Un otoño en llamas ante el riesgo de recesión o la amenaza energética rusa: 6 desafíos económicos por resolver en los próximos meses

El presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez
REUTERS/Ints Kalnins

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Septiembre arranca calentito. Que vienen tiempos difíciles es una frase que lleva flotando en la sopa un buen rato, repetida por activa y pasiva por analistas, mercados, y Gobiernos de todo el mundo.

En España, el Ejecutivo también se ha encargado de ir preparando el terreno para la que se viene, que nadie sabe cómo va a ser, pero cada vez pinta peor. La guerra de Rusia en Ucrania y la inflación agravada por la misma han prendido fuego a la economía, y se viene un otoño en llamas

Inflación y pérdida de poder adquisitivo, crisis de suministros, riesgo de cortes de gas y de parón de fábricas, subida de tipos de interés... Todos estos ingredientes están relacionados y constituyen una bomba para las economías. En el caso de España, con la particularidad de que, además, el cóctel letal se sirve a escasos meses de elecciones, momento cumbre del electoralismo.

En Business Insider España analizamos con economistas cuáles son los desafíos económicos que afronta España en el nuevo curso.

El Gobierno encara la vuelta al ruedo político de septiembre con un reto mayúsculo: lograr que la economía española esquive lo mejor posible el golpe que viene de fuera, pero responder de forma coherente con el largo plazo para evitar que esas medidas se vuelvan en contra de la economía como un bumerán.

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1. El melón de la inflación

Es el desafío más inminente. Entre otras cosas, porque llevamos sufriéndolo desde hace más de un año, y cada vez con mayor virulencia. 

"Sin duda alguna, el primer reto político desde la perspectiva de política económica es como gestionar una tasa de inflación en máximos respecto a los últimos 40 años", afirma Pedro Aznar, profesor del departamento de Economía, Finanzas y Contabilidad de Esade.

La inflación comenzó a subir en marzo de 2021 por el encarecimiento de la electricidad y los alimentos. En 2022, la guerra ha tensado todavía más la cuerda de precios, y la inflación se ha disparado a niveles no vistos desde los años 80: un 10,4% en agosto.

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"Es el melón que le toca afrontar al Gobierno. El reto más inminente", coincide María Romero, socia directora de Economía de Analistas Financieros Internacionales (Afi). 

Para Romero, "lo peor seguramente está por llegar". Aunque es posible que la inflación esté empezando a tocar techo, este es un efecto más estadístico que real, debido a que la variación se produce respecto al año pasado, cuando los precios ya estaban subiendo a toda velocidad.

En las últimas semanas, el precio del gas se ha triplicado. "Pero es que el de los próximos meses está disparadísimo", añade Romero. Básicamente por la crisis energética, que no tiene visos de mejorar, y que dispararía precios todavía más.

"La pérdida de poder adquisitivo es una realidad, y las políticas que el gobierno puede emplear, pues la monetaria depende del BCE, tienen que ir enfocadas a paliar esos efectos de una elevada inflación" añade Aznar. 

Al Gobierno le salió bien la jugada con la aprobación del tope del gas, la llamada excepción ibérica, que ahora Bruselas estudia copiar para el resto de Europa. Pero doblegar la factura no será tan fácil en otoño, cuando se espera que la alta demanda de energía, sumada a la escasez de fuentes y riesgo de cortes energéticos, dispare los precios. 

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2. Un pacto de rentas que no deje ganadores y perdedores

La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, junto a los representantes de los sindicatos y la patronal.

Capear la inflación será difícil, y combatirla es tarea de los bancos centrales. Lo que el Gobierno puede hacer para afrontar este desafío pasa por ir a la herida: conseguir que duela lo menos posible, y que no duela a unos más que a otros.

Ese es el objetivo del gran pacto de rentas que lleva negociándose durante meses entre empresarios y trabajadores, sin grandes avances. Los trabajadores reclamaban una subida salarial que los empresarios no estaban dispuestos a asumir, en parte, por el riesgo de que llevara a una peligrosa espiral de precios.

"Una de las prioridades del Gobierno tendría que ser llegar a un pacto de rentas de verdad, para que la inflación no entre en espiral precios-salarios", destaca Ángel de la Fuente, director ejecutivo de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea).

La idea es negociar un acuerdo en materia de salarios que mitigue la pérdida de poder adquisitivo sin poner en riesgo la viabilidad de las empresas. En otras palabras: si la guerra va a golpear sí o sí a hogares y empresas, habrá que repartir las cargas.

"El pacto de rentas no es otra cosa que la traducción de un empobrecimiento generalizado de todos para intentar contener que los precios sigan creciendo. Esto es lo que llamamos un óptimo paretiano en economía: es una solución incómoda para todos, pero con vistas a estar mejor mañana", resume Romero.

Todos los economistas consultados coinciden en que este acuerdo no sería justo si se saca de él a ciertos colectivos, como los funcionarios, los pensionistas, o incluso las rentas de los beneficios empresariales. 

"El pacto de rentas debe abarcar a todos los agentes, porque si no, no es un pacto de rentas, es un pacto para unos pocos. Indexar las pensiones a la inflación supone generar un trato de favor. Será pan para hoy y hambre para mañana", avisa Romero. 

El problema es que estamos a escasos meses de elecciones municipales y autonómicas, y también de las generales, y los pensionistas suponen un electorado de casi 10 millones de personas

No es casualidad que el Gobierno se haya cerrado en banda con que revalorizará las pensiones con la inflación. Aunque ello implique un gasto extra de más de 10.000 millones de euros al año que engordará todavía más el déficit.

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Si el Gobierno opta por ligar las pensiones al IPC mientras pide al resto de la población que se apriete el cinturón, estará priorizando el rédito político sobre la equidad de un pacto de rentas, y habrá ganadores y perdedores.

3. La amenaza de un corte de suministro de gas ruso

Campo de gas en Rusia, propiedad de Gazprom.

Europa se prepara para lo peor: un invierno gélido en temperaturas, unas economías ardiendo por la inflación y la amenaza de un corte en el suministro de gas ruso.

"Lo que más determinante va a ser tiene que ver con lo que ocurra con el gas en invierno", afirma María Jesús Fernández, economista senior de Funcas: "Si hay un desabastecimiento importante que obligue a imponer restricciones severas, podría dispararse todavía más el precio del gas, lo que podría llevarnos a una crisis económica más severa de lo esperado".

Que Rusia corte el grifo puede arrastrar a media Europa a un problema de abastecimiento de gas en un momento crítico, en pleno invierno. 

España no sufrirá tanto como otros países. "Para España no hay ninguna amenaza en ese tema. Tenemos las reservas más altas de Europa y además la mayor capacidad de regasificacion de GNL (gas natural licuado) de Europa", resume Enrique Ayala, analista especializado en energía de la Fundación Alternativas.

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España no va a tener problemas de suministros. Tendrá gas, pero lo pagará a precio de oro. Hasta ahora, el precio del gas está limitado. El Gobierno aprobó un tope al precio del gas en el mercado mayorista eléctrico. Esto se traduce en una rebaja en la factura de la luz que después pagan los consumidores. 

Sin embargo, esta excepción no durará siempre, y menos cuando el precio del gas se dispare como consecuencia de la escasez de GNL, la alta demanda en pleno invierno y las dificultades para acceder a flujos de gas de otros países.

Por otro lado, aclara Ayala, "si Alemania entrara en recesión por falta de gas, eso nos afectaría a todos". Un corte de suministro de gas ruso no tiene por qué golpear a España directamente, pero la economía española sí podría sufrir como consecuencia de un parón de la industria alemana.

 El peor de los escenarios, añade Fernández, "implicaría alimentar otra vez una nueva espiral inflacionaria".

4. El impacto de una subida de tipos en la demanda y en la prima de riesgo

La presidenta del BCE, Christine Lagarde.

La tensión de precios sostenida en el tiempo y en su virulencia ha puesto contra las cuerdas al Banco Central Europeo (BCE). La inflación actual de la eurozona está más de 7 puntos por encima de los objetivos del organismo (en el 2%), y sigue apretando, poniendo en evidencia el papel del banco central como garante de la estabilidad monetaria.

En julio, el BCE ya aprobó una subida que sorprendió por ser el doble de lo inicialmente anunciado. Y ahora, a pocas semanas de la reunión de septiembre, en la que fijará un nuevo repunte de los tipos, ha dejado claro que va a pisar a fondo el acelerador

El equilibrio es complicado: el riesgo de no actuar contra la inflación podría llevar a una peligrosa espiral de subidas de precio, pero hacerlo podría arrastrar a las economías a una recesión.

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"España debe estar especialmente pendiente a las subidas de tipos, por su impacto sobre la demanda, pero también por lo que pueda ocurrir con nuestra prima de riesgo", afirma Fernández.

Una subida de los tipos se traduce en que los préstamos que dan los bancos se encarecen y, por tanto, sube el precio del dinero. Y si la financiación es más cara, la demanda se contiene.

Las futuras subidas de tipos de interés en Europa pueden causar problemas en el pago de la deuda a los países del sur, que tienen grandes porcentajes de deuda en relación al PIB. España tiene un nivel muy elevado de deuda pública, por lo que tener que financiarla a un coste más alto, en un momento de dificultades económicas, genera más problemas.

Y aunque a corto plazo, España es una de las economías menos afectadas por la guerra; a largo plazo los inversores podrían desconfiar de la solvencia de España. Máxime cuando la propia Airef ha advertido de que no hay una estrategia de reducción de deuda, y que hay riesgo de que se estanque en el 100% del PIB para 2025 y no baje más.  

5. Capear una recesión en año electoral

Pedro Sánchez abandona su escaño tras el debate de investidura de julio.

Cada vez son más las voces que descuentan que habrá una recesión técnica en los próximos meses, y dependiendo de la materialización de los riesgos anteriores, ésta será más o menos severa.

"Hay un riesgo de recesión a corto plazo. Si Alemania tiene que parar la industria por problemas de suministro energético, eso nos afectará. Es un riesgo más europeo que nuestro, pero nos afectará", advierte De la Fuente.

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"Muchos analistas indican que el otoño probablemente implique una recesión técnica. Esto es un reto para el gobierno, pues la política monetaria será restrictiva, con subidas de tipos, y la política expansiva es habitual en un periodo en el que habrá elecciones municipales", avisa Pedro Aznar. 

Por un lado, después de más de 2 años disparando el gasto para mitigar el varapalo económico de la pandemia, la deuda se ha disparado por encima del 117%, y el déficit cerrará este año en un 5%, según las previsiones del Gobierno, también por encima del objetivo del 3%. 

El Gobierno se enfrenta a un gran desafío en 2023: en tiempos de vacas flacas, toca embridar las cuentas públicas. Pero esto no es precisamente una política que predomine en periodo electoral.

"Esta situación obligará al gobierno a seleccionar sus prioridades. El miedo es que la cercanía de elecciones pese más que la eficiencia o coherencia de las medidas", lamenta Aznar.

6. Los fondos europeos: la última esperanza que hay que saber usar

Banderas de la Unión Europea

Sí hay algo que puede salvar a España en el cuarto trimestre, y es la lluvia de miles de millones de euros de los fondos europeos. "Los fondos europeos, en la medida que estimulan la inversión y la demanda, pueden ayudar a mitigar esa recesión", destaca De la Fuente. 

Aunque la demanda interna se apriete el cinturón en invierno, hay varios elementos que podrían sustituirla. "El ahorro de los hogares acumulado durante la pandemia, el paquete fiscal para mitigar los efectos de la guerra, la continua recuperación del empleo y los fondos Next Generation EU apoyarán la demanda interna", señala la OCDE. 

"Esta es quizás la palanca de apoyo que tratará de amortiguar todos estos shocks negativos. España ha salido particularmente beneficiada del reparto, y ahora contamos con ese impulso fiscal para recuperarnos", coincide Romero.

En total, España recibirá 77.340 millones de euros en ayudas directas de la Comisión Europea, más de lo esperado inicialmente.

El reto ahora es acelerar ese ritmo de impulso fiscal en la economía para que cale y amortiguar los vientos en contra que vienen. Pero no será un camino de rosas. Una vez recibido el dinero, hace falta saber gastarlo. 

En ese sentido, Romero destaca que, aunque España no ha evolucionado tan favorablemente en la ejecución de los fondos durante los primeros meses, ahora ha acelerado. "Hay palancas en las que vamos francamente bien. La mayor parte de países europeos van peor. Pero mal de muchos, consuelo de tontos...", añade.

"Los fondos van entrando, los programas se ponen en marcha según lo previsto, pero entre que sacas una convocatoria hasta que se ejecuta pasa tiempo. Esa sensación generalizada de que el dinero no está llegando es engañosa. El dinero ha entrado en la tubería, pero hasta que salga, tarda", apunta De la Fuente, que sí cuestiona la calidad de algunos proyectos: 

"Tengo la impresión de que la puesta en marcha del plan de recuperación fue rápida e improvisada. No hubo un proceso ni una consulta seria sobre los mejores usos del dinero, un análisis coste-beneficio, control de calidad... Da la impresión de que podría haberse hecho mejor".

Ello sin contar con que, para seguir recibiendo el dinero que queda por desembolsar, España deberá ir cumpliendo con los hitos marcados por Bruselas, con algunas de las reformas más complicadas, como asegurar la sostenibilidad del sistema de pensiones con el Mecanismo de Equidad Intergeneracional.

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