Los peces gordos de Wall Street están mintiendo a todos sobre China, y los inversores podrían terminar quemándose

Wall Street ve que se puede ganar dinero en China y está dispuesto a ignorar las señales de alerta económicas y políticas que surjan en el camino.
Wall Street ve que se puede ganar dinero en China y está dispuesto a ignorar las señales de alerta económicas y políticas que surjan en el camino.

Marianne Ayala/Insider

  • A pesar de lo que digan las manos fuertes de Wall Street, conviene tener cuidado con las inversiones en China.
  • El control que ejerce el Gobierno chino sobre el sector privado de su país es, sin duda, un riesgo a tener en cuenta.
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Ten cuidado cuando escuches a los peces gordos de Wall Street hablar sobre China.

Los más influyentes quieren que pienses que China, el segundo país más grande en el universo de inversiones, sigue siendo un gran lugar para invertir tu dinero. No importa que se haya convertido en un lugar mucho más peligroso para los inversores durante el año pasado, ya que el presidente Xi Jinping ha comenzado a "destripar" industrias enteras y limitar drásticamente las libertades económicas y sociales. Resulta que incluso los titanes más poderosos de Wall Street tienen que evitar disgustar a Pekín si quieren hacer negocios, y ganar miles de millones, en China. Esto quiere decir que las críticas a Xi están fuera de la mesa.

"Mientras haya una ventaja de tener Sequoia y Blackstone en China, habrá mucha gente que diga que es un gran lugar para invertir", indica Anne Stevenson-Yang, fundadora del fondo de inversión J Capital Research, empresa enfocada en China.

Lo que debes comprender es esto: todos en Wall Street barren para casa. 

Esto significa que hablan públicamente de forma que beneficie sus propios intereses y resultados. A principios de la década de los 2000, los bancos y las empresas de inversión de Wall Street, deseosos de hacerse con un trozo del mercado chino, empezaron a producir discursos, entrevistas e investigaciones sobre la gran "oportunidad" de inversión en el país asiático.

China pertenece ahora a Xi Jinping y lo que él cree podría sumir al mundo en el caos

En los últimos años, el Partido Comunista de China ha comenzado incluso a ceder partes del mercado a los bancos estadounidenses. Este mismo año, tanto Goldman Sachs como JPMorgan han obtenido la aprobación para asumir la propiedad total de las empresas conjuntas de sus socios chinos, mientras que a Citigroup se le ha permitido establecerse como custodio de lucrativos fondos de inversión.

No obstante, cuando se trata de China, la economía y la política están inextricablemente entrelazadas. Invertir en cualquier empresa o industria significa invertir, por extensión, en el Partido Comunista de China, una realidad que se está volviendo aún más cierta a medida que Xi toma el poder del sector privado. Wall Street y el PCCh son socios comerciales, y uno no habla mal sobre un socio comercial en público.

Parpadea 4 veces si quieres ayuda, Ray

Hablemos, por ejemplo, de Ray Dalio, el multimillonario fundador de Bridgewater Associates, el hedge fund más grande del mundo. En una entrevista con la CNBC a finales de noviembre, Dalio rehusó incómodamente responder las preguntas sobre los abusos contra los derechos humanos en China. El PCCh, dijo, está actuando simplemente como un "padre estricto". Como inversor, insistía, no presta mucha atención a la política china.

Menos de una semana después, enfrentándose a un aluvión de críticas, Dalio se vio obligado a dar marcha atrás. En una publicación de LinkedIn titulada, Clarifying My Recent China Comments (Aclarando mis comentarios recientes sobre China), afirmaba haber transmitido simplemente pensamientos que había escuchado de un socio en China. 

Según aseveraba, no estaba expresando su propia opinión ni respaldando ese enfoque. Continuó lamentándose de los muchos asuntos geopolíticos y regulatorios que están "más allá de nuestra capacidad de asumir las responsabilidades que tenemos con nuestros clientes", como si la represión autoritaria de China fuera demasiado complicada para que las mentes más brillantes de Bridgewater la comprendan. 

Luego, como colofón, fingió que su hedge fund (el más grande del mundo, ¿recuerdas?), no es más que otro "jugador" sin demasiada influencia que intentaba darle sentido a la antigua China.

"También quiero aclarar cómo pongo los pros y los contras de invertir en China a la luz del tema de los derechos humanos. Este no es un desafío que enfrente solo Bridgewater. Hay más de 40.000 inversores y muchos bancos y empresas de Estados Unidos y otros países que enfrentan el mismo problema", explicó Dalio en el mismo texto.

Bridgewater es un referente de las finanzas estadounidenses. Su presencia hace que sea aceptable para otras empresas y ejecutivos del país hacer negocios en China (y aceptar implícitamente las condiciones).

Sin embargo, diciendo esto, Dalio es solo otra persona intentando averiguar qué fondos mutuos poner en su plan de jubilación. En realidad, Bridgewater se acaba de convertir en la primera empresa de inversión extranjera en China en alcanzar los 10.000 millones de yuanes, o alrededor de 1.400 millones de euros, en activos bajo gestión.

Entonces, ¿qué riesgos están minimizando Bridgewater y otros peces gordos financieros cuando alaban a China?

Durante el año pasado, Pekín ha lanzado una campaña para ejercer un mayor control sobre la economía, actuando en contra de los intereses de sus capitalistas más famosos, como Jack Ma de Alibaba

Ma fue castigado después de dar un discurso en el que criticaba la invasión del poder del gobierno central sobre la vida económica y social. Lo que deja claro el tímido mea culpa de Dalio es que Pekín ejerce más o menos el mismo tipo de control sobre los multimillonarios fuera de sus fronteras. Xi no tiene que preocuparse por las críticas de Wall Street, porque Wall Street es un socio silencioso en su agenda política y económica.

"Las personas que ostentan las voces más fuertes sobre la política de China y el estado de la economía china se están beneficiando de su punto de vista. Crees que estás entendiendo la verdad, pero en realidad te están vendiendo una lista de bienes, y eso está sucediendo demasiado ahora", opina Lee Miller, fundador de la red de recopilación de datos China Beige Book.

No se puede decir eso en China, ni en ningún otro lugar

La voluntad de Wall Street de "bailarle el agua" a Pekín ha ido más allá de su larga tradición de repetir como loros métricas económicas increíbles transmitidas por el Gobierno de China: ahora parece acercarse a la autocensura. A medida que la sociedad china vira hacia un mayor autoritarismo, Wall Street se verá obligado a ignorar cada vez más el comportamiento totalitario y las dificultades económicas.

El mes pasado, el CEO de JPMorgan, Jamie Dimon, hizo una broma sobre la celebración del centenario del Partido Comunista chino. "También es el de JPMorgan. Apuesto a que duraremos más", dijo exactamente. Después añadió un inciso que reveló que comprende completamente las implicaciones de hacer negocios con Pekín.

"No puedo decir eso en China", se rió. "Probablemente estén escuchando de todos modos".

Jamie Dimon, presidente y CEO de JPMorgan, bromeó diciendo que su banco duraría más que el Partido Comunista Chino. Rápidamente se retractó.

Dimon tenía razón. Pekín lo escuchó alto y claro, y no estaba contento. Temiendo represalias por parte del PCCh, Dimon rápidamente se retractó. "Lamento mi último comentario, no está bien bromear o denigrar a un grupo de personas, ya sea un país, su liderazgo o cualquier parte de la sociedad y la cultura", se disculpó. 

Con esto queda claro, que lo que no se puede decir en China, tampoco se puede decir en EEUU.

Pero Pekín no se conforma con que sus grandes inversores estadounidenses mantengan la boca cerrada sobre sus prácticas autoritarias. Quiere que sus socios estadounidenses se inclinen ante los políticos de su país. 

El mes pasado, la embajada china en Washington envió una carta a varios ejecutivos de EEUU pidiéndoles que presionaran a los políticos del país para que no aprueben leyes que perjudiquen los intereses chinos. Si no lo hacían, decía la carta, los ejecutivos se arriesgarían a que sus empresas perdieran cuota de mercado en China.

Días antes de que el Gobierno de Biden anunciara que realizaría un boicot político a los Juegos Olímpicos, el viceministro de Asuntos Exteriores de China, Xie Feng, celebró una videoconferencia con ejecutivos estadounidenses y les dijo que presionaran a la Casa Blanca para que no lo hiciera. También dio a los asistentes sus órdenes de actuación política, según The Washington Post.

"Todos deben tener claro que Taiwán, Xinjiang, Hong Kong y el Tíbet son intereses fundamentales que afectan a la soberanía y el desarrollo seguro de China", dijo al parecer Xie a los ejecutivos reunidos, entre los que se encontraban miembros destacados de la Cámara de Comercio de Estados Unidos en China y Estados Unidos. "China no tiene margen para hacer concesiones".

Está claro que el PCCh considera que hacer negocios en China es inherentemente político. Si quieren acceder a sus mercados económicos, el partido les dice a los inversores que tienen que deben defender sus posiciones políticas. Pero puede llegar el momento en que incluso los inversores más deferentes de Wall Street sean expulsados de China, de la misma manera que los occidentales han sido expulsados del país anteriormente.

Xi dice que quiere hacer que China sea autosuficiente, construir un Pekín que ya no necesite la industria de servicios financieros estadounidense. Es entonces cuando, como bromeó Stevenson-Yang, Wall Street venderá todo lo que construyó al Partido Comunista Chino a precio de saldo y dejará a China con los bolsillos llenos. 

Sin embargo, hasta que llegue ese día, Wall Street está dispuesta a ser cómplice del sistema del país, a restarle importancia a sus problemas y a ganarse un dineral con ello.

El presidente chino, Xi Jinping, está feliz de que Wall Street invierta en su país, hasta el día en que no lo haga. Pero cuando eso suceda, Wall Street se irá con un lucrativo paquete de salida, y todos los demás inversores se arruinarán.

Invertir en China no es un juego para personas débiles de corazón o para quienes carecen de contactos. El Gobierno se ha vuelto más musculoso y, desde que se cerró la frontera a causa del COVID-19, es muy difícil para los forasteros saber lo que ocurre en tiempo real. 

Para los inversores más hábiles y experimentados, el riesgo de quedar atrapados en la vorágine de la rápida evolución de la economía china ha aumentado considerablemente. Pero para los inversores normales y corrientes, el riesgo está prácticamente garantizado. 

Así pues, la próxima vez que un inversor importante empiece a hablar de China, por muy inteligente o sofisticado que parezca, sólo hay una cosa inteligente que debes hacer: ignorarle.

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