El pánico se apodera de las bolsas: por qué la historia demuestra que no hay que vender cuando todo se viene abajo

Trader en Wall Street lamentándose de las cotizaciones.
Foto del redactor Héctor Chamizo
  • La historia demuestra que una corrección d entre el 10% y el 20% suele ir acompañada después de importantes subidas en Wall Street.
  • Los expertos aconsejan no vender en estos momentos para no perderse las subidas posteriores.
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Las bolsas están viviendo en sus propias carnes el miedo derivado de los excesos vividos en, prácticamente, los últimos 2 años.

La pandemia arrastró a los mercados a un clima de incertidumbre, que más tarde se reajustó con los nuevos máximos históricos en Wall Street. El S&P 500 llegó a despegar más de un 106% desde mínimos, mientras que el Nasdaq cuajó una rentabilidad de más de un 136%. El miedo se disipó.

En las últimas semanas, el temor al impacto de la subida de los tipos de interés con una inflación que no cesa en su empuje ha volteado la escena por completo. Los principales índices han entrado en un proceso correctivo que ha generado en muchos inversores una sensación de pánico.

Las correcciones de la bolsa se traducen en que la media de las acciones cotizadas cede entre un 10% y 20% desde sus máximos recientes. Reflejan una sensación de miedo

¿Está justificado el terror que sienten en sus propias carnes algunos operadores? En algunos casos, no. Y basta con ver la estadística. La mayoría de las veces los mercados se recuperan con velocidad. 

De hecho, según publica Money centrándose en los datos de LPL Financial, por cada vez que el S&P 500 ha caído al menos un 10% desde 1980, el índice ha subido un año después el 90% de las veces y un 25% de media.

"La volatilidad es normal", dice Ryan Detrick, estratega jefe de mercado de LPL Financial. "Aunque esto a veces sea incómodo, tienes que pagar para jugar", asegura el experto a la publicación estadounidense.

El ejemplo de las correcciones anteriores como principal referencia

Cuando la bolsa cae, el valor de las carteras se reduce significativamente. Ahí es tentador preguntarte si deberías vender. Es algo comprensible, es cierto. Pero lo más probable es que no sea la mejor estrategia a llevar a cabo. Especialmente, atendiendo a los datos anteriores. 

En su lugar, tal vez habría que preguntarse: “¿Por qué no vender?"

La respuesta es simple: no hay que asustarse. Las ventas de pánico suelen ser la reacción visceral de las personas cuando las acciones se desploman y hay una caída drástica en las carteras de cada uno. 

“Por eso es importante conocer de antemano tu tolerancia al riesgo y cómo te afectarán las fluctuaciones de precios o la volatilidad”, comenta Alfredo Rodríguez, analista independiente, a Business Insider España

También, puede mitigar el riesgo de mercado cubriendo tu cartera a través de la diversificación, manteniendo una variedad de inversiones, incluidas algunas que tienen un bajo grado de correlación con el mercado de valores.

A veces, los rendimientos uno o 2 años después de una corrección son bastante significativos.

Por ejemplo, después de que las acciones tocasen fondo en 2009, el S&P 500, el índice de referencia de Wall Street que se utiliza para medir el comportamiento general de la bolsa subió un 68,6% un año después, y un total de 95,4% 2 años después de ese mínimo. 

Mientras, la rentabilidad a un año tras el colapso del marzo en 2020 fue del 74,8%.

“Esta es la razón por la que realmente no quieres entrar en pánico vendiendo”, dice Detrick en la publicación estadounidense. 

Por supuesto, es tentador: en marzo de 2020, los inversores se apresuraron a dejar su liquidez al margen, sacando 326.000 millones de los fondos de inversión y los ETF, tal y como se observa en los datos de Morningstar. 

Esto evidencia, apunta Rodríguez, que “invertir te ayuda a salvaguardar el dinero para tu jubilación, a usar tus ahorros de la manera más eficiente y a aumentar tu riqueza a través de la magia de la capitalización”. 

¿Por qué, entonces, más del 70% de los españoles no invierte en la bolsa? La razón es la falta de confianza en el mercado debido a la crisis financiera del 2008 y la considerable volatilidad del mercado en otros momentos. 

Además, aquellos que no tienen suficientes ahorros para sobrevivir cada mes generalmente tampoco tienen capital que destinar a la inversión.

Los inversores a largo plazo saben que el mercado y la economía se recuperarán eventualmente, y que deben estar posicionados para aprovecharse de ese rebote. 

Durante la crisis financiera de 2008, la bolsa, efectivamente, se desplomó y muchos inversores vendieron sus acciones. Sin embargo, el mercado tocó fondo en marzo de 2009 y superó sus niveles anteriores con holgura. 

Los que vendieron ante el pánico pueden haberse perdido la subida del mercado, mientras que los inversores a largo plazo que permanecieron en la bolsa finalmente se recuperaron y les fue mejor a lo largo de los años.

“En lugar de entrar en pánico y vender en pérdidas ante una corrección, es mejor adoptar una estrategia con la que cubrir tu cartera y diversificar”, apunta Rodríguez

El peligro está en que, si retiras tu capital invertido en un mal día, ese dinero también podría perderse las mejores sesiones del mercado.

Un inversor que se perdió los 10 mejores días de la bolsa entre 2001 y 2020 habría reducido sus rendimientos en más de la mitad, según la Guía para la jubilación 2021 de JPMorgan Asset Management.

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