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Por qué las empresas energéticas españolas han decido apostar por la movilidad urbana compartida

Novo, nueva empresa de motosharing en Madrid
  • Las compañías energéticas españolas dan un vuelco a su estrategia y ponen un pie en el mercado de la movilidad compartida y sostenible.
  • Acciona lanza en Madrid el servicio de mobilidad urbana compartida, Acciona Mobility, con una flota de 500 motos eléctricas que consumen energía 100% renovable para reducir las emisiones de CO2.
  • Repsol y la automovilística Kia lanzaron la compañía de coches híbridos compartidos, Wible. 

Las energéticas españolas se ponen las pilas en movilidad urbana compartida y sostenible. Lo que fueron, en un principio, tímidas incursiones son ahora firmes apuestas empresariales. Y lo que en un principio fueron flotas de vehículos eléctricos a disposición de la plantilla de la empresa han derivado en servicios de vehículos compartidos que operan en el centro de las ciudades.

Todo ello, en un escenario en el que proliferan más y más operadores de movilidad compartida y sostenible. Y todo ello, también, bajo el paradigma de la transición energética y con la reducción de las emisiones de dióxido de carbono por bandera. La última en sumarse ha sido Acciona. 

Hace ya unos meses que se podía ver alguna de sus motos repartidas por Madrid, de forma extraoficial, a modo de prueba. Ahora, ya de manera oficial, Acciona pone en las calles de la capital su servicio de moto compartida, Acciona Mobility. Lo hace apostando por la sostenibilidad medioambiental, con una flota de 1.000 vehículos eléctricos de dos ruedas.

La compañía especializada en infraestructuras y energía verde pega, así, un giro a su estrategia hacia la movilidad eléctrica y compartida, en el marco de un plan de inversiones sostenibles. Y es que, según explica la propia empresa en un comunicado, el objetivo de tal iniciativa no es otro que el de “contribuir a la reducción de emisiones de CO2, mejorar la vida de las ciudades y electrificar la economía" urbana. 

La clave de este nuevo servicio es que las baterías utilizan únicamente energía 100% renovable con el fin de reducir las emisiones de gases contaminantes a la atmósfera. Y, de hecho, la aplicación informa al usuario de cuánto CO2 ha evitado emitir con su elección.

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Un informe de McKinsey pone de relieve cómo la movilidad compartida, incluyendo el carsharing, el ridesharing y los servicios de transporte bajo demanda, ha alcanzado un valor de mercado de más de 60.000 millones de dólares en todo el mundo. Además, el documento apunta que crecerá a un ritmo de un 20% al año.

"Con la aparición de los nuevos coches compartidos urbanos en Madrid la cifra se ha disparado hasta unos 500.000, de los cuales 100.000 en la modalidad de carsharing round-trip y 400.000 de flota libre (car2go, Emov, Zity entre otras)", apuntaba Pau Noy, el presidente de la Asociación Española de Carsharing, el pasado agosto en una entrevista con VozPópuli.

La entidad sostenía el pasado noviembre en la V Conferencia Española de Carsharing celebrada en Madrid, que los conductores españoles podrían ahorrar unos 2.300 euros con el uso de automóviles compartidos.

En un artículo publicado en Forbes, Adam Cohen, del Centro de Investigación de Transporte Sostenible de la Universidad de Berkeley, ponía de relieve que "el carsharing es un modelo que permite la transición hacia la automatización", es decir, la llegada del prometido coche autónomo. 

Una estrategia al alcance de otros

Con el lanzamiento del servicio de carsharing, Acciona se abre a un nuevo mercado: el de los vehículos compartidos. Un giro que desde la compañía justifican como parte de su apuesta por las “soluciones sostenibles vinculadas a las infraestructuras, más concretamente, al transporte”. Pero parece que el plan de la empresa española es todavía más ambicioso, y su intención es convertirse en una gran plataforma de movilidad en la que se integren diferentes modalidades de transporte urbano. El primer paso será el de incorporar a su oferta el coche compartido.

No ha sido la primera compañía de energía española en optar por tal estrategia. Fue el pasado marzo cuando Repsol presentó su propio servicio de carsharing de la mano de la automovilística Kia. Lo suyo son, no obstante, los coches híbridos. La joint venture entre Repsol y Kia dio como fruto la compañía de carsharing Wible, que con una flota de 500 unidades del coche híbrido enchufable Kia Niro, comenzaba a operar en Madrid el pasado julio. 

El servicio de coche compartido, según explicaban desde la empresa, está disponible en el centro de Madrid, el norte hasta Mirasierra, el este hasta la calle Arturo Soria y al oeste delimitado por Ciudad Universitaria. El vehículo cuenta con una autonomía de 600 km en un motor híbrido, que combina un motor de combustión y otro eléctrico. En este caso, el carsharing eléctrico es un servicio que, hasta la fecha, ha estado vinculado a acuerdos con fabricantes de automóviles.

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Sin ir más lejos, es la estrategia de otra de las grandes empresas de infraestructuras españolas: Ferrovial. La empresa de coche compartido Zity es el resultado de la alianza entre Ferrovial y Renault, que opera en el interior del perímetro de la M-30 madrileña, desde el pasado año con una flota de 500 vehículos. 

La competición está servida. Las empresas españolas se ponen las pilas para competir con otros operadores de movilidad urbana compartida con más recorrido, como Car2Go, propiedad de la automovilística alemana Daimler; Emov, compañía de carsharing que nace del acuerdo entre Peugeot-Citroen y Eysa -una de las compañías que gestiona el aparcamiento regulado en Madrid-.

Pero también cuentan con especial consolidación, en la escena de las motos compartidas, empresas como eCooltra, Muving, Ioscoot o Movo, propiedad de Cabify. A todas ellas tendrá que hacer frente Acciona en 2018, cuando se estima que habrá en la capital más de 4.000 unidades de motos compartidas de diferentes marcas. 

Los primeros pasos: las flotas corporativas

La incursión de las energéticas en la movilidad compartida y eléctrica tiene otro aliciente, más allá de diversificar el portfolio, se articula como palanca para avanzar en las tecnologías de almacenamiento energético de renovables, es decir, en las baterías. El que es todavía el eterno hándicap de la energía verde tiene en la movilidad urbana su propio laboratorio de pruebas para lograr baterías capaces de almacenar energía renovable.

Iberdrola hizo su particular incursión en la movilidad eléctrica, ya en 2015, de la mano de BMW. Lo que las dos compañías lanzaron, sin embargo, no iba destinado a la movilidad urbana sino que se trataba de un modelo de carsharing eléctrico corporativo. El modelo i3 de la compañía alemana 100% eléctrico se comenzó a utilizar en las sedes de la empresa eléctrica en Madrid, Bilbao, Barcelona y Valencia a disposición de hasta 350 trabajadores.

Un movimiento similar es el que hizo Endesa, que puso a disposición de sus empleados un servicio de carsharing en seis sedes de la compañía.

También, Repsol había hecho una primera expedición en la movilidad compartida eléctrica con Ibilek en 2012. La compañía participada en un 50% por Repsol y el Ente Vasco de la Energía puso en marcha en Bilbao y Barakaldo el servicio de  alquiler por horas con coches eléctricos e híbridos enchufables.

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