El SARS es clave para saber cuáles serán las aterradoras consecuencias a largo plazo de los pacientes de COVID-19

A coronavirus patient is monitored by medical staff at the Department of Rehabilitative Cardiology in Genoa, Italy, on July 22, 2020.
Marco Di Lauro/Getty Images
  • Las investigaciones sobre los pacientes de SARS muestran que muchos sufrieron síntomas como fatiga crónica años después de infectarse. 
  • Los médicos están vinculando de manera similar la fatiga crónica con los síntomas persistentes de COVID-19.
  • No está claro durante cuánto tiempo pueden permanecer estas molestias, ya que la investigación sobre el SARS desapareció antes de que se desarrollasen tratamientos. 
  • Un investigador sobre de la enfermedad piensa que algunos pacientes con síntomas persistentes de COVID-19 no podrán volver a trabajar.
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Las pistas estaban ahí. En los años posteriores a la aparición del SARS, las investigaciones mostraron que muchos pacientes no se habían recuperado después de pasar entre 6 meses y un año sufriendo la enfermedad. Concretamente, algunos sentían debilidad muscular y tenían los pulmones dañados.

Un estudio de 2011 a 109 pacientes de SARS en Toronto halló que la mitad no había vuelto al trabajo un año después de salir de la UCI, y otra investigación de 2009 en Hong Kong reveló que más del 40% de los pacientes tenían fatiga crónica años después de contagiarse.

De la misma forma, muchos enfermos de COVID-19 han tenido síntomas durante varios meses. En julio, Business Insider habló con 17 de ellos (que sudrían la dolencia desde hace más de 100 días). Investigadores italianos han evaluado recientemente a 179 pacientes dos meses después de que mostrasen los primeros síntomas y hallaron que un 44% había perdido calidad de vida. Muchos sufrían aún de fatiga, falta de aliento, dolores musculares y en el pecho.

El nuevo coronavirus es similar genéticamente al SARS: los dos comparten el 80% de su código genético y pertenecen a la familia de los coronavirus, lo que incluye cientos de virus que circulan, mayoritariamente, entre animales. 

Una investigación reciente da pistas sobre el futuro de los enfermos de COVID-19 a largo plazo.

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"Uno puede anticipar —y esto es una predicción— que una parte significativa de la población que trabajaba cuando se contagió del coronavirus podría no volver a trabajar", explica a Business Insider el doctor Harvey Moldofsky, un profesor de la Universidad de Toronto que estudió a los pacientes de SARS.

Pero será crucial esta vez que se establezca una investigación a largo plazo para hacer un seguimiento —no como sucedió con el SARS—. 

Los síntomas del SARS mostraron una persistencia temprana

El brote del SARS se contuvo en julio de 2003, menos de 4 meses después de que fuera identificado por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Hasta entonces había 8.100 infectados y 774 fallecidos en todo el mundo. El brote se limitó, salvo excepciones, a China.

Unos 4 años después, Moldofsky empezó a estudiar a un pequeño grupo de sanitarios que se había infectado de SARS en Toronto. En ese momento, según él, no había "ningún interés" en la investigación del SARS, así que hizo su estudio sin fondos.

"Nadie quería apoyarlo porque no había ningún incentivo para estudiar una enfermedad que ya había desaparecido", cuenta a Business Insider Amesh Adalja, alumno del Centro Universitario Johns Hopkins para la seguridad sanitaria. "Si hubiéramos tenido alguna medida clara contra el SARS en 2003, estaríamos mucho mejor".

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Después de estudiar al grupo de sanitarios durante dos años, Moldofsky halló semejanzas entre los pacientes de SARS y los de fatiga crónica. "Algunos de los sanitarios salieron y entraron en el hospital durante varios años", añade.

"Se recuperaron de la enfermedad pero seguían mostrando síntomas", explica.

Su investigación también identificó un conjunto de dolenciasfatiga persistente, dolor muscular, debilidad y sueño no reparador— en los pacientes de SARS. Así, estableció una nueva condición: el síndrome post-SARS crónico.

"Demostramos que este era un grupo distinto de gente, similar a los pacientes de fibromialgia, pero sin tanto dolor", indica.

Pero después de publicar el artículo en 2011, este cayó en una "oscuridad relativa", al igual que el resto de investigaciones sobre este tipo de coronavirus.

Aún así, Moldofsky estaba convencido de que su descubrimiento tenía implicaciones importantes para futuras pandemias. Y tenía razón.

Los investigadores están ahora concentrándose en un diagnóstico para los pacientes que se recuperan de COVID-19 en condiciones similares a las que el experto definió para los de SARS.

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"Al igual que sucedió después del brote de SARS, una parte de los pacientes afectados por COVID-19 desarrolla síndrome post-viral", explicaron investigadores de la Universidad de Manchester en junio. Así, describieron la condición como un "estado a largo plazo de fatiga crónica" en la que los pacientes experimentaban solor adicional o se les nublaba la mente después de actividad física.

Los datos de la recuperación de COVID-19 son limitados

Casi 22 millones de personas se han infectado con el coronavirus en todo el mundo y más de 776.000 han fallecido. Unos 13,7 se han recuperado, pero en muchos casos, esa clasificación solo significa que ha dejado el hospital.

"Estos números no muestran lo que está pasando", dice Moldofsky. Además, añade que la categoría "recuperado" es muy baja.

Cuando empezó la pandemia, el Centro para el Control y la Precención de Enfermedades de Estados Unidos dijo que los síntomas de coronavirus solían durar unos 14 días, mientras que la OMS decía que la recuperación podría durar hasta 6 semanas en los pacientes en estado más crítico. Hace poco, ambas agencias han reconocido que la COVID-19 podría tener síntomas a largo plazo pero ninguna ha dado un tiempo determinado.

El director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas en EEUU, Anthony Fauci, dijo en julio que "podría llevar hasta un año el determinar si hay consecuencias a largo plazo de la infección".

Esa incertidumbre significa que los pacientes que ya llevan sufriendo los síntomas de la COVID-19 durante meses no tendrán ninguna respuesta concluyente de los médicos.

"Nos estamos diagnosticando los unos a los otros", cuenta a Business Insider Peggy Goroly, una mujer de 56 años natural de Long Island que forma parte del grupo de apoyo de Facebook. "Oyes la experiencia de otra persona y te das cuenta de que eso también te pasa a ti".

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Goroly lleva enferma desde el 5 de marzo, con síntomas como la fatiga, falta de aliento, la mente nublada y palpitaciones cardiacas. Otros del grupo de apoyo dicen que han estado entrando y saliendo de urgencias. Algunos se enfrentan al desempleo y están considerando solicitar la discapacidad, o lo están pasando mal para cuidar a sus hijos o familiares.

"Desafortunadamente, habrá un pequeño grupo de personas para quienes estos síntomas se conviertan en algo crónico con el que se esté tratando durante años", explica a Business Insider el doctor Nate Favini, el responsable de Forward, una práctica de atención primaria que recoge datos sobre pacientes con coronavirus en todo el país.

Paralelo a la fatiga crónica

Un grupo creciente de médicos, en los que se incluye Fauci vincula los síntomas a largo plazo de coronavirus con la fatiga crónica, que normalmente conlleva deterioro cognitivo, dolor muscular y una falta de energía.

"Se comenta en la comunidad médica que la fatiga crónica podría aparecer después del coronavirus", dice Favini. 

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El expresidente del Real Colegio de Psiquiatría, Simon Wessely, dijo en declaraciones a New Scientist en abril que el predijo que la pandemia podría hacer que hubiese "muchos casos de fatiga crónica post-infección".

Un estudio de 2009 en Hong Kong halló tendencias similares a largo plazo entre los pacientes de SARS: en un grupo de 233 pacientes, el 27% tenía fatiga crónica.

Hay varias posibles razones para estos problemas de salud a largo plazo entre los pacientes de coronavirus. En algunos casos estos podrían desarrollar coágulos de sangre, lo que contribuiría al sentimiento de fatiga.

"Si la gente tiene pequeñas gotas en sus pulmones, eso podría causar fatiga a largo plazo —incluso si las gotas ya no están —, al tener coágulos de sangre", dice Favini.

Una respuesta inmune agresiva al virus también podría desencadenar una inflamación en el cuerpo que dañe el tejido sano.

"Tienes que separar el daño de la enfermedad", explica a Business Insider el doctor Ramzi Asfour, un especialista en enfermedades infecciosas en Marin County, California. "Los síntomas probablemente vienen de una reacción inmune".

Cualquiera de estas respuestas podría dañar el sistema nervioso, resultando en agotamiento, debilidad muscular o problemas de concentración o sueño.

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En su estudio de 2011 sobre pacientes de SARS, Moldofsky halló pruebas de que el virus había cruzado las barreras hematoencefálicas de los pacientes, lo que dio lugar a problemas neurológicos de larga duración que perturbaban el sueño y la cognición. El médico piensa que el nuevo coronavirus funciona de una manera similar.

"Es una enfermedad inflamatoria que está interfiriendo con la conducción de las vías normales del sistema nervioso", dice Moldofsky.

Algunos síntomas aún desconciertan a los médicos

Un gran desafío a la hora de estudiar los efectos de la COVID-19 — además de la falta de datos a largo plazo — es que los pacientes que están enfermos pueden parecer sanos.

"Si ves los resultados de mis pruebas, parece que estoy sana como una manzana, pero mis síntomas no se corresponden", cuenta a Business Insider Cheyenne Beyer, una paciente de coronavirus de 27 años natural de Austin, Texas. "Prácticamente todos los médicos a los que he ido han intentado diagnosticarme ansiedad".

Moldofsky dice que ahora pasa lo mismo que en 2011: "No sabemos qué hacer con los pacientes. Se quejan de que están enfermos, pero no lo están. No podemos encontrar nada que esté mal en ellos".

Los médicos estaban confusos con las persistentes y misteriosas dolencias de los pacientes de SARS, añade, ya que sus resonancias magnéticas no mostraron daños en el sistema nervioso.

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"No tenían ni idea de por qué estaban así. Nadie podía darles una explicación", dice el médico.

Los pacientes no respondieron al tratamiento.

"Intentaron de todo", incide. "Fisioterapia, terapia ocupacional. Tenían psicólogos tratándoles y no pasó nada".

Moldofsky añadió que ha escuchado que los sanitarios que estudió en 2011 aún no están bien.

"Esto va a pasar durante años, ahora que están afligidos y no pueden volver a sus deberes".

Pero él no consiguió fondos para un estudio de seguimiento.

Los médicos empiezan a buscar respuestas

A medida que más pacientes de coronavirus sufren secuelas a largo plazo, los científicos han empezado a investigar estos síntomas persistentes. Investigadores del King's College London están estudiando si algunos factores genéticos a medioambientales podrían desencadenar el síndrome post-COVID. En mayo, una cualición de científicos de la Fundación de Medicina Abierta empezó una investigación sobre la fatiga crónica que se prevé que dure varios años.

La representante en el Congreso por Maryland Jaimie Raskin, ha copatrocinado un proyecto de ley que pide 15 millones de dólares (12,5 millones de euros) de financiación anual hasta 2024 para apoyar la investigación de los casos de fatiga crónica relacionados con la COVID.

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Pero Moldofsky defiende que muchos médicos aún están perdidos a la hora de ayudar a sus pacientes ahora mismo.

"Los epidemiólogos siempre están buscando por una respuesta corta y rápida porque tienen muestras de cientos de miles de personas", explica. "Pero los síntomas no son objetivos, son subjetivos".

Aún así, espera que la importancia de esta pandemia asegure fondos para los tratamientos a los pacientes con síndrome post-COVID.

"Cuando mejor entendemos de los que va esta enfermedad — cómo afecta los órganos del cuerpo, el cerebro, el corazón, los riñones, el hígado —, habrá soluciones específicas disponibles", dice Moldofsky. "Es una esperanza y soy optimista".

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