalar que este planteamiento no es correcto. Para ello sugieren que es mejor estudiar cómo interactúan los menores con los smartphones.

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Los investigadores y académicos están cambiando la percepción que tienen de las pantallas (móviles, tablets, ordenadores...) y de su impacto en el desarrollo de los más pequeños. Están dejando de verlas como dispositivos a los que están expuestos los más pequeños, para empezar a considerarlas como una herramienta de aprendizaje más.

Este cambio de visión no quiere decir que ahora se ve con buenos ojos que los niños estén todo el día con estos dispositivos en la mano, sino que en lugar de valorar tanto el tiempo lo que se está priorizando ahora es el uso que hacen los pequeños de los móviles.

Con esta nueva visión propuesta por académicos británicos y secundada por sus colegas estadounidenses, tal y como recoge The Wall Street Journal, la clave está en mentalizarnos a diferenciar en dos grandes grupos el uso que hacen los niños de las nuevas tecnologías: el "uso pasivo", que simplemente consiste en consumir contenidos (ver vídeos de YouTube, por ejemplo), y el "uso activo", en el que entran tanto las tareas más creativas como los juegos certificados por el control parental.

La denominación de "sujeto pasivo" seguramente te recuerde a las recomendaciones sobre el tiempo que han de pasar los más pequeños de la casa viendo la televisión, y de los peligros de que un abuso de la misma les convierta en "zombies", les genere problemas de vista o problemas relacionados con el lenguaje.

A diferencia de los televisores, los móviles cuentan con el añadido de que ellos mismos pueden producir contenido. Al tratarse de dispositivos interactivos cuentan con una amplia gama de experiencias desde chats de vídeo al ser dispositivos interactivos. Esto quiere decir que ofrecen oportunidades de "aprendizaje extraordinario", tal y como señalan en el estudio.

Eso sí, fomentar el uso de los móviles en los más pequeños no es para nada incompatible con incentivar también a los niños a que dediquen tiempo a realizar otras actividades como hacer deporte o jugar con sus amigos. Al final, de lo que se trata es tanto de no poner barreras al tiempo que pasan los niños con el móvil, sino de asegurarnos como padres de que hacen un uso responsable de la tecnología.

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