Los robots humanoides venían a quitarnos los puestos trabajo, pero por ahora se enfrentan al despido y al reemplazo igual que los humanos

Robot Pepper

Reuters

  • Desde su presentación en 2014, Pepper ha acumulado despidos en todo tipo de trabajos debido a su limitada tecnología.
  • Soluciones tecnológicas aparentemente más sencillas como los altavoces inteligentes o los smartphones son superiores a Pepper, cuentan expertos consultados por Wall Street Journal.
  • A finales de junio, Softbank reveló que hace un año que ha detenido la producción de este robot humanoide.
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Que un robot lea las escrituras a los allegados de una persona fallecida le pareció una idea rentable a la gente de Nissei Eco, un fabricante de plásticos japonés que se dedica al negocio funerario.

La empresa contrató Pepper, un robot humanoide del tamaño de un niño, lo vistió como a un monje budista y lo programó para que cantara varios tipos sutras, fragmentos de discursos dados por Buda o alguno de sus discípulos, cuya selección dependía de las creencias del finado.

Por desgracia, el robot, fabricado por SoftBank, se estropeaba continuamente durante las ceremonias. Como consecuencia, fue despedido. La empresa dejó de alquilar los servicios de Pepper y lo devolvió al fabricante. No sería la primera ni la última vez.

Después de una serie de percances similares en todo Japón, en los que Pepper hizo mal su trabajo en lugares como una residencia de ancianos y estadios de béisbol, ahora es el propio Pepper el que necesita su propio funeral después de que Softbank haya anunciado recientemente el cese de su fabricación, tal y como recoge en un amplio reportaje The Wall Street Journal.

"Como tiene la forma de una persona, la gente espera la inteligencia de un humano", afirma para este medio Takayuki Furuta, director del Centro de Tecnología de Robótica del Futuro del Instituto Tecnológico de Chiba, en Japón, que no participó en el desarrollo de Pepper. "Su nivel de la tecnología se queda completamente corto. La diferencia entre Pepper y un humano equivale a la distancia que hay entre un coche de juguete y uno de verdad".

Como consecuencia, la unidad de robótica de SoftBank, un inversor tecnológico con sede en Tokio, dijo a finales de junio que detuvo la producción de Pepper el año pasado y que planeaba reestructurar sus equipos globales de robótica, incluida una unidad francesa que participó en el desarrollo de este robot.

Sin embargo, la empresa afirma que la máquina aún tiene recorrido. Una portavoz de la compañía, Ai Kitamura, ha explicado que Pepper es un icono de SoftBank y que sigue haciendo un buen trabajo como profesor y tomando la temperatura en los hospitales. Por otra parte, se ha negado a comentar ninguno de los percances que ha tenido este robot desde su lanzamiento.

SoftBank presentó el humanoide al mundo en 2014 y comenzó a venderlo al año siguiente. "Hoy podría convertirse en un día que la gente recordará dentro de 100, 200 o 300 años. Es un día histórico", dijo el presidente ejecutivo de SoftBank, Masayoshi Son, en la presentación.

SoftBank vendió los robots a particulares por unos 2.000 dólares, más las cuotas mensuales de los servicios de suscripción, y los alquiló a empresas a partir de 550 dólares al mes.

De sobra es conocido el romance que Japón mantiene desde hace años con los robots humanoides. Este se remonta, al menos, a Astro Boy, un robot de apariencia humana que protagonizaba un anime homónimo en la década de los 60: el argumento se situaba en mitad de un mundo futurista donde los humanos convivían en perfecta armonía con los robots. No obstante, esta historia de amor también ha tenido sus altibajos.

Asimo, de Honda, dio una vez una patada a un balón de fútbol frente al entonces presidente de EEUU, Barack Obama. Aiko Chihira, de Toshiba, un androide con nombre y apariencia de mujer, trabajó brevemente como recepcionista en unos grandes almacenes. Después de un tiempo, ambos desaparecieron.

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Más recientemente, una cadena hotelera japonesa creó un hotel operado por robots con forma de dinosaurio que se encargaban de las tareas de recepción. Lo hizo solo para dar marcha atrás después de que el plan fracasara. La empresa se dio cuenta, simplemente, de que trabajar de esta manera en realidad daba a sus trabajadores más trabajo y complicaciones que las que ya tiene de por sí un hotel convencional.

A Pepper se le dio un comportamiento alegre y se lo programó para captar las emociones humanas y entablar una conversación básica. Gracias a ello, protagonizó algunas demostraciones asombrosas. Pero, al igual que un candidato que hace una buena actuación en su entrevista de trabajo para luego volver locos a sus jefes, Pepper carecía de las habilidades que decía tener, dicen algunos de los directivos que confiaron en él en declaraciones recogidas por el WSJ.

En 2016, un operador de residencias de ancianos del área de Tokio llamado Ittokai introdujo tres unidades de Pepper, cada una con un coste de unos 900 dólares al mes, para dirigir las sesiones de ejercicios físicos de los ancianos de la residencia, entre otras tareas.

"Los usuarios se entusiasmaron al principio por su novedad", afirma a WSJ Masataka Iida, ejecutivo de la empresa. "Pero perdieron el interés antes de lo esperado". Iida ha explicado que el repertorio de movimientos de Pepper era limitado y que, debido a errores mecánicos, a veces hacía pausas imprevistas en mitad de su turno de trabajo. Después de tres años, la empresa lo desconectó.

En Mizuho Financial Group, los periodistas fueron invitados a una ceremonia en 2015 en la que Pepper fue presentado como un empleado de Mizuho. El robot fue colocado en el vestíbulo del banco con una tarjeta de empleado colgada en el cuello y dispuesto a recomendar productos financieros a los clientes. Hoy, Pepper ya no está en el banco, revela una portavoz que no ha querido dar más detalles.

SoftBank también promocionó a Pepper como un compañero para el hogar. El lote inicial de 1.000 unidades se agotó en un minuto a pesar de su elevado precio.

El periodista especializado en tecnología Tsutsumu Ishikawa ha dicho a WSJ que se "enamoró a primera vista" tras ver a Son, jefe de SoftBank, presentar una imagen futurista de la vida con un Pepper parlanchín.

Sin embargo, al llegar a casa de los Ishikawa, Pepper no podía reconocer las caras de los miembros de la familia ni mantener una conversación fluida, ha dicho este periodista. Se suponía que el robot, conectado a la nube, debía recordar a la familia incluso después de una avería, dice Ishikawa, pero cuando Pepper volvió a casa tras la reparación de un sensor, le saludó con un decepcionante: "¡Encantado de conocerte!".

Envió al robot de vuelta a SoftBank en 2018 después de gastar al menos 9.000 dólares durante los tres años de vida de su acuerdo de servicios de suscripción. Para ese momento, le dijeron, no tenía ya derecho a ningún tipo de reembolso. "Fue una gran pérdida de dinero. Todavía me arrepiento", dice Ishawaka.

Pepper, una tecnología inferior a otras soluciones más simples

En los mercados de segunda mano, los Peppers antiguos aún se pueden adquirir por unos cientos de dólares. Normalmente, se puede hacer sin firmar ningún contrato de servicio de mantenimiento con SoftBank. Así, el destino de muchos de estos robots es la decoración del hogar o la oficina o servir de juguetes para que los niños especialmente interesados en la robótica los desmonten y los vuelvan a montar.

Los expertos en robótica afirman que tecnologías como los altavoces inteligentes o los asistentes de los smartphones realizan muchas de las funciones de Pepper de forma más fiable y a menor coste. Furuta, experto en tecnología robótica, ha explicado que, si Pepper estaba destinado al entretenimiento, hubiera sido mejor que se pareciera a un perro o a un animal de peluche para no crear falsas expectativas.

Algunas empresas están siguiendo ese consejo. Un antiguo ejecutivo de SoftBank lidera una startup que fabrica un robot con forma de mascota redonda llamado Lovot. Se supone que anima a los humanos, pero no está pensado para ayudarles a hacer su trabajo. Nicobo, de Panasonic, presentado este año, está diseñado como una criatura vulnerable que saca el instinto de cuidado de su dueño. Entre sus habilidades está la de emitir sonidos de flatulencias.

SoftBank afirma que Pepper todavía trabaja enseñando a los niños y entreteniendo a los comensales en una cafetería de Tokio con temática de Pepper, entre otros trabajos. Durante la pandemia, además, Pepper encontró un hueco como conserje en los hoteles donde se alojaban los pacientes de covid-19 cuando el personal humano trataba de mantener las distancias.

Es posible que Pepper también haga su aparición en los Juegos Olímpicos que comienzan a finales de este mes en Tokio, pero por ahora SoftBank no ha querido hacer públicos los detalles.

Sí se ha hecho pública una última iniciativa. Softbank ha enviado 100 animadores Pepper a la sede del equipo de béisbol profesional del que son propietarios, los SoftBank Hawks, en Fukuoka, al sur de Japón. Su objetivo es hacer bulto en estadios semivacíos a causa de las restricciones de aforo por el coronavirus. Kitamura, portavoz de SoftBank, ha explicado que la idea es que los robots despierten el entusiasmo de público y jugadores sin aumentar el riesgo de infección.

Sin embargo, algunos de los que han visto partidos con animadores robóticos han descrito la escena como "distópica". Hirofumi Miyato, de 56 años, de Tokio, estaba viendo un partido por televisión cuando de repente vio al grupo de Pepper con los uniformes del equipo moviendo los brazos al unísono. Sintió cualquier cosa menos ganas de animar: "Me recordó a un desfile militar en Corea del Norte o China", ha dicho Miyato a WSJ. "Me pareció espeluznante".

Japón no es el único país donde Pepper no ha cumplido con las expectativas de sus empleadores. El robot tampoco ha logrado hacerse un sitio entre los trabajadores europeos. En 2018, en Edimburgo, Escocia, la empresa de comestibles Margiotta Food & Vines, tras participar en un documental de la BBC loando las capacidades de su Pepper, al que rebautizaron como Fabio, tuvo que tomar una decisión drástica: despedirlo por incompetente.

Entre sus muchos fallos, según recogió entonces Business Insider, los responsables de la tienda destacaron sus errores a la hora de dar indicaciones y su limitada capacidad de movimiento, entre otros muchos. Además, según recogió entonces el Daily Mail, la empresa se dio cuenta, tras solo un par de semanas, que los clientes echaban de menos algo fundamental cuando los atendía Pepper: el contacto humano.

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