El problema oculto de los coches eléctricos: las baterías son una fuente de sustancias químicas tóxicas persistentes, según alertan los científicos

Catherine Boudreau
| Traducido por: 
Las baterías de iones de litio para vehículos eléctricos se fabrican utilizando un tipo de sustancias químicas PFAS
Las baterías de iones de litio para vehículos eléctricos se fabrican utilizando un tipo de sustancias químicas PFAS

Getty Images

  • Las baterías de iones de litio son el tipo de batería más común en los coches eléctricos.
  • Los científicos han descubierto que contienen PFAS o "sustancias químicas persistentes" presentes en el aire, el agua, la nieve, el suelo y los sedimentos.
  • La investigación aboga por mejorar la tecnología de las baterías y su reciclaje para mitigar la contaminación por PFAS.

Los científicos han descubierto una nueva fuente de contaminación "por sustancias químicas eternas": las baterías recargables de iones de litio que se encuentran en la mayoría de los coches eléctricos.

Algunas de las tecnologías de las baterías de iones de litio utilizan una clase de sustancias químicas PFAS, o sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas, que ayudan a que las baterías sean menos inflamables y conduzcan la electricidad. Según un estudio revisado por pares y publicado en la revista Nature Communications, los científicos han detectado altos niveles de estos PFAS en muestras de aire, agua, nieve, suelo y sedimentos cerca de plantas que fabrican estas sustancias químicas en Estados Unidos, Bélgica y Francia.

Los PFAS se conocen como sustancias químicas 'eternas o persistentes' porque se acumulan rápidamente en el medio ambiente, las personas y los animales y no se descomponen hasta pasados miles de años. Se han relacionado con numerosos problemas de salud, como lesiones hepáticas, hipercolesterolemia, bajo peso al nacer y enfermedades renales crónicas.

Los resultados ponen de relieve que el cambio a vehículos menos contaminantes y energías renovables es fundamental para resolver la crisis climática, pero conlleva una serie de contrapartidas que aún están empezando a surgir y que no se han estudiado suficientemente. Aunque los efectos sobre el medio ambiente y la salud de la extracción de litio y otros minerales utilizados en baterías, paneles solares, turbinas eólicas y otras tecnologías están bien documentados, es ahora cuando los investigadores están descubriendo que las baterías de iones de litio son una fuente de contaminación por PFAS.

"Reducir las emisiones [de dióxido de carbono] mediante innovaciones como los coches eléctricos es fundamental, pero no debería tener como efecto secundario el aumento de la contaminación por PFAS", afirma en un comunicado Jennifer Guelfo, profesora asociada de Ingeniería Medioambiental de la Universidad Tecnológica de Texas y coautora del estudio.

Según el estudio, se trata de un problema global, ya que las baterías de iones de litio se utilizan en todo el mundo. La misma clase de PFAS se ha detectado recientemente en niveles bajos en el agua de Europa y China, pero el origen de la contaminación no estaba claro.

La familia específica de PFAS descubierta por el equipo de Guelfo se denomina bis-perfluoroalquilsulfonimidas o bis-FASI. Los científicos analizaron más de una docena de baterías de iones de litio utilizadas en vehículos eléctricos y aparatos electrónicos de consumo, como ordenadores portátiles, y encontraron bis-FASI en diversas concentraciones.

Según Lee Ferguson, profesor asociado de Ingeniería Medioambiental de la Universidad de Duke y coautor del estudio, es difícil saber hasta qué punto están extendidas estas sustancias químicas en determinadas baterías de iones de litio porque aún no se ha investigado lo suficiente.

Guelfo señala que los bis-FASI son comparables a sustancias químicas "más antiguas y notorias" como el PFOA, en parte porque son extremadamente difíciles de degradar y los estudios demuestran que las sustancias químicas modifican el comportamiento de los organismos acuáticos a bajas concentraciones. El PFOA ha dejado de producirse en Estados Unidos, pero sigue contaminando allí el agua potable.

El estudio constituye la primera investigación "de la cuna a la sepultura" sobre el impacto ambiental del uso de bis-FASI en baterías de iones de litio. Aún no se han estudiado los efectos de los bis-FASI en humanos.

Existen otras vías de exposición a los bis-FASI. Los datos sobre emisiones atmosféricas sugieren que las sustancias químicas pueden desplazarse a zonas alejadas de los centros de fabricación. También pueden filtrarse al medio ambiente desde los vertederos, donde acaban la mayoría de las baterías de iones de litio.

Según el estudio, sólo se reciclan alrededor del 5% de las baterías de iones de litio, y en 2040 podría haber unos 8 millones de toneladas de residuos de baterías de iones de litio.

Guelfo explica que los científicos, ingenieros, fabricantes y responsables políticos deben desarrollar una tecnología de baterías y soluciones de reciclaje que no agraven la contaminación por PFAS.

Las dudas sobre la sostenibilidad de los coches eléctricos.

"Tenemos que evaluar cuidadosamente estas sustancias químicas que se utilizan en infraestructuras energéticas sostenibles", subraya Guelfo. "Deberíamos evaluarlas ahora, antes de que se convierta en un problema más generalizado. Tenemos la oportunidad de impulsar al máximo la idea de sostenibilidad".

Según el estudio, empresas como 3M, Solvay y Arkema son titulares de patentes de bis-FASI o anuncian su producción o uso. Los científicos han centrado su investigación en las zonas cercanas a las fábricas de estas empresas en Minnesota, Kentucky, Amberes (Bélgica) y Salindres (Francia).

3M ha fabricado PFAS durante décadas y el año pasado llegó a un acuerdo de 10.000 millones de dólares con varias ciudades y pueblos de Estados Unidos por sus denuncias de que la empresa había contaminado el agua potable con sustancias químicas persistentes. 3M declaró que dejará de fabricar PFAS para finales de 2025.

El acuerdo de la empresa siguió a otro alcanzado por Chemours, DuPont y Corteva para pagar 1 190 millones de dólares con el fin de ayudar a resolver miles de demandas.

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