El PIB de la Eurozona se acelera un 0,7% gracias al empuje de España, la economía que más crece, pero la inflación alcanza cotas históricas: sube un 8,9% en julio

Banderas de la Unión Europea en la fachada de la Eurocámara en Estrasburgo

La economía del euro se reactivó en el segundo semestre del año, pero fue casi exclusivamente gracias al empuje de España.

El PIB de la eurozona creció un 0,7% entre abril y junio, según el avance de datos de PIB publicado hoy por Eurostat. Se trata de un avance superior al registrado en el primer trimestre, cuando las economías crecieron de media un 0,5%.

Por el momento, los países de la eurozona aguantan el chaparrón. El crecimiento registrado se produce a pesar de la escalada de precios, de los tambores que anuncian recesión, y de las consecuencias económicas que la guerra en Ucrania provoca en las economías europeas.

Sin embargo, mirando país por país, el crecimiento está bastante concentrado, hasta el punto de que el avance en el segundo trimestre queda circunscrito al empuje de 2 economías de la eurozona: España e Italia, y otro país europeo (Suecia).

España lidera el crecimiento del PIB con una subida del 1,1% entre abril y junio, gracias al boom del consumo interno y del turismo durante la Semana Santa y el arranque de la campaña de verano. Le sigue de cerca Italia, otra economía con un gran peso del sector turístico. Suecia, por su parte, crece todavía más: un 1,4%.

En cuanto al resto de grandes economías, Alemania se estancó con un crecimiento nulo, aunque vuelve a librarse del precipicio de la recesión, mientras que Francia tuvo un avance del 0,5%.

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Sin embargo, el buen comportamiento de España e Italia no se debe sólo al turismo. También tiene que ver con que fueron las 2 economías más golpeadas por la pandemia, y todavía están recuperando lo perdido por la crisis.

Mientras tanto, la escalada de precios no da tregua. En julio, la inflación se disparó un 8,9% y alcanzaron un nuevo máximo histórico, después de haberlo batido ya en mayo y en junio.

El encarecimiento de la energía y de las materias primas lleva meses presionando precios, hasta el punto de que la inflación está llegando a cotas nunca vistas desde la creación de la eurozona. El precio de la energía se disparó un 39% en julio (algo menos que en junio), y el de los alimentos un 9,4% (más que en junio).

Si a finales de 2021 estaba en el 5%, y en marzo tocó el 7,5%, reflejando los primeros efectos de la guerra en Ucrania, en mayo superó el 8% y en junio se situó en un 8,6% y ahora roza ya el 9%, según el último avance publicado hoy por Eurostat.

El impacto es generalizado en todos los países, aunque especialmente llamativo en países del este: en Estonia, Letonia y Lituania la inflación llega a dispararse más de un 20%.

Esta tensión de precios sostenida en el tiempo y en su virulencia ha puesto contra las cuerdas al Banco Central Europeo

La inflación actual está más de 6 puntos por encima de los objetivos del organismo (en el 2%), y sigue apretando, poniendo en evidencia el papel del banco central como garante de la estabilidad monetaria.

Esto ha llevado al organismo a reaccionar revolviéndose: la semana pasada, el BCE sorprendió aprobando una subida de tipos del 0,5, el doble de lo que se esperaba.

El equilibrio es complicado: el riesgo de no actuar contra la inflación podría llevar a una peligrosa espiral de subidas de precio, pero hacerlo podría arrastrar a las economías a una recesión.

Así las cosas, había que elegir: encarrilar la inflación antes de que fuera demasiado tarde subiendo tipos (a costa de frenar el crecimiento económico) o dejar que la economía continuara recalentándose sin subir tipos (a riesgo de caer en una peligrosa espiral de precios, en estanflación o incluso en recesión).

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