¿Has sentido una emoción especial al disfrutar de una serie por la que no dabas dos duros? La dopamina es la causante de lo que sentimos cuando vemos series en plataformas

Una escena de 'El juego del calamar'

Netflix

Se ha hablado mucho de la dopamina y de su estrecho vínculo con el consumo digital. El tsunami de información y contenido nuevo al que nos exponemos diariamente activa nuestros cerebros y condiciona gran parte de nuestras reacciones emocionales a dichos estímulos. 

Resulta sorprendente la poderosa influencia de la dopamina en el comportamiento humano, sobre todo teniendo en cuenta que tan solo un 0,0005% de nuestras células cerebrales la segregan (una entre dos millones). Como explican Daniel Z. Lieberman y Michael E. Long en Dopamina (recientemente publicado por Península), contrariamente a la opinión popular la dopamina no tiene nada que ver con el placer. Es una reacción que se activa ante lo inesperado, la expectativa o la mera posibilidad de algo satisfactorio.  

Nuestro cerebro segrega dopamina en situaciones de lo más diversas, como cuando nos enamoramos, recibimos una buena noticia con la que no contábamos o cuando se consumen drogas, entre muchas otras. Curiosamente este neurotransmisor también explica gran parte de las cosas que hacemos y, sobre todo, que sentimos cuando vemos series en plataformas de streaming

La excitación del estreno

Según Lieberman y Long, nuestros cerebros generan descargas de dopamina ante cosas nuevas, aparentemente prometedoras, pero que todavía no están a nuestro alcance. Es lo que ocurre cuando vemos una promo de una serie que nos interesa. En nuestra cabeza tiene lugar una serie de cábalas que alimentan este bucle dopaminérgico

¿Cuánto falta para que la estrenen?, ¿será buena?, ¿me gustará tanto como esta o aquella serie?

Portada libro dopamina

Ediciones Península

Alimentar estas expectativas es la piedra angular del marketing. Los estrenos van precedidos de potentes campañas de promoción en realidad están aprovechándose de esas descargas de dopamina para conseguir que ese anhelo del usuario le anime a ver la serie lo antes posible. 

El hype con los avances promocionales se desinfla cuando la serie ya se ha estrenado 

Lieberman y Long aseguran que la dopamina tiene que ver con el deseo de algo que por el momento no tienes, cosas distantes, cosas que todavía no están disponibles o que todavía no puedes consumir. Anhelar cosas activa un mecanismo de dopamina a futuro, que resulta ser infinitamente más poderoso que lo que sentimos cuando ese deseo se consuma. 

Que muchos tarden semanas en ver una serie que esperaron con ansia tiene mucho que ver esto: la descarga de dopamina mengua cuando lo ansiado ya está a nuestro alcance. 

Nos emocionamos especialmente con las series por la que no dábamos dos duros (y que al final nos encantan)

El ser humano no puede evitar predecir constantemente qué va a pasar y se acomoda a ese espacio de lo predecible. Cuando la rutina se rompe por un acontecimiento positivo que no hemos anticipado, nuestro cerebro reacciona fisiológicamente con dopamina, lo que se traduce en un sentimiento de euforia ante ese hecho inesperado. 

Por eso cuando nos engancha una serie en la que no habíamos puesto demasiadas expectativas la dopamina activa un mecanismo de recompensa. Ante ese “error feliz” en nuestras predicciones, el cerebro nos premia con más dopamina, que explica el sentimiento de emoción, al haber descubierto una joya valiosa y poco conocida

La pereza de las series con muchas temporadas o de temporadas con muchos episodios 

La dopamina se nutre de lo nuevo y lo imprevisto, de ahí que cuando algo se vuelve rutinario, la cantidad de dopamina que segregamos se reduzca considerablemente. 

Por eso el entusiasmo que sentimos al ver una serie se reduce a medida que esta nos acompaña durante un tiempo más o menos largo. Esa falta de ilusión se instala en el momento en que el contenido es “demasiado” familiar, hasta que tiene lugar esa última descarga de dopamina cuando somos conscientes de que la serie va a terminar. 

El “venga, un episodio más”

La dopamina nunca parece estar satisfecha. Siempre quiere más y, por ese motivo, nos impulsa a activar ese mecanismo de recompensa todo el rato. Esto es lo que explica la dificultad de parar una serie cuando has visto un episodio que te ha gustado, sobre todo cuando finaliza con un giro inesperado y te sirven el siguiente en bandeja.  

El causante es nuestro cerebro proyectando lo que va a suceder y reaccionando con fuegos artificiales cuando la historia discurre por derroteros que no esperábamos. 

La dopamina es una de las causas que impulsa los famosos atracones de contenido. Esta compulsión, además, se hace particularmente fuerte en el caso de personas más jóvenes. En un cerebro adolescente los lóbulos frontales, que son los que nos dan sentido de la realidad, no están tan desarrollados, de ahí que sean mucho más sensibles a estos mecanismos que activan la producción de dopamina y que ello se traduzca en más capítulos vistos por sesión.

No estamos a merced de la tecnología ni sometidos a ella. La producción de dopamina es lo que nos hace humanos y tiene una función fundamental a la hora de pensar, imaginar, reflexionar y prosperar. 

Lo importante, como en todo, es buscar un equilibrio. Lieberman y Long terminan su libro con un mensaje en positivo: el poder está en nuestras manos. “Debemos superar la seducción de la interminable estimulación dopaminérgica y darle la espalda a nuestra sed infinita de más. Si somos capaces de combinar la dopamina con los neurotransmisores del aquí y del ahora, podemos conseguir esa armonía”. 

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