¿Congelar los salarios nos hace más fuertes? Por qué el riesgo de caer en una espiral inflacionista es más bajo en España

Zona de peligro
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La economía se precipita a toda velocidad hacia una espiral inflacionaria como no se había visto desde finales de los 80, y gobiernos de todo el mundo se han lanzado a intentar pararlo como sea. 

¿Controlar el precio de los alimentos? ¿De la luz? ¿Rebajas fiscales? ¿Subir los salarios? ¿Bajarlos? La lista de posibles recetas es tan larga como la de efectos secundarios que podrían desencadenar.

En EEUU, por ejemplo, Joe Biden ha optado por rebajas fiscales para los hogares para combatir una inflación descontrolada: en febrero los precios se dispararon un 7,9%, marcando su nivel más alto desde 1982. Su máxima fue: "hay que reducir los costes, no los sueldos". 

Sin embargo, es la moderación salarial que parece empezar a calar en EEUU lo que tranquiliza a algunos economistas. El salario medio por hora aumentó un 0,03% en febrero, muy por debajo del salto del 0,5% que se esperaba. Mientras tanto, el paro cayó más de lo previsto.

En España, la inflación se disparó al 7,6% en febrero, muy cerca de EEUU y muy por encima del resto de la países europeos. Ese mismo mes, en cambio, los salarios por convenio apenas se revalorizaron un 2,2%, casi 5,5 puntos menos.

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Para el trabajador medio, la impresión es preocupante: no hay forma de soslayar que estamos perdiendo poder adquisitivo, y España ya parte de niveles bajos.

"Mientras que los salarios del conjunto de la OCDE han subido casi un 17% entre 2000 y 2020 en términos reales, en España han bajado un 1,1%", explica Ansgar Seyfferth, colaborador de la Fundación Alternativas y director para España y Portugal de STAT-UP.

Pero esa moderación salarial es al mismo tiempo señal de que España podría evitar caer en una espiral inflacionaria. Una crisis mayor que terminaría rasgando con fiereza los bolsillos de los consumidores. Esa es la razón por la que Pedro Sánchez mete prisa a sindicatos y empresarios para cerrar un pacto de rentas: hace falta un acuerdo salarial moderado para evitar un mal mayor.

"Uno de los grandes temores ahora mismo es que la tensión inflacionaria provoque efectos de segunda ronda a nivel salarial. Es el gran miedo en EEUU, donde los sueldos están creciendo mucho más", apunta Leopoldo Torralba, economista sénior de Arcano.

En España, matiza Torralba, "todavía estamos demasiado lejos de esos niveles. Creemos que no se van a producir estos efectos".

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La moderación salarial característica del mercado laboral español ha sido una pesadilla histórica para los trabajadores, pero ahora podría alejar los fantasmas de una crisis mayor. 

"Si se intenta mantener el poder adquisitivo al nivel de la inflación vía salarios, y las empresas tienen que cargar con este aumento, más la subida del precio de la energía, más la de las materias primas, terminaría habiendo efectos de segunda ronda", avisa Jose Emilio Bosca, catedrático de la Universidad de Valencia e investigador de Fedea. 

"Las empresas ya tienen un incentivo a subir precios sin que los salarios suban", añade. Esto incrementaría precios todavía más, y la inflación seguiría subiendo, lo que llevaría a más reclamaciones de subida salarial, y así hasta el infinito. Es la temida espiral inflacionaria.

Sin embargo, añade Bosca, "con las características del mercado español debería romperse un poco esta dinámica".

Los expertos afirman que el riesgo de caer en una espiral inflacionaria en España es menor, principalmente por 3 motivos:

1. Una tasa de paro alta, la peor pesadilla de los aumentos

Los salarios pueden subir por dos razones: por falta de oferta o por presiones de los sindicatos (en el salario mínimo, en cambio, también entra en juego el papel del Gobierno).

Cuando no hay muchas personas buscando empleo (falta de oferta), las empresas tienen que mejorar las condiciones laborales para atraer candidatos, y eso incluye subidas salariales.

Es lo que ha estado ocurriendo en los últimos meses en EEUU, donde una tasa de paro rozando el pleno empleo y el fenómeno de la gran dimisión ha disparado los sueldos. En España, en cambio, el paro es el triple, el 12,7%, y eso que también está bajando.

"En EEUU están en pleno empleo, en el agregado de la eurozona también se encuentran en mínimos históricos, y lo mismo ocurre en Reino Unido o Japón. Aquí todavía estamos en el entorno del 13%, lejos de nuestro mínimo histórico del 8%", recuerda Torralba.

En todos estos países, señala Torralba, "hay más presiones". Aquí, en cambio, al tener una tasa de desempleo estructural y coyuntural más elevada, el poder negociador del empleado es menor.

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2. Escaso peso de los sindicatos

El segundo motivo por el que pueden subir los salarios es si los sindicatos consiguen hacerse oír. 

Los sindicatos llevan meses convocando movilizaciones y reclamando un aumento salarial acorde a la inflación. Con la guerra en Ucrania y el rebote del precio de la energía, las presiones se han redoblado. 

Pero los empresarios rechazan de plano un aumento ligado al IPC general, y el Gobierno tampoco está por la labor. En su lugar plantean subidas acordes a la inflación subyacente (en el entorno del 2%-3%). 

No está claro quién ganará el pulso, pero sí que los sindicatos han perdido mucho poder desde la última crisis, en parte por la reforma laboral de 2012

Con la nueva reforma, señala Torralba, "se ha avanzado en ese sentido, pero no vemos que vaya a haber grandes efectos".

"El menor poder de los sindicatos y la falta de mecanismos de indexación de salarios (que en España no existen desde hace tiempo) deberían ser argumentos en contra de una espiral de precios", coincide Bosca. 

3. La creación de empleo pierde fuelle

Si a estos dos elementos (tasa de paro estructuralmente alta y bajo margen de maniobra de los sindicatos) se le suma una posible desaceleración en la creación de empleo, la probabilidad de que los salarios suban de forma descontrolada y provoquen una espiral de precios es todavía menor.

Después de encadenar meses de afiliación a niveles históricos, parece que el ritmo de creación de empleo empieza a ralentizarse. Una tendencia acorde a un ciclo de consolidación del mercado laboral tras el importante rebote posterior a la pandemia.

Es más, la elevada inflación podría llevar a las empresas a ralentizar la producción, lo que implicaría menores necesidades de personal. "Las empresas suben precios y bajan la producción, porque la subida de precios hace que la demanda sea menor. Es lo que ocurrió en los años 70", avisa Bosca, pero añade: "no creo que lleguemos a tanto, tenemos cimientos más sólidos".

Bosca considera que la mejor solución sería una moderación salarial en un pacto de rentas. Eso, y que igual que se pide un esfuerzo a trabajadores y empresas, desde el Gobierno "también se pidiera ese esfuerzo a los pensionistas, porque lo que ganen de poder adquisitivo se traslada como un coste al resto de la sociedad".

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