Así pueden los videojuegos ayudar a salvar al planeta, según la arquitecta de la alianza formada por las grandes compañías del sector para luchar contra el cambio climático

Dr. Trista Patterson, lead economist at UNEP partner GRID-Arendal, is the author of the original "Playing For The Planet" report.
Trista Patterson
  • El año pasado, más de una docena de empresa de videojuegos anunciaron una alianza para combatir el cambio climático en Nueva York. 
  • "Praying for the planet" se creó con el objetivo de unir a las empresas para compartir conocimientos y comprometerse a reducir las emisiones y fomentar acciones respetuosas con el planeta entre la comunidad de jugadores. 
  • La Doctora Trista Patterson, autora del estudio habló con Business Insider sobre todo el progreso conseguido desde su debut el pasado septiembre, por qué se formó esta iniciativa y todo lo que se avecina en la industria. 
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El pasado 23 de septiembre de 2019, 14 CEO de algunas de las empresas de videojuegos más grandes del mundo unieron sus manos para formar una alianza en la sede de la ONU en Nueva York. 

Aunque muchas son grandes rivales —como Sony y Microsoft— la alianza Playing For The Planet quiere que todas esas empresas y personas trabajen juntas para promover la sostenibilidad y movilizar a los 2.300 millones de personas en todo el mundo que disfrutan de los videojuegos para combatir el cambio climático.

Entre los compromisos básicos se ha acordado frenar las emisiones de CO2, plantar árboles, encontrar formas de promover la conservación de energía y hacer que el simple acto de comprar o vender un juego sea más sostenible. 

"Esta alianza ha permitido a los CEO realizar declaraciones más convincentes sobre el cambio climático", apunta la doctora Trista Patterson, economista de la ONG GRID-Arendal con sede en Noruega. Patterson es la autora de Playing For The Planet y cofundadora de la alianza.  

"Esto significa que la propia plantilla puede presentar ideas sobre ahorros de energía en juegos o si los desplazamientos están afectando a las operaciones. Este sector es enormemente competitivo y los juegos son competitivos por naturaleza", explica. 

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Las empresas de la alianza están experimentando con diferentes formas de involucrar a los jugadores para que sus acciones en el juego tengan consecuencias en el mundo real: Minecraft, por ejemplo, título al que juegan más de 100 millones de personas cada mes, desafió a los jugadores a crear sus propios arrecifes de coral. En solo dos días, los jugadores colocaron 10 millones de bloques e hizo que se hiciera una donación a The Nature Conservatory para ayudar a proteger estos arrecifes.

Lo más curioso es que muchos de los arrecifes creados por los usuarios se recrearon en con estructuras Biorock, las cuales se reparan automáticamente y ayudan a proteger el medio ambiente contra el calentamiento global. 

Cómo surgió la alianza

El estudio, escrito por Patterson, examinó el impacto potencial de la industria del videojuego para abordar el cambio climático. 

"Fue parte de un esfuerzo dirigido por la unidad de educación de Nairobi para ONU Medioambiente", cuenta Patterson a Business Insider. "La cuestión principal era encontrar formas más baratas para aumentar la conciencia climática en una población más diversa". 

Patterson trabajó en su estudio junto a Playmob, en su sede en Londres, que ayuda a las marcas a conectar con jugadores para emprender acciones sociales, como donar a organizaciones benéficas. Juntos presentaron el estudio Praying For The Planet en marzo de 2019 en una cena a la que asistieron importantes compañías del sector como Rovio, creadores de Angry Birds

"La respuesta fue enorme", recuerda Patterson.

Con un claro interés en una alianza global de juegos para abordar los problemas climáticos, Playmob se puso manos a la obra con "una gira de editores por Estados Unidos" para obtener el apoyo de las grandes compañías de videojuegos y, en particular, de Sony, Microsoft y Google. 

"Playmob son gente que sabe crear fantásticas relaciones", apunta Patterson. "Estuvieron pensando en el tema durante mucho tiempo y junto con ONU Medioambiente hicieron un gran esfuerzo por llegar directamente a las empresas para preguntarles por su compromiso ambiental". 

Patterson dijo que Sony fue una de las primeras empresas en participar. Fue Sony la que realmente propuso acercarse a su competencia para colaborar juntos en el cambio climático. "Vimos florecer el interés", apunta. 

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Ahora, empresas de videojuegos de todo el mundo se han unido a esta alianza que representa a países como Kenia, Estonia, Finlandia y Suecia, así como las grandes potencias de la industria del gaming como Estados Unidos, Reino Unido y China. 

Además, según Patterson, los miembros de la alianza ya están proponiendo ideas originales y desafiando a otros a sacar las suyas al mercado. 

"Es un fenómeno global", argumenta Patterson. "Muchas veces pensé que los videojuegos eran relevantes y exclusivos para el mundo desarrollado, pero ese no es el caso. Incluso los países menos desarrollados están accediendo a ellos. La gente de la industria ha oído hablar de las empresas de Silicon Valley una y otra vez". 

"Es fácil desconectarlos un poco, pero para que ocurra el cambio todo el mundo deben cooperar. Hay que pensar ideas más diversas y creativas y muchas de ellas vienen precisamente de la diversidad y de una representación de muchas áreas geográficas". 

Un año después: ¿Dónde está la alianza actualmente?

Poco después del debut de la alianza en septiembre de 2019, Patterson creó un calendario completo para reunirse en persona con las grandes compañías de manera que coincidiese con los grandes eventos para que nadie tuviese que gastar dinero extra y, lo más importante, quemar el mínimo combustible posible. 

"Todo estaba en marcha", apunta. "Pero llegó el COVID". 

La pandemia global ha detenido las reuniones en persona de momento, pero hay llamadas de coordinación mensuales, así como un grupo de asesores con trabajos muy específicos. Los avances se cuentan en las convocatorias mensuales. 

"Algunos de estos trabajos tienen que ver con herramientas las cuales se dan a las empresas de la alianza y estas a su vez al público general", informa. "Esto se suma al impulso individual de cada empresa en las cosas que les apasionan, por lo que hay tiempo de sobra en las reuniones mensuales para hablar y compartir lo que han aprendido y de aquellas acciones en las que han tenido éxito". 

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Muchas compañías se están encargando de reducir sus propias emisiones de carbono. Sony explicó a Business Insider que ha evitado alrededor de 17.5 millones de toneladas de emisiones a través de un modelo de trabajo más eficiente en la arquitectura de PlayStation 4 y espera ahorrar otros 30 millones de toneladas para finales de la década gracias, sobre todo, a los sistemas de ahorro energéticos de su PlayStation 5. Su modo de suspensión de bajo consumo, por ejemplo, consumirá un 72% menos en comparación con PS4. 

Además de compartir actualizaciones sobre los esfuerzos individuales, la alianza también trabaja para comprender mejor "las consecuencias de algo como ubicar un centro de datos en un lugar u otro o crear conciencia en un jugador frente a otro por vivir en una zona donde es más sencillo ahorrar energía", explica Patterson. 

También ha empujado a las compañías a crear "empujones verdes" en sus juegos como el ejemplo de Minecraft para crear conciencia ambiental e impulsar cambios de comportamientos como recoger basura, preservar la vida animal o ser más amigable con la energía. 

"La alianza es algo maravilloso, pero solo se hará fuerte si se contagia el entusiasmo que genera en otros", sentencia Patterson. 

 

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