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La renovación de El Corte Inglés se paraliza por la guerra familiar

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¿Debe El Corte Inglés modernizarse para parecerse más a Zara o Amazon o, por el contrario, necesita continuar con el modelo que lo ha convertido en el primer modelo comercial de España?

En la guerra intestina por el poder en El Corte Inglés no sólo se disputan el poder dos grupos enfrentados sino también se contraponen dos modelos comerciales completamente distintos.

Modelo del actual presidente, Dimas Gimeno: un Corte Inglés con dependientes jóvenes, una plantilla parecida a la de Inditex, con mayor especialización y profesionalización, fichajes de especialistas de otras cadenas, reducción de costes y salida a bolsa.

Modelo hermanas Álvarez, accionistas y que mantienen el control actual de la empresa: conservar los valores que han hecho de El Corte Inglés la primera cadena de grandes almacenes de España, potenciar el modelo multi-marca y primeras marcas e incentivar las promociones internas, como se ha hecho toda la vida. 

Y en el medio, 90.000 empleados y una facturación de 15.000 millones que la convierte en una empresa “sistémica”. Un resfriado de la cadena pondría en serios problemas a la economía española.

Los modelos

El presidente de El Corte Inglés, Dimas Gimeno, podría tener sus días contados al frente de la compañía. Las hermanas Álvarez amenazan con sustituirlo y para renovarlo y hacer frente a la nueva etapa suena Francisco Pizarro, el directivo colocado por José María Aznar como presidente de Endesa en 1996 y que fue el fichaje estrella de Mariano Rajoy en las segundas presidenciales que perdió frente a José Luis Rodríguez Zapatero.

Dimas Gimeno tiene un plan de renovación de El Corte Inglés que se ha visto frustrado por la oposición de las hermanas Marta y Cristina Álvarez, las segundas accionistas del grupo tras la Fundación Ramón Areces.

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Gimeno ideó el plan para renovar y reducir la plantilla de El Corte Inglés. Quería rejuvenecer el personal de atención al cliente y también la masa de trabajadores de la sede central. Lo logró, pero sólo en parte. Su plan se vio abortado y parte de los trabajadores que habían pactado su finiquito y que tenían un pie fuera terminaron quedándose en la empresa.

Gimeno tenía también una clara obsesión por la digitalización de la compañía y por hacer frente a uno de sus principales enemigos: Amazon. Y por ello dirigió personalmente los nuevos proyectos para competir con las plataformas de venta online y lanzó servicios como los de compra en internet y recogida en tienda. Y, dentro del ámbito corporativo, es partidario de la modernización de la cúpula y la entrada de consejeros independientes.

En paralelo, la compañía ha llevado a cabo otros procesos de renovación pero de corte distinto. El Corte Inglés ha ensayado la transformación de dos centros comerciales en recintos exclusivos para hombre o para mujer. Es el caso de los dos centros de la calle Serrano, en la milla de oro de Madrid.

El primero fue reformado completamente para convertirse en un centro exclusivo de ropa masculina de alta gama y reconocidos diseñadores. Se eliminaron todas las secciones de informática, telefonía y librería. Y sólo quedó el centro gastronómico en las últimas plantas. 

Algo similar pasó con el otro El Corte Inglés de la calle Serrano que se reformó por completo para convertirlo en un centro exclusivo de moda para mujeres, con su respectivo supermercado.

Ambos proyectos han sido ideados y dirigidos por Marta Álvarez, según explican fuentes cercanas a la compañía. Forman parte de la visión de modernización que debe tener la cadena.

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Comunicación nula

Dimas Gimeno sigue siendo presidente, pero nadie, ni él mismo, sabe por cuántos días. En junio expira el plazo del préstamo de 1.000 millones que otorgó su socio catarí, el jeque Hamad bin Jassim bin Jaber. Entonces la compañía tendrá que decidir si devuelve el préstamo (que podría ascender a más de 1.300 millones) o inicia un proceso de salida a bolsa, un escenario poco factible en la dinamitada relación entre accionistas.

Y como si el clima enrarecido no fuse suficiente, también cursa una demanda judicial por la herencia del expresidente Isidoro Álvarez. Con el recurso, el ala de Dimas pretende aclarar los motivos por los cuales la herencia de Isidoro Álvarez terminó otorgando 5 en vez de 10 millones de euros a su hermana María Antonia Álvarez, madre de Dimas.

Mientras tanto, en el Falcon Crest de los grandes almacenes, Marta sigue trabajando en su despacho del edificio 127 de la calle Hermosilla, en Madrid. Su primo hace lo propio desde una oficina en el número 112. No se cruzan ni por casualidad.  

 

Artículo original de Economía Digital

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