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Los progresistas y los conservadores procesan la empatía y el asco de manera diferente

Donald Trump
Reuters/Win McNamee
  • Puede que la noción del progresista compasivo no sea correcta: los conservadores expresan tanta empatía como los progresistas, pero los estudios indican que, en general, los conservadores tienden a dirigirla hacia círculos sociales más pequeños.
  • En dichos estudios, los votantes progresistas mostraban menos remilgos hacia imágenes consideradas “repugnantes”.
  • Sin embargo, hay más posibilidades de que una persona socialmente conservadora huya de una imagen que le resulte asquerosa y se quede mirando más tiempo a un rostro que manifieste repulsión por algo. Esto sugiere que tal vez sean menos tolerantes hacia agentes patógenos y grupos externos.

En Estados Unidos las batallas políticas a menudo se ilustran como un choque entre “progresistas sensibleros” y conservadores defensores del mantra de “sácate tú mismo adelante”.

Los votantes de partidos opuestos ven ciertas cuestiones de manera diferente, pero ¿implica eso que progresistas y el conservadores procesen el mundo que les rodea a través de ópticas emocionales distintas?

Los científicos están empezando a delimitar una serie de diferencias clave en lo que respecta a cómo personas en puntos opuestos del espectro político reaccionan estímulos externos. Una serie de nuevos estudios, algunos de los cuales están aún en proceso de revisión, exploran las sutiles diferencias entre conservadores y progresistas a la hora de responder a ciertas imágenes y pensar en su familia y amigos.

A los conservadores no les gustan las cosas asquerosas

Un estudio divulgado en enero en la publicación especializada Behavioural Brain Research sugiere que es posible distinguir si una persona es conservadora o progresista simplemente por su forma de reaccionar a imágenes de cosas desagradables como la sangre, las heces o el vómito.

Los autores concluyeron que los estudiantes de tendencia social conservadora apartaban la mirada de imágenes “asquerosas” con mayor rapidez que aquellos de mentalidad progresista (aunque esto no aplica a aquellas personas que tienen una postura conservadora desde el punto de vista fiscal). Los que se consideraban a sí mismos como conservadores sociales también se quedaban mirando durante más tiempo a imágenes de caras con expresión de repulsa hacia los mismos agentes patógenos.

Muestras de sangre
AP

Sin embargo, no se detectaron diferencias notables en el modo en que la gente reaccionaba a escenas de miedo o tristeza según su inclinación política.

Los científicos sociales saben desde hace años que los conservadores sienten asco con mayor facilidad. El presidente Trump, conocido por su fobia a los gérmenes y por haber defendido la desaparición del apretón de manos, tal vez sea un ejemplo excelente. También existen pruebas de que las zonas del cerebro que procesan y expresan el miedo son más activas en los votantes conservadores, haciendo que sea más probable que estos se alejen de algo que pudiera hacerlos enfermar.

Los estudios también muestran que las personas que se identifican como conservadoras pueden ser más hostiles hacia lo que en ciencias sociales se denominan “grupos externos”: personas (o animales) que no proceden de lugares donde se actúa o piensa como ellos. Esa característica puede estar relacionada con la tendencia a sentir repulsión con mayor facilidad (si es probable que huyas de un patógeno, también es probable que muestren aversión hacia grupos desconocidos).

“Los conservadores, con su tendencia hacia el orden, la estabilidad y lo cerrado, dirigirían su empatía hacia círculos sociales más pequeños y definidos y menos permeables”, escribían los psicólogos Adam Waytz y Jesse Graham junto a otros compañeros del gremio en el libro de 2016 La psicología social de la polarización política. 

“Los progresistas, con su tendencia hacia la apertura, la tolerancia, la ambigüedad y el deseo de cambio, buscarían círculos sociales más grandes, permeables y menos definidos”, afirmaban.

Puede que los progresistas no sean más compasivos que los conservadores, pero expresan su simpatía de forma distinta

Los nuevos estudios acerca de la compasión están desmontando el mito de que los votantes progresistas son intrínsecamente más bondadosos que los conservadores. De hecho, estudios anteriores han concluido que conservadores y progresistas son igual de generosos con su dinero y tiempo, simplemente lo reparten de maneras diferentes.

Abrazo
Stephen Maturen/Getty Images

Parte de las próximas investigaciones de Waytz brindan más pruebas de que los conservadores pueden ser tan compasivos como los progresistas. Sus resultados sugieren que los conservadores simplemente pueden ser más dados a extender esa empatía a otros en su grupo.

En un estudio inédito, los participantes indicaron primero si se consideraban “muy conservadores” o “muy progresistas” en una escala de 1 a 7. Después se les pidió que expresaran cuánta empatía sentían hacia grupos distintos. Los conservadores solían mostrarse de acuerdo con afirmaciones del tipo “a menudo tengo sentimientos de cariño y preocupación por miembros de mi familia que tienen menos suerte que yo”.

Los progresistas aseguraron con mayor frecuencia sentir esa ternura hacia gente menos afortunada en general, más allá de sus propias familias.

Los conservadores también solían decir a los investigadores que sentían más empatía hacia sus familiares que hacia sus amigos, apoyaban a sus compatriotas frente a los extranjeros y se posicionaban del lado de las personas frente a sujetos no humanos.

Estos estudios sugieren que cualquiera puede sentir compasión; simplemente puede que los conservadores sean un poco más selectivos a la hora de escoger a quién se la muestran.

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