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Qué es un producto complejo para invertir y qué debes saber para protegerte

Cómo invertir en materias primas
Attentie Attentie / unsplash
  • Entrar al mercado se puede hacer mediante múltiples vías y no siempre todas son sencillas. Hay productos más complejos que se recomienda por parte de los expertos tener un conocimiento amplio sobre finanzas para poder apostar por ellos. 
  • La normativa clasifica a los clientes en tres niveles de protección en función al tipo de inversor entre los que nos encontramos: minoristas, profesionales y contraparte elegible.
  • Los productos complejos se caracterizan por no ser reembolsables, por la dificultad de conocer su valor real y el inversor no puede perder más de la cantidad que invirtió inicialmente.
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Cuando invertimos no siempre lo podemos hacer mediante los valores tradicionales. Entrar al mercado se puede hacer mediante múltiples vías y no siempre todas son sencillas. Hay productos más complejos que se recomienda por parte de los expertos tener un conocimiento amplio sobre finanzas para poder apostar por ellos. 

Con la entrada en vigor de la normativa MIFID2 llegaron muchas novedades que a buen seguro se han hecho notar en las entidades financieras y en los brókers que operan en los mercados. Y es que el fin que tiene esta nueva norma es reforzar la regulación, y en última instancia proteger a los clientes, mejorando la transparencia y la supervisión.

Siguiendo este esquema, la norma clasifica a los clientes en tres niveles de protección en función al tipo de inversor entre los que nos encontramos: minoristas, profesionales y contraparte elegible. En base a ello, se clasifican los productos de inversión. Es decir, no todos son aptos para nuestro perfil. 

En primer lugar, nos encontramos con los productos que el regulador etiqueta como no complejos. Estos se caracterizan porque se pueden reembolsar de forma frecuente a precios conocidos por el público general. De esta manera, resulta sencillo conocer su valor en cualquier instante y que se hagan efectivos.

Además, el inversor no puede perder un importe superior a su coste de adquisición, es decir, a lo que invirtió inicialmente. Hay una información pública, completa y comprensible para el inversor minorista, o retail, sobre las características que tiene el producto. En definitiva, no son productos derivados.

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Cómo saber que un producto es complejo

Manteniendo el mismo hilo la siguiente cuestión hay que preguntarse es cómo saber que estoy contratando un producto complejo en mi cartera de inversión. Pues bien, estos se caracterizan por no reunir las características anteriores que acabamos de comentar. Podemos encontrarnos desde productos estructurados hasta participaciones preferentes, sin ir más lejos.

La normativa pretende proteger al máximo al inversor minorista, y con ello intenta evitar que productos complejos, que pueden ser difíciles de entender, se puedan comercializar en masa, como fue el caso de las preferentes antes de que se desencadenara la crisis en España.

Ahora lo que los expertos recomiendan es recibir un asesoramiento externo a tu entidad habitual, además de recibir la máxima información posible para conocer dónde estas metiendo tu dinero. 

A ello hay que unirle que la norma obliga ahora a todas las entidades a establecer controles efectivos para clasificar de forma correcta a sus clientes, y asegurarse de que reciben toda la información necesaria para que sepan qué están contratando en cada instante. Una manera de evitar que contrates productos complejos.

Los bancos y entidades financieras tienen la obligación de evaluar a la conveniencia mediante un test que el cliente debe hacer, con el fin de saber sus conocimientos y experiencia en la operativa sobre los productos. Cuando el resultado del test es “no conveniente”, el cliente puedo contratar el producto, pero ha de escribir de su puño y letra (o teclear) que lo es complejo y se considera no conveniente para él o ella. 

En esta línea, también hay que tener en cuenta el papel de la CNMV, puesto que tiene facultades supervisoras y sancionadoras. Son habituales sus multas a entidades financieras por deficiencias en los procesos de comercialización de sus productos.

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