Lo quieran los profesores o no, ChatGPT ya está aquí: por qué muchos creen que hay que adoptar la IA en lugar de rechazarla

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  • La irrupción de ChatGPT, una IA capaz de producir texto de manera automática, ha generado inquietud entre profesores de todo el mundo que se han apresurado a censurar la herramienta.
  • Esta, sin embargo, ya es una realidad, lo que ha llevado a voces tan autorizadas como la de Sam Altman, el CEO de OpenAI, a invitar a los docentes a que se adapten a ella: así lo están haciendo algunos.

Anda el patio del sector educativo revuelto, y no es para menos. Desde la irrupción el pasado mes de noviembre de ChatGPT, la IA capaz de generar textos correctos gramaticalmente (la mayoría de las veces) y originales. Dado que lo logra de manera automática con apenas un par de consignas, no pocos se preguntan cómo manejar algo así en las aulas.

Hay quien, para empezar, ha decidido cortar por lo sano. Es el caso del estado de Nueva York, que a principios de este año, una vez llegó a oídos de los legisladores las capacidades de este invento de OpenAI, decidió prohibir el acceso de sus alumnos a esta herramienta.

La prohibición, claro, tiene truco: los alumnos neoyorquinos han visto cortado el acceso a la web de OpenAI desde los dispositivos escolares, pero esta vuelve a quedar a su disposición cuando llegan a sus casas. ¿Cómo prohibir, por tanto, que un alumno redacte un trabajo escolar a través de ChatGPT desde la comodidad de su hogar? Ni el estado de Nueva York ni nadie tienen todavía respuesta a esa pregunta.

Sam Altman, CEO de OpenAI, ha invitado de hecho a los docentes a que depongan las armas y sellen la paz con ChatGPT: "Vamos a integrar funciones como marcas de agua para que los profesores puedan identificar más fácilmente textos salidos de la IA. Pero, honestamente, quien quiera saltarse esta restricción lo va a terminar haciendo", comentó en una reciente entrevista.

"Las calculadoras cambiaron lo que se evalúa en las clases de Matemáticas, y Google restó importancia a la necesidad de memorizar. Los modelos de deep learning son una versión más extrema tanto es sus potenciales riesgos como en sus potenciales beneficios", añadió.

Básicamente, Altman vino a decir que, bien integrada en el aula, ChatGPT puede hacer mucho más bien que mal entre los alumnos. Sus palabras, sin embargo, han caído en muchos casos en saco roto. Desde hace al menos un mes, colegios y universidades de todo el mundo, también en España, están buscando la manera de impedir el uso de una tecnología que, entienden, fomenta prácticas deshonestas entre los estudiantes.

Es el caso, solo en EEUU, del distrito unificado de Los Ángeles y de las escuelas públicas de Seattle y Baltimore. Fuera del país norteamericano, diversas jurisdicciones de Australia están tratando de prohibir el acceso a ChatGPT.

La tendencia ha llegado incluso al ámbito universitario. El Instituto de Estudios Políticos de París, Francia, y la Universidad RV de Bangalore, en la India, se encuentran también entre los enemigos declarados de OpenAI.

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En España, un docente del grado de Ingeniería de Software de la Universidad de Sevilla declaraba la semana pasada en la cadena Cope que usar ChatGPT equivale a copiar de un compañero. En el otro lado de la trinchera se encuentran profesores como Cristina Juesas, experta en comunicación y profesora en el DigiPen Institute of Technology de Bilbao. 

Con sede en EEUU, la institución nació a finales de los 80 de la mente Claude Comair, uno de los fundadores de Nintendo. Hoy, parte de sus instalaciones en Bilbao, en ella se imparten estudios relacionados con el desarrollo de videojuegos y las nuevas tecnologías aplicadas al diseño y la animación.

En este contexto, la misión de Juesas este cuatrimestre es hacer digerible a sus alumnos cuestiones que tienen que ver con la propiedad intelectual y la ética. 

Puesta, por tanto, en la incómoda tesitura de tener que tomar una decisión sobre cómo tratar todo lo relacionado con OpenAI, Juesas tomó una decisión contraria a la que tomarían otros muchos: en vez de cerrar los ojos o esconder la cabeza, miró de frente al problema que supone ChatGPT.

Y lo vio claro: si no puedes con el enemigo, únete a él. O haz que se una a ti, que en este caso viene a ser lo mismo.

"Profe, tenía preparadas 3 inteligencias artificiales para engañarla"

Cristina Juesas imparte una clase sobre Comunicación.
Cristina Juesas imparte una clase sobre Comunicación.

Cristina Juesas

"Si yo ya le pido a ChatGPT que me escriba correos electrónicos, ¿qué sentido tiene que le prohíba usar algo así a mis alumnos?", comienza explicando Juesas a Business Insider España por teléfono.

La docente fue incluso más allá en su reflexión

Si ella, madre de adolescentes, había visto a sus hijos en el colegio preguntarse anonadados cómo era posible que sus profesores no supieran que una simple revisión del código fuente les daba las respuestas a los exámenes presentados en formularios de Google, ¿qué no tendrían preparado para ella futuros diseñadores y programadores de videojuegos?

"Cuando nosotros vamos, ellos han ido y han vuelto varias veces. Siempre está la posibilidad de obligarles a escribir a mano, pero incluso en esas pueden copiar de cualquier parte", resume Juesas. La confirmación de sus sospechas llegó cuando, tomada la decisión de permitirles usar ChatGPT, un alumno de su clase, con la honestidad que da a veces la juventud, le reconoció sus planes.

"Profe, menos mal que deja usarlo. Tenía ya preparadas 3 inteligencias artificiales distintas para que no se notara".

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La manera que ha tenido Juesas de integrar ChatGPT en realidad no tiene demasiado misterio. La docente divide sus largas sesiones de 3 horas en 3 partes: una parte teórica, otra parte dedicada a la investigación y, finalmente, una última parte dedicada a compartir conclusiones.

Es en la parte de la investigación en la que ahora pueden usar ChatGPT. Eso sí, tratándose de asignaturas que hablan de ética y propiedad intelectual, pueden hacerlo solo con una condición: deben revelar las fuentes de su información, es decir, deben atribuir a ChatGPT lo que sea de ChatGPT.

"Lo que quiero es que aprendan a investigar. ¿Es importante la Semiótica? Seguro. ¿Les servirá para toda la vida? Sin duda. Pero lo que quiero es que aprendan a buscar la información, que cuando se les olvide el caso concreto sepan dónde y cómo buscarlo", comenta la docente.

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Juesas no está sola en su empeño de integrar ChatGPT en sus clases. En un reciente artículo publicado en The Conversation, Carlos de Aldama, profesor e investigador especializado en Psicología del Pensamiento y de la Educación de la Universidad Complutense de Madrid, se mostraba también abierto a su utilización.

"Una tercera vía [distinta de prohibirlo o abrir descontroladamente su uso] sería reflexionar acerca de las posibilidades que ofrece ChatGPT para promover aprendizajes significativos. ¿Se podría utilizar esta herramienta para aprender más y mejor? ¿Podría su uso incentivar la creatividad de las y los estudiantes, en vez de atrofiarla? ¿Se podría utilizar para mejorar el pensamiento, en una suerte de cognición o mente extendida?", se pregunta Aldama.

Y concluye: "Si todavía no nos convencen las posibilidades que ChatGPT ofrece, descifrar qué fragmentos de este artículo han sido escritos por este chatbot y cuáles no puede ser un ejercicio útil. Quizá esta no sea la herramienta definitiva, pero lo serán otras. De nosotros depende formar parte del cambio o tratar, en vano, de impedirlo".

Consultado por el medio 20 minutos, muy en la línea de Juesas, Federico Peinado, profesor de Informática de la Universidad Complutense de Madrid, apuesta también por integrar la herramienta, aunque sin olvidar nunca sus limitaciones.

A saber: el hecho de que, por el momento, solo recoge información hasta 2021 y la circunstancia de que la máquina, de cuando en cuando, tiende a alucinar, es decir, a armarse tal lío conectando su información que su respuesta, antes que revelar una verdad imprecisa, es una mentira considerable.

Ilustración robot escribiendo

Son inconvenientes que quienes conocen de verdad y de cerca esta tecnología tienen muy en cuenta. Es el caso de David Hurtado, empleado desde hace más de 20 años de Microsoft, la empresa que está dispuesta a poner sobre la mesa 10.000 millones de dólares para integrar la IA en su tecnología, y profesor en The Valley Digital Business School.

"¿Que si me da miedo que mis alumnos usen ChatGPT? Claro que sí, porque pueden hacer pasar por suya una respuesta que no lo es sin cambiarle nada. Lo que pasa es que soy poco partidario de prohibir. Yo creo que tiene que cambiar el modelo educativo", comenta el experto.

"Básicamente ya no podemos evaluar en base al contenido porque este lo ha podido hacer una máquina. Yo lo uso mucho y lo enseño porque creo que hay que conocerlo. Además, hay mucha curiosidad en torno a la IA porque cada vez aparatos o la llevan ya o la van a llevar". 

Hurtado tiene claro en todo caso que son más los beneficios que los potenciales riesgos.

"Jugamos con la IA en clase, hacemos pruebas, les pido casos de uso. Yo hasta lo ha usado con mi hijo, que está aprendiendo programación. La máquina no solo le resuelve los problemas, sino que se los explica. Es genial para aprender". 

Dentro de su optimismo tecnológico, Juesas reconoce, por otra parte, que el de los docentes como ella es un contexto especialmente privilegiado para algo así: alumnos en edad universitaria, motivados, expertos en tecnología y con tiempo por delante para investigar.

"Hay asignaturas que lo tienen mucho más difícil para integrar una herramienta así. Por ejemplo, los profesores que enseñan a dibujar a los diseñadores no sé cómo lo podrían hacer".

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Estas dificultades no impiden que la prueba de Juesas esté generando cierta expectación entre sus compañeros: "La idea tuvo muy buena acogida, me siento muy arropada. Todos están esperando a ver qué tal nos va para ir ellos detrás".

Y por ahora la verdad es que no les va del todo mal.

"En las pocas clases que llevamos, la experiencia es muy positiva. Nuestras asignaturas tocan temas de Derecho, de Sociología, de Política... Es una información que a veces puede ser muy farragosa y compleja. Ahora tienen una herramienta que se lo sintetiza y les da ejemplos y que incluso es capaz de darles más ejemplos si el primero no les gusta", explica Juesas.

"A ellos les gusta. Y, honestamente, lo iban a usar hiciera lo que hiciera yo". 

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