Un grupo de científicos acaba de encontrar la 'huella digital química' de una supuesta explosión nuclear en Rusia que nunca fue reconocida oficialmente

A sign warns people not to enter the town of Ozersk near the Mayak nuclear facility.
A sign warns people not to enter the town of Ozersk near the Mayak nuclear facility.
Katherine Jacobsen/AP Photo

Katherine Jacobsen/AP Photo

Durante los últimos tres años, un grupo de científicos llamado el 'Anillo de los Cinco' ha estado avanzando poco a poco hacia la conclusión de que un accidente nuclear no revelado tuvo lugar en Rusia en 2017.

En julio de 2019, el grupo proporcionó pruebas de la existencia de una explosión en la instalación nuclear de Mayak, en el centro del programa soviético de armas nucleares. Mayak también fue el lugar de la explosión de Kyshtym en 1957, el tercer peor accidente nuclear del mundo detrás de Fukushima y Chernóbil.

A fines de 2019, los científicos sugirieron que, dada la gran cantidad de radiación admitida en la fecha, el accidente tuvo lugar el 26 de septiembre de 2017. La radiación parecía extenderse desde la región de los Urales del sur de Rusia (donde se encuentra la instalación de Mayak) hacia el centro Europa, Escandinavia e Italia.

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Un tercer estudio, publicado el pasado lunes, ofrece una "prueba irrefutable" de que la explosión estaba relacionada con el reprocesamiento de desechos nucleares, un método que separa el plutonio y el uranio del combustible nuclear gastado. La instalación de Mayak es la instalación de reprocesamiento nuclear más grande de la región. Esto no solo lo convierte en el origen más probable, sino en el único posible, aunque Rusia nunca ha reconocido un accidente nuclear en la instalación en esas fechas.

"No debemos olvidar que Mayak es una instalación militar y la Federación de Rusia es muy reacia a la hora de hablar de instalaciones militares", comentó Georg Steinhauser, profesor de la Universidad de Hannover en Alemania y uno de los autores del estudio, a Business Insider en agosto del año pasado. "Supongo que esto no sería muy diferente si ocurriese en otras naciones con mucho poder".

Un descubrimiento 'inesperado' en 2017

El 'Anillo de los Cinco' ha estado vigilando la atmósfera de Europa en busca de niveles elevados de radiación desde mediados de los años ochenta. El grupo provenía originalmente de cinco países: Suecia, Alemania, Finlandia, Noruega y Dinamarca. Pero después del desastre de Chernóbil en 1986, el equipo contó con la ayuda de otras naciones para conseguir refuerzos. Ahora incluye investigadores de 22 países.

El 2 de octubre de 2017, científicos italianos enviaron una alerta al Anillo de los Cinco sobre niveles elevados de rutenio-106, un isótopo radiactivo, en Milán. Era la primera vez que se encontraba rutenio-106 en la atmósfera desde el accidente nuclear de Chernóbil.

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"Nos quedamos atónitos", ha añadido Steinhauser. "No teníamos ninguna expectativa de que pudiera haber algo de radiactividad en el aire. Simplemente estábamos midiendo los filtros de aire como lo hacemos semanalmente, 52 veces al año, y de repente hubo un resultado inesperado".

Steinhauser ha explicado que la explosión fue la mayor liberación del reprocesamiento de combustible nuclear que haya sucedido.

Pero Rusia no se ha manifestado con respecto a ningún hallazgo del 'Anillo de los Cinco'. En diciembre de 2017, las autoridades rusas atribuyeron la radiación a un satélite artificial que se quemó en la atmósfera. El último estudio de los científicos excluye esa posibilidad.

'Un punto de inflexión para una mezcla ya turbulenta'

The Techa River, where the Mayak nuclear complex has reportedly dumped waste from spent nuclear fuel.The Techa River, where the Mayak nuclear complex has reportedly dumped waste from spent nuclear fuel.
The Techa River, where the Mayak nuclear complex has reportedly dumped waste from spent nuclear fuel.
Katherine Jacobsen/AP Photo

Katherine Jacobsen/AP Photo

El estudio es la primera evidencia directa de que el rutenio-106 proviene del reprocesamiento de residuos nucleares. Identificó una "huella digital química" única entre las muestras del isótopo recolectadas en 2017.

Dentro de esas muestras, los científicos encontraron signos de dos productos químicos comúnmente asociados con el reprocesamiento de residuos nucleares: cloruro de rutenio (III) y óxido de rutenio (IV). Esto proporcionó "evidencia directa de que el reprocesamiento de combustible fue el origen del lanzamiento ambiental de 2017", han argumentado los científicos.

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Asimismo agregan que, en circunstancias normales, las instalaciones nucleares deberían esperar al menos tres años antes de reprocesar el combustible nuclear gastado. En este caso, parece que el reprocesamiento tuvo lugar después de solo dos años. Eso significa que la actividad de reprocesamiento estaba destinada a ser exotérmica o liberar calor, según el estudio.

"El combustible gastado era inusualmente joven con respecto al protocolo de reprocesamiento típico", comentan los científicos. "Es probable que este proceso de captura exotérmica haya demostrado ser un punto de inflexión para una mezcla ya turbulenta, lo que lleva a una liberación abrupta e incontrolada".

La radiación podría no suponer un peligro para la salud

Los científicos no consideran que la liberación de rutenio-106 sea una amenaza inmediata para la salud de las personas, pero se desconocen las consecuencias a largo plazo. En 2018, el Instituto de Protección Radiológica y Seguridad Nuclear de Francia determinó que los niveles de rutenio-106 en la atmósfera no representan un peligro para la salud humana o el medio ambiente.

Steinhauser sostiene que la liberación nuclear "no fue nada en comparación con Chernóbil". Un análisis de 2013 reveló que la explosión de Chernóbil liberó a la atmósfera alrededor de 5,3 millones de terabecquerels (una medida de radioactividad) de material radiactivo, mientras que el supuesto accidente en las instalaciones de Mayak, liberó aproximadamente 250 terabecquerels de rutenio, una cantidad muy inferior.

Pero Steinhauser explica que podría haber razones para controlar la seguridad alimentaria cerca de las instalaciones de Mayak si la radiación se filtrara al suelo y al agua.

"Nos gustaría obtener información más detallada sobre lo que realmente sucedió", añade. "Siempre hay muchas posibilidades de que descubramos cada accidente, pero en el presente caso, la sorpresa estuvo de nuestro lado".

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