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La ciencia explica por qué deberías esperar a salir a la calle para ponerte el abrigo

Chica abrigada en la nieve
Pexels
  • Es posible que alguna vez te hayan desaconsejado dejarte el abrigo puesto en un abrigo cerrado. 
  • La razón es que luego pasarás más frío cuando salgas y, aunque parezca imposible, la ciencia lo confirma. 
  • Cuando salgas a la calle tu piel más expuesta notará el frío, y al haberte dejado el abrigo puesto la sensación será mayor. 

Si alguna vez has trabajado en una oficina, un almacén o un aula en los que las corrientes de aire te dejaban helado, quizá hayas tenido la tentación de no quitarte el abrigo. Es posible que los demás te lo desaconsejaran porque “cuando salgas sentirás más frío”, lo que parece ir contra toda lógica. ¿Deberías hacer todo lo posible para mantener el calor en un lugar frío? Resulta que las cosas no son tan simples. Para entenderlo bien, lo primero que necesitamos saber es por qué sentimos frío.

El cuerpo está cubierto por pequeños sensores de temperatura conocidos como termorreceptores o receptores sensibles al frío, situados en fibras nerviosas especializadas de la piel. Cuando la temperatura desciende, estos receptores comienzan a enviar señales al cerebro, codificando la temperatura que percibe el nervio. También son llamados receptores de mentol, ya que responden de la misma manera al químico mentol, que produce sensación de frío cuando se aplica en la piel.

Como las fibras nerviosas están repartidas por todo el cuerpo, ingresan en el sistema nervioso central a diferentes niveles. Los receptores situados en los brazos, el torso, las piernas o los hombros están conectados con las neuronas de la médula espinal, mientras que los receptores que se encuentran en la cara, la cabeza o la boca conectan directamente con el tallo cerebral. Pero debido a que los nervios conducen las señales eléctricas rápidamente, la distancia entre la parte del cuerpo que siente frío y el cerebro no se corresponde con la rapidez con la que detectamos el frío.

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Las señales viajan hasta un control multisensorial situado en el centro del cerebro que recibe el nombre de tálamo. Desde el tálamo, las señales pasan a la corteza somatosensorial, encargada de crear la sensación y la consciencia de la sensación de frío. A partir de aquí, el cerebro puede averiguar tanto el punto exacto del cuerpo en el que se siente frío como cuánto frío siente (hasta cierto punto). Si nos exponemos a temperaturas extremas, ya sean calientes o frías, experimentaremos dolor debido a los daños sufridos en la piel.

Cuando salgas a a la calle (o a cualquier sitio en el que haga más frío que donde estabas), tu sistema nervioso detectará la temperatura a través de la parte de la piel expuesta, que suele ser la cara. Vestir un abrigo en interiores aumentará la temperatura media de la piel, incluyendo las partes expuestas. Por lo tanto, cuando salgas sentirá el aire más frío, especialmente en las partes expuestas de la piel. Si no te hubiera abrigado en el interior no sentirías tanto contraste, ya que la diferencia de temperatura sería menor.

Tu abrigo aislará tu cuerpo de la pronunciada bajada de temperatura, pero no tu cara. Esa sensación se vería más acentuada si vestir el abrigo en el interior te hubiera hecho sudar, ya que enfriaría más rápidamente la parte expuesta de la piel.

Sin embargo, una vez que superes la sensación de frío inicial tu abrigo seguirá haciendo su trabajo y comenzarás a sentirse mejor. El cuerpo humano mantiene la temperatura media en 37℃, salvo en casos de enfermedad o exposición a temperaturas extremas. Incluso si sientes frío al salir, la prenda te ayudará a reducir la pérdida de calor en tu cuerpo y te resultará más fácil mantener la temperatura media (y también aislará tu piel del aire frío).

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Calentando

Ya te hayas puesto o no el abrigo cuando saliste, tu cuerpo tiene una manera eficaz para entrar en calor. En su viaje al cerebro, las señales también pasan por el hipotálamo (una compleja colección de células nerviosas situadas en la base del cerebro), así como por la amígdala y otros centros que se encuentran bajo el hipotálamo, en la médula espinal. El hipotálamo controla, entre otras cosas, nuestra respuesta a la temperatura, mientras que la amígdala regula nuestras emociones.

Cuando las señales activan estos centros, el cuerpo intenta aumentar su temperatura (especialmente la central) mediante un sistema coordinado de temblores, alejando la sangre de la piel e incrementando la frecuencia cardiaca y la respiración para estimular la circulación, manteniendo el oxígeno y nutrientes que esta proporciona. A través de esta respuesta multiorgánica el cuerpo evita la pérdida de calor por la piel, y genera una temperatura estable mediante la actividad muscular y ciertas reacciones bioquímicas.

Esto significa que técnicamente deberías perder peso al pasar frío, ya que el cuerpo se ve forzado a generar más calor. En cualquier caso, no te recomendaría salir a la calle en invierno sin tu abrigo como técnica para adelgazar. Es cierto que la obesidad reduce la esperanza de vida, pero también lo hace el frío, y de una manera mucho más agresiva.

El autor quiere agradecer a Stanislaw Glazewski, de la Universidad de Keele, su contribución a este artículo.

 

Este artículo ha sido publicado originalmente por The Conversation por Michael Evans, profesor de neurociencia en la Universidad de Keele
La Universidad de Keele aporta financiación como institución colaboradora de The Conversation UK. Lee el original.

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