Putin está ganando la guerra, tanto dentro como fuera del campo de batalla

Del aumento del precio de la gasolina al fortalecimiento de las alianzas en África, Putin está consiguiendo victorias en todo el mundo.
Del aumento del precio de la gasolina al fortalecimiento de las alianzas en África, Putin está consiguiendo victorias en todo el mundo.

Getty; Associated Press; Tyler Le/Business Insider

Hace sólo unas semanas, los aliados occidentales se felicitaban por haber hecho retroceder la invasión rusa de Ucrania. El ataque de Vladímir Putin no era sólo una barbaridad, declaraban, sino también un fracaso humillante. Cuando Rusia se rindió en Kiev y naufragó en Járkov, abandonando finalmente su intento de penetrar en el norte de Ucrania, los analistas occidentales se jactaron de la "arrogancia" de Putin y compararon su Gobierno con el de la Unión Soviética justo antes de su colapso. Algunos incluso sugirieron que Putin estaba a punto de ser víctima de una enfermedad terminal o de un inminente golpe de Estado. "Esta guerra ya ha sido un fracaso estratégico para Rusia", proclamó el presidente estadounidense Joe Biden.

La ironía es que Biden y sus aliados estaban inmersos en el mismo tipo de ilusiones que llevaron a Putin a invadir Ucrania en un primer momento. A medida que la guerra se prolonga, existen argumentos de peso para afirmar que Putin está ganando, no sólo en Ucrania, sino en el campo de batalla geopolítico en general.

Empecemos por la guerra en sí. La decisión de Putin de concentrar su potencia de fuego en el frente oriental ha logrado en gran medida llevar el conflicto a un punto muerto. Con un gran coste, las fuerzas rusas han eliminado los últimos reductos de la ciudad de Mariúpol, y parecen estar a punto de capturar la ciudad oriental clave de Severodonetsk. 

"Putin está ganando en este momento", afirma a Business Insider Edward Luttwak, un estratega militar que asesora a Gobiernos de todo el mundo. "Después de despedir a muchos generales y ascender a coroneles más adecuados, al ser mucho menos ambiciosos —no tomar Kiev, no conservar Járkov, no tratar de conquistar Odesa—, Rusia puede, sobre esa base, realizar lentos y molestos avances a la manera de Stalingrado, que consiste en el bombardeo masivo de edificios".

Ucrania, según un asesor del presidente Volodímir Zelenski, está perdiendo entre 100 y 200 soldados cada día. "Los ucranianos están en una situación difícil en este momento", dice Jeffrey Edmonds, del Centro de Análisis Navales, que asesoró a la Casa Blanca sobre Rusia durante sus años en el Consejo de Seguridad Nacional. "Están perdiendo bastante más que en los primeros días de la guerra, porque es una guerra mucho más convencional, con duelos de artillería. Eso juega realmente a favor de la fuerza de Rusia".

Incluso los principales asesores de Biden se ven obligados a reconocer que Putin tiene ahora la sartén por el mango. "Los números favorecen claramente a los rusos", dijo el miércoles el general Mark Milley, jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos. "Les superan en armas y en alcance". 

Eso ha hecho que el conflicto pase de ser una derrota a un doloroso y caro enfrentamiento. "La evaluación del Gobierno estadounidense es que probablemente esto se convierta en una guerra de desgaste", explica a Business Insider Steven Pifer, antiguo embajador de Estados Unidos en Ucrania. "Las partes se golpean mutuamente, pero ninguna es capaz de lograr un avance decisivo que ponga fin a la guerra. Ese parece ser el escenario más probable para el futuro próximo".

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Más allá del campo de batalla, Putin ha conseguido una serie de victorias. La más obvia es cómo la invasión ha conseguido dañar las economías de sus enemigos en todo el mundo. Los mercados bursátiles se han desplomado, los tipos de interés han subido, la inflación se ha disparado y los precios de la gasolina están por las nubes

Otros factores, por supuesto, han contribuido a agriar la economía occidental. Pero la decisión de Putin de enviar sus tropas al otro lado de la frontera, y el posterior repunte de los precios del petróleo, fue la aguja que hizo estallar la burbuja de la recuperación de la pandemia. El propio Biden estuvo a punto de reconocerlo cuando trató de reconducir la subida de los precios de la gasolina en Estados Unidos como "la subida de precios de Putin".

No cabe duda de que Rusia está experimentando sus propias consecuencias económicas de la invasión. La inflación se ha disparado hasta el 17%, y se prevé que la economía rusa se contraiga un 8,5% este año. Pero el control de Putin sobre los medios de comunicación y las urnas le facilita capear el tipo de tormenta económica que provocaría una agitación política en las democracias occidentales. 

El Gobierno ruso está "dispuesto a sufrir miles y miles de bajas, a probar cosas y a fracasar", dice Murtaza Hussain, analista de política exterior. "No supone una crisis política tan grande como lo sería en Occidente. Putin tiene más herramientas para controlar la opinión pública".

De hecho, la coalición occidental que el secretario de Estado estadounidense, Antony Blinken, y otros diplomáticos estadounidenses tejieron con tanto cuidado en los primeros días de la guerra se está deshilachando. Turquía y Hungría -ambos miembros de la alianza de la OTAN- se han negado a dar su consentimiento a iniciativas clave destinadas a aislar a Rusia. 

Francia y Alemania están presionando para negociar con Rusia, rompiendo con sus homólogos en el Reino Unido, los países bálticos y Estados Unidos, cuyos líderes son reacios a confiar en Putin después de experimentar su doble cara en las conversaciones de paz durante el conflicto de Siria. Estos desacuerdos han empezado a manifestarse en público, creando un frente desunido que hace más difícil a Occidente enfrentarse a Putin.

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Y cuanto más se sale de la alianza occidental, más dividida está la opinión. Gran parte de África —que ha sido el centro de las campañas de propaganda y de los esfuerzos diplomáticos rusos— sigue siendo reacia a adoptar una postura contra Putin. En las Naciones Unidas, sólo ocho países africanos votaron con la mayoría para suspender la pertenencia de Rusia al Consejo de Derechos Humanos por las pruebas de que las tropas rusas habían cometido atrocidades a gran escala en Ucrania. Nueve votaron en contra y otros 22 se abstuvieron. 

A principios de este mes, el presidente de la Unión Africana se reunió con Putin con el objetivo de conseguir la ayuda de Rusia en la grave crisis alimentaria de la región subsahariana, una amarga ironía, dado que la invasión de Ucrania por parte de Putin, uno de los principales proveedores de alimentos, está sometiendo a decenas de millones de personas en todo el mundo a una situación de hambruna.

China e India también son reticentes a enfrentarse a Putin. Los dirigentes chinos han adoptado deliberadamente una línea neutral en relación con Ucrania, mientras que los responsables de menor rango y los medios de comunicación alineados con el Estado difunden activamente la desinformación rusa. 

India —una democracia y aparentemente un socio de Estados Unidos— ha seguido un camino similar. "Europa tiene que dejar de pensar que los problemas de Europa son los problemas del mundo, pero los problemas del mundo no son los problemas de Europa", declaró Subrahmanyam Jaishankar, ministro de Asuntos Exteriores de la India, en un foro a principios de junio. 

"Hizo un buen comentario", dice Hussain. "Dijo: 'Ustedes no moralizan ni se preocupan realmente por las cosas que suceden en Asia. Ahora nos pedís que dejemos de lado nuestros propios intereses'. Eso no es tanto una victoria propagandística de Putin como un cálculo de los países no occidentales sobre su propio interés racional".

Napoleón escribió una vez que la guerra es una cuestión de opinión. Y eso, a la larga, puede ser lo que finalmente determine si Putin sale victorioso de su invasión de Ucrania. No es sólo una cuestión de si Occidente puede ayudar a Ucrania a sostener su economía o suministrarle suficientes armas y municiones para sobrevivir a Putin. "La cuestión más importante va a ser si existe la voluntad política en Europa y Estados Unidos para continuar la lucha", dice Pifer, el antiguo embajador de Estados Unidos. "Hasta ahora, creo que existe. No sé si podrá mantenerse dentro de seis o doce meses".

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Mientras los estadounidenses experimentan los crecientes costes económicos de la guerra, no hay garantía de que el consenso de los dos grandes partidos del país en torno a Ucrania se mantenga hasta las elecciones de 2022 y 2024. Los líderes occidentales ya han empezado a efectuar un delicado viraje para ajustar las expectativas del público a la baja. "Esta guerra está lejos de terminar", advirtió el expresidente Barack Obama en un discurso la semana pasada. "Los costes seguirán aumentando".

 A medida que el sueño de Occidente de poner fin rápidamente a la guerra de Putin mediante sanciones económicas comienza a desvanecerse, la guerra se librará cada vez más en un campo de batalla en el que Putin tiene ventaja: en los surtidores de gasolina y las tiendas de alimentación.