China tenía un plan para dominar la tecnología y convertirse en el país más poderoso del mundo, pero todo ha salido mal

El presidente chino Xi Jinping ha invertido miles de millones en el desarrollo de semiconductores, pero su plan no está funcionando.
El presidente chino Xi Jinping ha invertido miles de millones en el desarrollo de semiconductores, pero su plan no está funcionando.

Greg Baker/Pool via Getty Images; iStock; Alyssa Powell/Insider

En Pekín están furiosos. 

Los líderes chinos saben que están perdiendo la carrera por el futuro de la tecnología, algo que pone en riesgo el estatus de superpotencia del país. Por su parte, parece que Washington está decidido a hacer todo lo posible para frenar sus avances. 

Los semiconductores son esos pequeños chips que impulsan nuestro mundo tecnológico, haciendo funcionar desde los coches y los móviles hasta los aviones de combate y los sistemas de misiles avanzados. Son tan complejos que ningún país puede producirlos por sí solo. En el pasado, esto era algo bueno. Los Gobiernos entendían que la innovación conseguida en un lugar puede hacer avanzar al mundo entero, lo que creó estabilidad; ir en contra de cualquiera involucrado en la cadena de suministro de semiconductores puede paralizar el mundo.

Sin embargo, la situación actual es distinta, ya que Estados Unidos y China están inmersos en una guerra fría tecnológica, en la que los semiconductores son las armas.

China ha gastado decenas de miles de millones de dólares en superar a los mayores fabricantes de chips de las últimas décadas, una estrategia que se ha intensificado bajo el mandato de Xi Jinping. No obstante, el desarrollo se ha estancado. Uno de los célebres fabricantes de chips del país asiático, Tsinghua Unigroup, ha quebrado. Y, por su lado, Estados Unidos está intentando bloquear el acceso a China a las tecnologías fundamentales que hacen posible la producción de chips.

"El programa de desarrollo de chips de China ha sido totalmente contradictorio", explica Paul Triolo, experto en semiconductores y vicepresidente senior de política tecnológica y de China en la consultora Albright Stonebridge Group. "No se trata de dinero. Ahora mismo China está inundada de dinero destinado a la tecnología, pero necesitas las personas adecuadas y clientes que confíen en ti. Todo eso no se puede comprar".

Pekín entiende que controlar la producción de chips avanzados no solo enriquecerá su economía, sino que impulsará su influencia geopolítica. Para Xi, los semiconductores y las tecnologías que facilitan son "el principal campo de batalla" en la contienda mundial por el poder.

Estados Unidos entiende que si permite a China controlar la producción de chips avanzados, le estará facilitando las herramientas necesarias para convertirse en la primera superpotencia del mundo. Leland Miller, fundador de la empresa de investigación China Beige Book, afirma que, aunque Washington ha puesto ciertas trabas a Pekín, no hay garantía de que se mantenga el liderazgo de Estados Unidos.

"No hay nada más importante que esto", sentencia.

Pico de globalización

Los semiconductores no impulsan únicamente la tecnología actual, sino que son las pequeñas llaves que abrirán las próximas innovaciones que cambiarán el mundo, como la computación cuántica y la inteligencia artificial. Ahora mismo, un chip no puede fabricarse sin la contribución de todo el mundo: productos químicos de Alemania; máquinas de Japón y los Países Bajos; embalaje y pruebas en China y Malasia. La cadena de suministro es el producto de la globalización, la confianza y el libre mercado.

Sin embargo, hay algunas partes de esta cadena que son más críticas, más delicadas y más lucrativas. Los chips más avanzados (los más pequeños y con mayor capacidad de procesamiento) requieren conocimientos extremadamente especializados para su diseño y fabricación. Las fábricas y máquinas necesarias para hacer estos chips son hazañas de ingeniería en sí mismas, que tienen detrás decenas de miles de millones de dólares de inversión.

La mayor parte de estos chips de vanguardia son diseñados por empresas estadounidenses y fabricados en Taiwán y Corea del Sur. Según un informe de 2021 de Boston Consulting Group, Taiwán produce el 92% de todos los semiconductores de 10 nanómetros o menos, mientras que Corea del Sur fabrica el 8% restante. Taiwan Semiconductor Manufacturing Company, la joya de la corona de Taipei, está preparada para producir chips de hasta 3 nm a finales de este año, seguida de la surcoreana Samsung y la estadounidense Intel.

La principal empresa china de semiconductores, Semiconductor Manufacturing International Corporation, afirma ser capaz de fabricar, como mínimo, chips de 7 nm, aunque todavía no se han visto. Samsung y TSMC llegaron a los 7 nm hace 4 años. Los expertos opinan que sin la confianza y la cooperación del resto del mundo —especialmente de Estados Unidos y sus aliados del este asiático— es casi imposible avanzar en la tecnología de los semiconductores. Por lo tanto, China está atascada detrás de los mismos países que se han convertido en sus principales adversarios, pero lo que está en juego es demasiado importante para que Pekín se rinda.

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Por qué China necesita los chips

La economía china es grande, pero no rica. Su PIB per cápita en 2021 se situaba justo por debajo del de Antigua y Barbuda y por encima del de Tailandia. El país ha pasado más de una década haciendo crecer su economía a través del desarrollo de infraestructuras impulsado por la deuda, pero esa estrategia se está volviendo menos productiva, dejando a China con cada vez más empresas zombis y ciudades fantasma. Para no caer en la trampa de la renta media, tiene que empezar a desarrollar negocios de mayor valor. En otras palabras, China necesita una línea de negocio más lucrativa del mismo modo que alguien con una deuda de tarjeta de crédito necesita un aumento de sueldo.

Remontándose a los tiempos de Mao Zedong, Xi ha apostado el futuro del país a los planes de desarrollo industrial dirigidos por el Estado, en particular el plan Made in China 2025. Xi ha subrayado que todo el país tiene que ayudar a aprovechar "la ventaja tecnológica", y averiguar cómo diseñar y fabricar chips es fundamental para el éxito del plan.

Y Xi ha respaldado esta filosofía con dinero. Desde que llegó a la presidencia en 2012, el país ha invertido más de 100.000 millones de dólares en el desarrollo de chips. Pero, para disgusto de Pekín, los resultados de este derroche están siendo mediocres. El dinero se entregó a marcas de moda o empresas de construcción que pasaron a fabricar chips de la noche a la mañana para conseguir algo de dinero. El Gobierno dio decenas de miles de millones de dólares a Zhao Weiguo, el CEO de Tsinghua Unigroup, conocido en los medios chinos como "el loco de los semiconductores". Como era de esperar, Pekín sospecha que Zhao ha malgastado ese dinero y ahora está siendo investigado. 

El plan Made in China 2025 establece el objetivo de que los chips de fabricación nacional cubran el 70% de las necesidades de semiconductores de China en 3 años. Sin embargo, los medios de comunicación estatales sugieren que a partir de 2019 China estaba suministrando solo el 30% de sus propias necesidades. El investigador IC Insights sitúa el porcentaje para 2020 incluso más bajo, en torno al 16%

China se está poniendo al día en partes de la cadena de suministro de semiconductores con "menores barreras de entrada", como el diseño de los chips, explica Triolo. "Pero en lo que respecta a la fabricación y a los equipos de fabricación, están muy atrasados", afirma. "Tampoco se puede robar eso, porque la salsa secreta en gran parte de esto es el conocimiento implícito. No se puede falsificar el camino hacia un modelo comercialmente viable y sostenible".

Los chips también desempeñan un papel clave en la modernización del Ejército chino. No todo el equipamiento militar chino requiere que estos sean de última generación, pero Pekín entiende que el hecho de que lo sean, supondrá una gran diferencia en futuros conflictos. En un informe de 2021 dirigido al Congreso, una comisión estadounidense formada por tecnólogos e investigadores dejó claro a los legisladores norteamericanos que, aunque China esté atrasada en el desarrollo de sus propios semiconductores, el impulso de Pekín en esta materia debe tomarse en serio.

"Por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, el predominio tecnológico de Estados Unidos (la columna vertebral de su poder económico y militar), está amenazado. China posee el poder, el talento y la ambición para superar a Estados Unidos como líder mundial en IA en la próxima década si no cambian las tendencias actuales", decía el informe.

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Un Tío Sam enfadado

Hace dos años, Xi dijo en un discurso que, dado que el mundo estaba "experimentando profundos cambios nunca vistos en un siglo", China tendría que acelerar su desarrollo tecnológico, militar y económico. El trasfondo del discurso era evidente: después de décadas de esperar su momento, China estaba empezando a ganar igualdad de condiciones entre las superpotencias mundiales, y era el momento de que China se hiciera valer.

En los últimos años, Washington ha despertado a la agresión de Xi y ha comenzado a ver su desarrollo tecnológico como una cuestión de seguridad nacional, además de como un desafío económico. 

Durante la Administración Trump, distintos Departamentos del Gobierno Federal trabajaron para negar a las empresas tecnológicas chinas el acceso a la savia de sus negocios: Comercio hizo que las empresas chinas no pudieran comprar ciertas piezas fabricadas en Estados Unidos, el Tesoro bloqueó a las empresas chinas para que se hicieran con empresas estadounidenses que trabajan en semiconductores y Estado utilizó la presión diplomática para que los aliados limitaran las ventas a China.

El ejemplo más claro de este enfoque se produjo en 2019, cuando el Departamento de Justicia acusó a Huawei de hacer negocios con Irán y Corea del Norte, violando las sanciones internacionales. Como castigo, Washington negó a la empresa el uso de componentes de chips avanzados que contenían propiedad intelectual estadounidense. Ahora la empresa está de rodillas; su director general, Ren Zhengfei, ha dicho que la empresa "debe hacer de la supervivencia su principal objetivo" para los próximos dos años.

Bonnie Glaser, directora del Programa de Asia en el Fondo Marshall Alemán de los Estados Unidos, asegura que Estados Unidos "persiguió a la compañía de forma realmente fulminante".

La excomunión de Estados Unidos a Huawei —y su capacidad para apartar a China del juego de los semiconductores— no habría sido posible sin Taiwán, subraya Glaser. Estados Unidos no ha reconocido oficialmente a Taiwán, una nación insular frente a la costa de China que Pekín reclama como propia, desde la década de 1970. En su lugar, el Gobierno estadounidense mantiene una política de "una única China" que condena cualquier ataque de Pekín a la isla, pero también la reconoce como parte de China desde el punto de vista técnico.

Taiwán construyó su industria de chips en parte como mecanismo de defensa. Las fábricas de semiconductores de última generación actúan como un "escudo de silicio" para disuadir a China de una invasión. China es el mayor importador de chips del mundo, y el mundo sufriría si las complejas fábricas que los fabrican dejaran de funcionar por cualquier motivo. Pero en las próximas décadas, a medida que la idea de recuperar Taiwán se convierta en el centro de la política china y el Ejército del país se fortalezca, ese escudo podría ponerse a prueba. 

"Los chinos no van a decidir si invaden o no Taiwán en función de su necesidad de semiconductores", afirma Glaser. "Se trata de la soberanía del Partido Comunista Chino".

Pero eso no significa que Pekín no se enfade. Recientemente, Estados Unidos propuso un consorcio de semiconductores con Japón, Corea del Sur y Taiwán llamado Chip 4. La televisión estatal china calificó la medida de "discriminatoria y excluyente" y dijo que amenazaba con fragmentar el mercado mundial. 

El consorcio también tiene sus detractores en Estados Unidos. Un antiguo diplomático del Departamento de Estado centrado en Asia Oriental expresó su escepticismo ante la posibilidad de que Corea del Sur y Taiwán colaboren seriamente con Estados Unidos para dejar fuera a China, ya que ello podría poner en peligro sus ventas a clientes chinos.

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Estados Unidos también se apoya en sus aliados europeos. Las autoridades estadounidenses han prohibido a Advanced Semiconductor Materials Lithography, una empresa holandesa que fabrica las máquinas que graban los circuitos de los chips avanzados mediante un proceso llamado litografía, la venta de maquinaria avanzada a los fabricantes de chips chinos.

Estados Unidos también siguió el ejemplo de Pekín en materia de política industrial en junio, cuando el Congreso aprobó la Ley CHIPS, destinada a canalizar 250.000 millones de dólares para revitalizar la investigación en tecnología relacionada con los semiconductores. Aunque este dinero podría ayudar a mantener a Estados Unidos por delante de China en la carrera armamentística de los chips, Washington tendrá que recurrir al libre mercado y a la colaboración internacional para contrarrestar realmente la ambición de Pekín. 

Mantener la ventaja de Estados Unidos será especialmente difícil, ya que los materiales, los proveedores y la capacidad de fabricación de chips se concentran en Asia oriental.

Miller, del China Beige Book, afirma que "no hay ninguna garantía" de que "el gasto en las empresas de semiconductores genere la resistencia de la cadena de suministro que necesitamos". Aun así, cree que las políticas en torno a los chips de Estados Unidos son mucho más sólidas que hace 10 años.

El reto para Washington es mantener una mentalidad proactiva en lugar de reactiva sobre la innovación. En vez de limitarse a intentar contrarrestar todos los movimientos de China, EEUU debe utilizar políticas que garanticen que, junto a sus aliados, se mantengan en el centro del universo de los semiconductores. Reaccionar a los movimientos de Pekín solo haría retroceder al país, pero ser proactivos hace que Estados Unidos mire siempre hacia delante, donde está la innovación. 

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Desde otra perspectiva, el mundo se está alejando de China por razones que van más allá de la geopolítica. La estrategia de Pekín "COVID Cero" ha creado una gran incertidumbre en la economía. Xi está acaparando cada vez más el control y presionando a las empresas extranjeras para que hagan negocios como él quiere. Algunas compañías como Honda y Apple están intentando trasladar sus cadenas de suministro a países como Vietnam. Cada vez son más las empresas estadounidenses que vuelven a llevar su fabricación a Estados Unidos; Intel, por ejemplo, está construyendo plantas de chips en Ohio y Arizona.

Sin embargo, no hay que subestimar a Pekín, especialmente en lo que respecta a la tecnología. En los años 60 y 70, cuando China era pobre, sus científicos consiguieron desarrollar una bomba de hidrógeno, una bomba nuclear y lanzar un satélite. Los chinos exaltan estos esfuerzos, conocidos en el país como "Dos bombas, un satélite", como una hazaña del desarrollo y una prueba de la capacidad del país de estar por encima de su nivel. 

Xi está tratando de impregnar este esfuerzo de los chips con el mismo espíritu: no tiene otra opción. Perder la carrera de los semiconductores significa que China siempre estará a merced de los países con más poder en la cadena de suministro de chips, como Estados Unidos y Taiwán. Y eso no es algo que Xi vaya a tolerar.

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