10 farmacéuticas están trabajando juntas para desarrollar un tratamiento con la sangre de los pacientes recuperados de COVID-19 y planean comenzar las pruebas en humanos el próximo mes

Un paciente de COVID-19 dona plasma
Associated Press
  • Las posibles vacunas contra el coronavirus tardan mucho tiempo en desarrollarse. Mientras tanto, la búsqueda de tratamientos con COVID-19 está en pleno desarrollo.
  • 10 compañías biofarmacéuticas—incluyendo Takeda, el mayor fabricante de medicamentos de Japón—están colaborando para avanzar en una terapia basada en el plasma.
  • Las compañías esperan comenzar las pruebas en humanos en julio, terminar el ensayo en otoño y obtener la aprobación para finales de año. Si funciona, el tratamiento puede ayudar a combatir una segunda ola del virus.
  • La coalición está buscando voluntarios que se hayan recuperado de COVID-19 para donar plasma. 
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Una coalición de 10 compañías biofarmacéuticas tiene como objetivo tener una terapia de COVID-19 basada en plasma lista a tiempo para una potencial segunda ola del coronavirus a finales de este año. 

El tratamiento experimental se llama globulina hiperinmune, una forma más estandarizada de la tradicional transfusión de plasma de convalecientes. El fármaco está hecho a partir de la sangre rica en anticuerpos de los supervivientes del coronavirus. Las compañías esperan que esto ayude a los pacientes enfermos a combatir el virus y a recuperarse con una respuesta inmunológica reforzada.

El grupo de farmacéuticas tiene como objetivo comenzar las pruebas en humanos en julio, terminar el estudio en otoño y obtener la aprobación de las autoridades reguladoras a finales de año.

En la carrera por crear tratamientos para el COVID-19, el tratamiento del grupo podría estar entre los primeros disponibles. Varios anticuerpos terapéuticos también están entrando en ensayos clínicos este verano, con el objetivo de estar listos este otoño. 10 candidatos a vacunas están ahora en pruebas con humanos, con 123 más en las primeras investigaciones. Mientras que los principales esfuerzos de vacunas apuntan a un uso de emergencia este otoño, las cantidades serían muy limitadas y queda por ver si alguno de los primeros candidatos tendrá éxito.

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Recurrir al plasma para tratar las infecciones...

El uso de plasma de convaleciente como tratamiento ha existido durante décadas, desde la pandemia de gripe de 1918. Es una teoría simple: tomar la porción rica en nutrientes de la sangre de las personas recuperadas y usarla en los enfermos. El plasma debe proporcionar un impulso de anticuerpos que combatan el virus.

El beneficio del plasma de convaleciente sigue siendo teórico en COVID-19, con ensayos en curso para probar la idea. Pero incluso si el plasma de convaleciente funciona, su impacto será limitado. El suministro está limitado a la cantidad de plasma donado disponible. El donante y el receptor también deben tener tipos de sangre compatibles, y la transfusión tiene que hacerse rápidamente después de la donación para obtener el máximo beneficio.

La globulina hiperinmune es diferente. El grupo de farmacéuticas está convirtiendo esas infusiones de plasma de convaleciente en un fármaco. Los científicos purifican el plasma para centrarse en un tipo específico de anticuerpo llamado IgG. Este proceso le da la consistencia al medicamento de la que carecen las infusiones de plasma.

"El plasma de convaleciente no es un fármaco", dice Christopher Morabito, el jefe de investigación y desarrollo de terapias basadas en plasma en Takeda. "Varía de un lote a otro. El plasma de una persona es diferente del de otra en una variedad de formas". 

Takeda, la mayor compañía farmacéutica de Japón, ha liderado esta coalición internacional junto con CSL Behring, una biofarmacéutica con sede en Pennsylvania. Otras compañías involucradas incluyen biotecnológicas más pequeñas como ADMA Biologics, Octapharma y Sanquin.

En circunstancias normales, estas compañías serían rivales y desarrollarían productos competidores. Pero frente a una pandemia, están trabajando juntas para acelerar su investigación.

El grupo pretende comenzar a probar su globulina hiperinmune en un ensayo internacional en julio.

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Apostar por los tratamientos COVID-19 mientras se espera una vacuna

Christopher Morabito, director de investigación en Takeda.Christopher Morabito, director de investigación en Takeda.
Christopher Morabito, director de investigación en Takeda.
Takeda

Los programas de vacunas más rápidos, dirigidos por Moderna, Pfizer, y AstraZeneca, han hecho flotar la posibilidad de uso de emergencia este otoño. Pero, incluso si esos esfuerzos tienen éxito en los ensayos con humanos, estarán severamente limitados por el número de dosis disponibles.

Sin una vacuna ampliamente disponible para el 2020, la necesidad de una terapia efectiva se perfila como algo muy importante. Muchos epidemiólogos temen que una segunda ola del virus comience este otoño, lo que podría verse agravado por la temporada de gripe. 

"Nuestra meta aquí no es continuar produciendo globulina hiperinmune ad infinitum", revela Morabito. "Nuestra meta aquí es tener una terapia efectiva para tender un puente hasta un punto en el que la pandemia termine porque se extingue o porque haya una vacuna disponible o hasta que haya muchos tratamientos más efectivos para los pacientes con esta enfermedad".

Los tratamientos basados en el plasma no están solos en el proyecto COVID-19. La mayoría de las principales farmacéuticas ahora tienen programas de investigación específicos para el coronavirus. Por ejemplo, se espera que los anticuerpos de Eli Lilly, Regeneron, Vir Biotechnology y AstraZeneca comiencen a ser probados en humanos este verano.

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Una inusual coalición para hacer frente a la pandemia 

Takeda

Takeda, un fabricante de medicamentos de 57.000 millones de dólares, fue una de las primeras compañías farmacéuticas en anunciar públicamente planes para un tratamiento de COVID-19. El 4 de marzo, sus ejecutivos esbozaron planes para desarrollar TAK-888, una globulina hiperinmune. Inicialmente, los directivos estimaron que llevaría entre 9 y 18 meses para llevarlo al mercado.

Durante el siguiente mes, Takeda se dio cuenta de que no sería lo suficientemente rápido, explica Morabito. Junto con CSL Behring, el dúo formó una alianza de plasma para trabajar juntos en un fármaco sin marca. Ese grupo se lanzó con cuatro compañías a principios de abril, y se expandió a 10 fármacéuticas en mayo.

Ahora, esa coalición se ha expandido una vez más para trabajar junto a un grupo de médicos enfocados en plasma convaleciente. Los dos grupos han lanzado una campaña—llamada "La lucha está en nosotros"—para impulsar las donaciones de plasma para ambos proyectos. Están trabajando con bancos de sangre a nivel nacional, aseguradoras de salud y grupos de pacientes de COVID-19 como Survivor Corps para conseguir que más pacientes recuperados donen sangre.

Las globulinas hiperinmunes se construyen a partir de plasma donado. La cantidad de plasma disponible determinará la cantidad de fármaco que la coalición puede hacer, señala Morabito. Las compañías creen que pueden recolectar mucho más plasma trabajando juntos que compitiendo por las donaciones. 

Para la industria farmacéutica ultra competitiva y ultra secreta, el esfuerzo de colaboración ha unido a algunas compañías rivales.

Pero no todas las compañías están participando. Emergent BioSolutions, una biofarmacéutica con sede en Maryland, y la farmacéutica española Grifols están trabajando en sus propios productos.

Mirando hacia un mundo post-COVID, Morabito dice que se sentirá decepcionado si el nivel de cooperación no persiste.

"La sorpresa aquí es lo dispuesta que está la gente a colaborar y a derribar las barreras competitivas que han estado entre nosotros durante tanto tiempo y a compartir información libremente", señala.

Este artículo fue publicado originalmente en BI Prime.

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