Soy una alta ejecutiva de PwC que sigue luchando contra el síndrome del impostor: mis claves para afrontarlo y superarlo

sindrome impostor
Foto del redactor Carlos Galán Feced
  • J.C. Lapierre es directora de Estrategia y Comunicación de PricewaterhouseCoopers en Estados Unidos.
  • En este artículo, escribe que su carrera no habría sido posible si hubiera cedido al síndrome del impostor.
  • Lapierre ofrece consejos como hacer preguntas y adoptar una pose de poder cuando te sientas un impostor o impostora.

Ya conoces esa sensación.

Tu respiración se vuelve un poco superficial, tu corazón late un poco más rápido, tu estómago empieza a revolverse... y el pánico se apodera de ti. No sé lo que estoy haciendo. No pertenezco a este lugar. Hola, síndrome del impostor.

Me asalta cada vez que asumo un nuevo cargo en PwC —hasta ahora he tenido unas cinco carreras diferentes dentro de la empresa— y, para ser sincera, también me ocurre en muchos pequeños momentos entre estos grandes.

En mis 27 años en PwC, donde actualmente ocupo el cargo de directora de estrategia y comunicación, he construido una carrera que nunca habría imaginado. Pero eso no habría sido posible si me hubiera dejado vencer por el miedo, cerrando puertas antes de saber siquiera que quería llamar a ellas.

A veces ha sido difícil no ceder al instinto de huir a mi zona de confort; lo sentí el primer día que entré en PwC.

Era un giro de 180 grados con respecto a mi anterior trabajo en un restaurante. Nunca había hecho prácticas, no sabía nada de contabilidad (¡ni siquiera había hecho nunca mis propios impuestos!) y ni siquiera sabía a qué se dedicaba la empresa. Fue aterrador: la primera de las muchas veces que el síndrome del impostor se ha colado en mi carrera.

A continuación te cuento cómo he aprendido a afrontarlo:

1. Haz tus deberes

Aquel terrorífico primer día en PwC me sentí completamente fuera de mí. Llevaba la ropa equivocada, entendía una de cada cinco palabras que decían y ni siquiera sabía qué preguntas hacer.

Sin embargo, me encantaba la gente y la energía, y quería quedarme, así que me puse a trabajar. Al observar a mi alrededor, la mayoría de mis compañeros habían estudiado empresariales o contabilidad, y me animé a ir a la escuela nocturna y, con el tiempo, obtener mi MBA. A medida que aumentaban mis conocimientos y mi experiencia, también lo hacía mi confianza.

Me centré en lo que sabía hacer: aprender y estudiar. Ahora, leer y actualizar mis conocimientos es lo primero que hago cuando siento que me asalta ese miedo familiar.

2. Plantea preguntas como un niño pequeño

No temas hacer preguntas. Estudiar y aprender nuevas habilidades lleva mucho tiempo; hacer preguntas es rápido.

Sé que cuando te sientes un fraude, puede ser tentador callarte cuando no sabes algo. No lo hagas. Haz preguntas constantemente, como un niño pequeño que conoce el mundo por primera vez.

Cuando di el salto de RRHH a atención al cliente, sentí como si todo lo que necesitaba aprender estuviera parpadeando delante de mí como un letrero de neón gigante que todo el mundo pudiera ver. 

Así que entrevisté descaradamente a mis colegas —incluso a los que técnicamente dependían de mí— como una periodista de investigación para empaparme de todos sus conocimientos: "¿Cómo creo el orden del día adecuado para esta reunión? ¿Qué significa esto? ¿Por qué lo hacen así? ¿Quién es esa persona?".

Tus preguntas no son una pista secreta para tu jefe de que no eres una persona apta para el puesto; son una señal de que eres entusiasta, curiosa y estás comprometida con el crecimiento.

3. Convierte tu miedo en una fortaleza

Me reúno con muchos clientes y sus equipos ejecutivos y, como por desgracia la igualdad de género aún no es un hecho en la C-suite [las personas de alta dirección en una empresa], a menudo soy la única o una de las pocas mujeres en la sala. Y, con demasiada frecuencia, tengo que luchar más que mis colegas masculinos para que me escuchen y ocupar el mismo espacio. Como resultado, mi primer instinto es sentirme menos que nadie.

Cada vez, tengo que darle la vuelta a ese miedo y recordarme a mí misma que en realidad es al revés: soy más porque soy la única y tengo una perspectiva única que aportar.

No pierdas nunca de vista que la situación que te hace sentir como un impostor puede ser también uno de tus mayores activos y una oportunidad increíble para compartir tus experiencias únicas, aprender, crecer y demostrar a todo el mundo de qué estás hecho

La próxima vez que sientas el miedo paralizante del síndrome del impostor, reformúlalo en tu cerebro y utilízalo como combustible para tu viaje de crecimiento.

Puedo decirte por experiencia propia que salir de una reunión en la que has hablado pero no has conseguido transmitir tu punto de vista siempre sienta mejor que salir de una reunión en la que no has tenido el valor de hablar.

4. Postura de poder hasta que te sientas poderosa

Fake it 'til you make it [finge hasta que lo consigas] es un tópico por una razón: puede funcionar.

Aprender y desarrollar tus habilidades es clave, pero lleva tiempo, y tu síndrome del impostor no tiene paciencia. Actúo como si supiera lo que hago y estuviera destinada a estar ahí. Nueve de cada diez veces nadie se da cuenta, porque probablemente están haciendo lo mismo.

Hasta el día de hoy, cuando me preparo para una reunión importante, ignoro el latido de mi corazón y el instinto irrefrenable de salir corriendo y, en lugar de eso, me pongo los tacones más altos, adopto una pose de poder y, a continuación, ofrezco un espectáculo.

Hace unas semanas, antes de empezar un importante acto en el que presentábamos la estrategia de nuestra empresa a las principales personas interesadas, sentí que se me revolvía el estómago y se me secaba la boca. 

Fui al baño, cerré la puerta al mundo, me di una charla para recordarme a mí misma que sí me acordaba de mi discurso, respiré hondo unas cuantas veces y adopté mi fiel pose de Wonder Woman (Mujer Maravilla). Así recuperé la confianza en mí misma y me preparé para el escenario, y el acto se desarrolló sin contratiempos.

5. Recuerda que tú tienes el control

En PwC tenemos un dicho: "Controla lo que puedas controlar". No podemos controlar cuándo ataca el síndrome del impostor, pero sí cómo respondemos a él.

Estoy segura de que me encontraré en muchas más situaciones en las que me sentiré completamente fuera de mí. Pero también estoy segura de que si sigo los pasos anteriores para controlar lo que pueda, conseguiré nadar hasta la superficie de nuevo.

Al fin y al cabo, la vida es, en última instancia, un salto de fe. Lo que más necesitas para acallar tu síndrome del impostor es fe en ti.

J.C. Lapierre es directora de Estrategia y Comunicación de PricewaterhouseCoopers (PwC).

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