El plan de Estados Unidos para arreglar su economía va a condenar al resto del mundo

Los tipos de interés de Estados Unidos no se equiparan al resto del mundo, lo que va a provocar el caos en la bolsa y en la economía.
Los tipos de interés de Estados Unidos no se equiparan al resto del mundo, lo que va a provocar el caos en la bolsa y en la economía.

Getty Images; Alyssa Powell/BusinessInsider

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  • El buen funcionamiento del mercado en Estados Unidos perjudica al resto de mercados globales, ya que los inversores traspasan la liquidez al mercado americano.
  • A la larga, esta divergencia puede producir más inflación y hacer que los tipos de interés se mantengan más altos por más tiempo.

Estamos de nuevo en un momento crucial de la recuperación económica mundial. Ahora más que nunca, todo debe salir bien para que las bolsas globales no sufran.

Durante los últimos cuatro años, el mundo se ha mantenido unido para aliviar los problemas económicos causados por la pandemia y combatir después la inflación que le siguió. Cuando estalló la pandemia, los bancos centrales de todo el mundo redujeron los tipos a cero, al igual que hicieron durante la crisis financiera de 2008. Cuando llegó la inflación, empezaron a subir los tipos a un ritmo nunca visto en décadas. El timing ha sido muy acertado, y lo que ha mantenido estable al mercado. Pero ahora, el mundo corre el riesgo de desincronizarse.

El Banco Central Europeo ya ha acometido la primera bajada de tipos, concretamente en 25 puntos básicos. La medida no es solo una señal de confianza en que la eurozona está ganando la batalla a la inflación, sino también un indicio de preocupación por que la economía necesite un pequeño impulso para seguir rodando. Inversores y economistas esperan que la Reserva Federal siga su ejemplo y recorte los tipos de interés en septiembre. Y así, según la historia, los bancos centrales de todo el mundo iniciarán su descenso coordinado hacia un aterrizaje suave, una calibración perfecta de ese tira y afloja que supone bajar la inflación y evitar una recesión.

Pero la realidad lleva todo el año burlándose de las hipótesis de los expertos. Wall Street empezó el año esperando un enfriamiento de los precios, una ralentización del ritmo de crecimiento de la economía y hasta seis recortes de los tipos de interés por parte de la Reserva Federal. Sin embargo, los datos de inflación han sido siempre positivos y la fortaleza de la economía estadounidense ha desafiado las expectativas. Esta combinación aumenta las posibilidades de que el esperado recorte de septiembre no se produzca.

"El verano será interesante", resume Tamara Basic Vasiljev, economista de Oxford Economics. Su hipótesis es que todo irá según lo previsto, pero hay salvedades: "La Reserva Federal ha demostrado su capacidad para combatir cualquier tipo de problema de estabilidad financiera. Pero, ¿y si la inflación de servicios sigue sorprendiendo al alza durante el verano? Entonces se hace evidente que no podrán recortar en septiembre", argumenta.

Bajada de tipos

Si la Fed no recorta en otoño, los elevados tipos de Estados Unidos quedarán desfasados con respecto al resto del mundo. Y cualquier diferencia entre este país y el resto del mundo supondría una oleada de efectivo para las costas estadounidenses. Esto, a su vez, aumentar la liquidez del sistema justo cuando la Reserva Federal intenta drenarla, lo que dificultaría aún más que baje tipos de interés, aumentando más la distancia con el resto del mundo. Es como un círculo vicioso que se interpone en el camino del aterrizaje suave.

Con el tiempo, esto podría añadir volatilidad a unos mercados ya de por sí inquietos. En Estados Unidos, las acciones se mueven según el estado de ánimo: una semana, Wall Street cree que estamos en estanflación; la siguiente, cree que se avecina un aterrizaje suave. Con el tiempo, esta divergencia en la política de intereses puede llevar la misma energía frenética a las divisas.

El país de la 'bicicleta financiera'

El viento es el resultado de un desequilibrio: el aire se desplaza de zonas de alta presión a zonas de baja presión. Cuanto mayores son las diferencias de presión, más rápido sopla el viento. El mismo principio se aplica al flujo mundial de liquidez: los inversores persiguen desequilibrios, y a veces las cosas se tuercen en el proceso.

Estados Unidos ya tiene tipos de interés algo más altos que otros países: el tipo de referencia de la Reserva Federal se sitúa entre el 5,25% y el 5,50%, diferenciales que han permitido a Wall Street realizar lo que se denomina carry trade (o bicicleta financiera): los inversores toman prestado dinero de un país con tipos de interés bajos, lo invierten en bonos de un país donde los tipos de interés son altos y ganan la diferencia. En este caso, eso implica sacar dinero del resto del mundo y comprar activos estadounidenses, en particular bonos del Estado.

Lo que parece un éxito rotundo para Wall Street no es tan buena noticia ni para la economía estadounidense ni para la mundial

Los bancos de inversión como JPMorgan y UBS lo recomiendan a sus clientes, y un índice de Bloomberg basado en la venta de las divisas del G-10 con menor rentabilidad y la compra de las de mayor rentabilidad ya ha generado un 7% este año. El Instituto de Finanzas Internacionales anunció que, solo en mayo, los mercados emergentes sin contar China (donde los tipos también son más altos) registraron entradas en el mercado de bonos por valor de 10.200 millones de dólares (casi 9.500 millones de euros), sobre todo por los inversores que se beneficiaron de operaciones de carry trade como la venta de yenes japoneses para comprar pesos mexicanos. Peter Schaffrik, estratega macroeconómico global de RBC Capital Markets, explica a Bloomberg que estas operaciones están "en todas partes". Y cuanto más divergen los tipos, más atractiva resulta esta movilización del dinero del mercado débil al fuerte.

Pero, lo que parece un éxito rotundo para Wall Street no es tan buena noticia ni para la economía estadounidense ni para la mundial. En un momento en que las economías europeas y de otros continentes están perdiendo impulso, la retirada de más dinero de estas economías endurecerá las condiciones financieras mientras intentan evitar una recesión, especialmente en datos regionales cruciales como la producción industrial alemana, que últimamente ha sido débil. También debilitará el euro, lo que dificultará al continente la importación de la energía que necesita para alimentar su economía y encarecerá la compra de productos estadounidenses. Y en las economías asiáticas, donde los tipos de interés ya son significativamente más bajos que en Estados Unidos, las cosas podrían complicarse aún más.

"Esperamos que Japón y Corea del Sur se enfrenten a retos a la hora de equilibrar la política monetaria para mantener la estabilidad a medida que el dólar se aprecie", señala Nigel Green, CEO de deVere Group, una firma global de gestión de patrimonios. "No me sorprendería que los responsables políticos sientan la necesidad de intervenir en los mercados de divisas o ajustar los tipos de interés para gestionar estos efectos", puntualiza.

Para Estados Unidos, la llegada de más liquidez tiene el efecto contrario al deseado por la Reserva Federal: provoca nuevas subidas de precios y relaja las condiciones financieras. En otras palabras, dificulta a la Reserva Federal la lucha contra la inflación.

"Hay preocupaciones legítimas de que esta afluencia de capital a Estados Unidos aumente la liquidez, impulsando al alza los precios de los activos y la presión inflacionista, haciendo más difícil para la Fed bajar los tipos. El aumento de la liquidez puede provocar presiones inflacionistas, que la Fed podría tener que contrarrestar manteniendo o incluso subiendo los tipos", explica Green. 

Como dice Green, la Reserva Federal puede contraatacar subiendo aún más los tipos de interés. Pero hacerlo podría acabar con el hasta ahora fuerte consumidor estadounidense y llevar al país a una recesión. Es el mismo cálculo que está haciendo el BCE, aunque la desaceleración de la UE es más marcada. Dados estos inconvenientes, es poco probable que la Fed suba los tipos, lo que creará el mercado perfecto para que prospere el carry trade. Y mientras los datos de Estados Unidos sigan siendo impredecibles (apuntando a una inflación interminable un día y a la desinflación al siguiente) este dinero acabará en la economía. 

Se trata de una dinámica que los bancos centrales de los países que ya han iniciado las bajadas de tipos tendrán muy en cuenta. Ya están observando una ralentización del crecimiento y, además, el dinero será absorbido hacia Estados Unidos, donde los datos han sido relativamente sólidos durante la primera mitad del año. El carry trade aprovecha las dislocaciones entre las economías mundiales. Y cuanto más tiempo pase, mayor será su impacto. Wall Street tendrá que mantenerse alerta este verano. Los economistas, por su parte, tendrán más dificultades para desentrañar el actual escenario. Es un momento de gran incertidumbre.

Xi Jinping.

Asegurando el aterrizaje

Por supuesto, existe la esperanza de que esta divergencia sea solo temporal. Si de repente los datos económicos de Estados Unidos empiezan a ser débiles, la Reserva Federal se apresurará a bajar los tipos. Y hay indicios de que la inflación de la UE es más firme de lo que les gustaría a los responsables políticos, lo que podría ralentizar el ritmo de los recortes lo suficiente como para que Estados Unidos se ponga al día.

Ya hay indicios de una ligera moderación de la economía estadounidense: la tasa de ahorro de los hogares se encuentra en su nivel más bajo en 16 meses, los ingresos disponibles solo han aumentado ligeramente y los intereses que la gente tiene que pagar por sus créditos son elevados. El mercado laboral se ha enfriado y las ofertas de empleo han vuelto a niveles prepandémicos. Pero no todos los indicadores hablan de un aterrizaje suave. El pasado viernes, los datos de empleo de mayo mostraron que el país creó 272.000 puestos de trabajo, más de los 182.000 esperados. El vaivén de datos en Estados Unidos continúa.

Las divergencias entre Estados Unidos y otros países tienen un límite

Al otro lado del Atlántico, hay indicios de que la inflación en el Reino Unido y la UE podría ser más prologada de lo previsto. La inflación de la UE subió ligeramente al 2,6% en mayo, sorprendiendo al BCE pero no lo suficiente como para impedir una bajada de tipos en junio. En Reino Unido, la persistente inflación de servicios, que se situó en el 5,9% en abril, puede dar al Banco de Inglaterra motivos para parar. 

Basic Vasiljev, de Oxford Economics, opina que esto indica que la UE y Estados Unidos se mueven más en tándem de lo que sugiere este desfase de políticas y que la actual divergencia seguiría siendo poca. Incluso el Banco de Canadá, que la semana pasada redujo su tipo de referencia del 5% al 4,75%, se muestra cautelosamente optimista. "Las divergencias entre Estados Unidos y otros países tienen un límite, pero no estamos cerca de él", señalaba el Gobernador Tiff Macklem en la última reunión del Banco de Canadá. No estamos cerca… todavía.

Esta perspectiva halagüeña no es una garantía: Wall Street sigue esperando tres recortes este año por parte del BCE y el Banco de Inglaterra. Incluso pequeños, de 25 en 25, tres recortes crearían una divergencia que los traders explotarían. Y si llega septiembre y la economía de Estados Unidos sigue al rojo vivo, esa instrumentalización podría continuar todo el año, impulsando las condiciones que mantienen desincronizada la política monetaria. 

Ese sonido de succión que se oirá todo el verano es el sonido de Wall Street sorbiendo dinero de Europa, Canadá, el Reino Unido y Asia oriental. Los responsables políticos tendrán que recalibrar. Esto no significa que no vayamos a tener un aterrizaje suave (especialmente si este momento de desorden es breve) solo aumenta las probabilidades de un viaje lleno de baches hasta el destino.

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