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Los detractores de los patinetes en las ciudades quizás se estén fijando en el enemigo equivocado, según una experta en movilidad

Patinetes eléctricos compartidos
Patinetes eléctricos compartidos Lime caídos en una calle de París. REUTERS/Christian Hartmann
  • Los patinetes eléctricos compartidos han generado una ola de rechazo a su llegada a muchas ciudades: hay quien los hace caer al suelo, quien los mueve a la calzada y quien simplemente protesta por la ocupación del espacio público que suponen.
  • Sin embargo, una experta en movilidad apunta algo que los más críticos no suelen tener en cuenta, y es que otro vehículo ocupa más espacio. Son las motos eléctricas compartidas.
  • Las motos eléctricas compartidas suponen una "ocupación masiva" del espacio público, opina, no necesitan licencias ni suelen pagar ninguna tasa para desembarcar en la mayoría de las ciudades del país, y causan accidentes y ruido.
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Un vídeo muestra a un anciano acercándose a una fila de patinetes eléctricos compartidos, en la acera de una calle de Madrid o Barcelona. Alguien lo graba mientras agarra uno de ellos, lo empuja hacia el resto y todos caen como fichas de dominó. El vídeo se hace viral y muchos aprovechan para aplaudir el gesto: los patinetes no deberían invadir las aceras, mantienen. "Son una plaga", aseguran.

Pero no son los únicos que ocupan las aceras.

Por eso, una experta advierte de que el verdadero problema relativo a la ocupación del espacio público por parte de empresas de movilidad que llenan zonas originalmente destinadas al peatón y no se regulan mediante licencias o tasas de aparcamiento viene de otro vehículo que no son los patinetes, sino las motos eléctricas compartidas.

"Al patinete le pedimos 1.001 soluciones cuando a la moto no le hemos pedido nada", señala la técnica de movilidad del Área Metropolitana de Barcelona (AMB) Silvia Casorrán, en conversación con Business Insider España.

"Y además, causan accidentes [lo avala un estudio recientemente publicado] y ruido", frente a los patinetes, recuerda, siendo ambos un negocio lucrativo.

Control sobre el número de patinetes desplegados y no sobre las motos

En España, ninguna ciudad ha exigido ninguna licencia a las empresas de motos eléctricas compartidas para desplegar en las calles, mientras que sí ha sido así con los patinetes en Madrid, que solo podían operar si recibían una autorización tras un concurso llevado a cabo por el exconsistorio de Manuela Carmena, e incluso no se les ha permitido desplegar en otras.

Es el caso de Barcelona, donde no se les permite operar porque así lo establece la ordenanza municipal, aunque ahora la ciudad ha abierto un periodo para gestionar licencias de ambos.

Lo que Casorrán critica es que, en cuanto a su ocupación del espacio (lo que más afecta, y parece que molesta al peatón), las dos mayores ciudades españolas permiten a las motos aparcar en las aceras (siempre que se cumplen una serie de condiciones, como que tengan más de tres metros de ancho), siendo vehículos mayores que los patinetes, pero se regula solo el despliegue de los segundos.

Además, en Barcelona las motos compartidas llevan años operando, y hoy día hay como mínimo 4.500 motos de este tipo en las calles de la ciudad, según datos de este verano.

Leer más: Las empresas de patinetes llevan meses alardeando de que están ayudando a reducir el uso del vehículo privado, pero ninguna se basa en estudios rigurosos

En Madrid, las cifras de las empresas sugieren que hay más patinetes que motos desplegados, pero es complicado establecer una comparación fiable dado el enorme número de empresas de patinetes presentes en la ciudad, y el Ayuntamiento no ha contestado a las peticiones de Business Insider al respecto. 

Eso sí, hace unos meses se publicaba que la ciudad ostentaba el segundo puesto de urbe europea con más motos compartidas, según El Confidencial.

La mayor parte de la población no se mueve en coche ni moto, pero la mayor parte de las calles está dedicada a esos vehículos

Casorrán comenta con Business Insider el uso del espacio público y cuánto queda para el peatón que no recurre al transporte privado en su día a día.

"En Barcelona el 70% del espacio público está ocupado por vehículos de motor que ocupan la calzada", indica, "pero además las aceras están ocupadas por motos, terrazas... que ponen más presión en este espacio limitado".

(Los bares y restaurantes sí que pagan una licencia por el uso del espacio público).

"Y el 25% de la población de Barcelona se mueve en coche o moto, así que quizá es injusto que se esté dedicando tanto espacio a ellos... y encerrando al peatón entre fachadas".

Aunque eso da para otro artículo.

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