Pasar al contenido principal

La salud de Trump no es tan "excelente": los matices de su examen médico

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump
Reuters
  • El médico de la Casa Blanca Ronny Jackson sostiene que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, tiene una "salud excelente".
  • Sin embargo, los detalles de su examen médico así como la valoración de diferentes expertos cuentan una historia diferente.
  • Todo, desde el corazón hasta el colesterol de Trump, puede estar en peligro.

El médico de la Casa Blanca Ronny Jackson, quien se encarga de la salud del presidente de Estados Unidos, declaró el pasado martes durante una rueda de prensa que la salud de Donald Trump es "excelente" junto a otros detalles del examen médico. Sin embargo, parte de la propia información que Jackson reveló –incluidas algunas cifras y estadísticas que él mismo citó– cuentan una historia diferente.

Todo, desde el corazón al colesterol y el peso de Trump puede suponer un riesgo, explican varios expertos y la misma información que Jackson hizo pública.

El corazón de Trump puede estar en peligro

El médico de la Casa Blanca dijo que el estado general de salud de Trump, sobre todo su corazón, es muy bueno.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump
Kevin Lamarque/Reuters

"Para mí, lo que más sobresale es su salud cardíaca", explicó Jackson. "No tiene muchos de los factores de riesgo tradicionales, como por ejemplo antecedentes de ataques al corazón".

Sin embargo, Trump toma unos 10 miligramos de Crestor (el nombre comercial de uno de los medicamentos pertenecientes al grupo de las estatinas y utilizado para reducir el colesterol) y aspirina, la cual ayuda a reducir el riesgo de ataques al corazón. Jackson dijo que se planteaba aumentar la dosis de Crestor del presidente, aunque no especificó cuánto.

Por lo general, las estatinas se recomiendan para adultos con cierta edad y riesgo de sufrir algún tipo de afección cardíaca, derrame e infarto. Este tipo de medicación se receta casi de forma universal a las personas que ya padecen algún tipo de enfermedad del corazón, según refleja el grupo de trabajo del Servicio de Prevención de Estados Unidos.

Leer más: Prejuicios y superficialidad, los dos pilares de la gestión política de Donald Trump

La razón más obvia para que Trump use Crestor, sin embargo, es su colesterol. El nivel de colesterol LDL de Trump (el conocido como colesterol "malo") es de 143 miligramos por decilitro, 43 miligramos por encima de lo que consideran saludable los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades. La dieta de Trump –comida rápida, comida casera como pasteles de carne y espaguetis, golosinas como See's Candies y helados según las informaciones publicadas– seguramente tampoco ayuda. 

Aunque el presidente toma una pequeña dosis diaria de aspirina, todavía no existen suficientes pruebas para afirmar que las personas mayores de 70 años sin problemas cardíacos o derrames previos deban tomarla, indica el Grupo de Trabajo de los Servicios Preventivos de EE. UU. (Trump cumplió 71 años en junio).

Trump se acerca a la obesidad

También el martes, el médico de la Casa Blanca reveló que Trump pesa unos 108 kilogramos, lo que sitúa al presidente en el límite de lo que se considera obesidad según su altura y a partir del conocido como índice de masa corporal o (IMC).

Una báscula con una persona sobe ella
Shutterstock

Sin embargo, Jackson aseguró que no había calculado el IMC de Trump ni tenía intención de hacerlo.

El IMC no es perfecto. Entre sus muchos inconvenientes, el IMC no refleja una de las medidas más importantes cuando se trata de la obesidad: la grasa situada alrededor del abdomen. El indicador solo calcula la relación entre la estatura y el peso de una persona, lo que provoca que algunas personas delgadas pero con una gran cantidad de masa muscular puedan tener un IMC que signifique "sobrepeso".

Pero Jackson tampoco midió la cintura de Trump, una medición sencilla pero que los médicos reconocen cada vez más como un indicador clave de la salud. "No tiene mucho sentido medir la cintura", se defendió Jackson el martes.

Existen varios estudios que han documentado la relación entre grandes cantidades grasa abdominal y un mayor riesgo de enfermedades del corazón y diabetes. En un amplio estudio de 2012, por ejemplo, el equipo de investigación responsable analizó los datos obtenidos de más de 340.000 personas de Europa y descubrió que las personas con sobrepeso y cintura grande –88 centímetros o más para las mujeres y 102 centímetros o más para los hombres– tenían casi el mismo riesgo de desarrollar diabetes tipo 2 que las personas consideradas clínicamente obesas.

Leer más: Trump, China y el Brexit: todas las veces que el consenso de mercado se equivocó en 2017

Los científicos aún no están seguros de por qué el exceso de grasa en nuestro abdomen parece estar tan relacionado con efectos negativos sobre nuestra salud, pero piensan que tiene que ver con cómo puede interferir con nuestros órganos la grasa contenida en el interior del cuerpo, la conocida como grasa visceral. Es algo que los expertos en salud pública llevan estudiando durante años.

Aunque Jackson no tuvo en cuenta la medición de la cintura de Trump en su análisis, sí que citó futuros planes para ayudar a mejorar la dieta del mandatario estadounidense e implementar algún tipo de rutina de ejercicio físico.

El examen perfecto de Trump sobre su salud mental no refleja toda la verdad

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, hace cola en un restaurante de comida rápida
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en el restaurante Geno's Steaks en Filadelfia (EE. UU.).

La salud mental de Trump ha sido puesta en cuestión por numerosos expertos quienes consideran sus tuits –incluido el episodio en el que se burlaba del líder de Corea del Norte, Kim Jong Un, a propósito del tamaño de su botón nuclear– amenazantes.

Tradicionalmente, los psiquiatras tienen prohibido comentar en público su valoración sobre la salud mental de los presidentes de Estados Unidos por la la regla de Goldwater, el nombre informal de un punto de la declaración de principios éticos de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría (APA, por sus siglas en inglés) por el que los psiquiatras no deben dar ninguna opinión profesional de figuras públicas que no hayan evaluado directamente.

Pero en julio, la APA cuestionó su propia norma y comunicó que sus miembros podrían hablar en público sobre la salud mental de Trump.

El razonamiento detrás del cambio fue que se necesitaba permitir a los miembros de la asociación "utilizar su conocimiento de forma responsable", aseguró la expresidenta de la asociación Prudence Gourguechon a la reportera de Stat News Sharon Begley.

Leer más: Trump no tienen ningún botón nuclear: esto es lo que necesita en realidad

El martes, en una aparente respuesta a algunas de estas cuestiones, Jackson reveló los resultados de Trump en un examen mental de 10 minutos.

El médico de la Casa Blanca, quien a principios de mes publicó en Twitter que Trump era un "genio estable", aseguró que fue el propio presidente quien solicitó la prueba. Trump logró la máxima puntuación posible.

Sin embargo, la prueba no es un verdadero examen completo de la agudeza y agilidad mental. Por el contrario, tan solo exige que los pacientes lleven cabo tareas sencillas como dibujar un reloj, identificar animales dibujados y repetir frases y palabras sin equivocarse. Está diseñado para detectar signos de deterioro cognitivo en adultos y ancianos, no para posibles enfermedades y conductas.

"La prueba [realizada a Trump] es una medida de prevención, de evaluación. Tiene sus limitaciones", explica el neurólogo canadiense y autor de la prueba Ziad Nasreddine a la prensa canadiense.

Te puede interesar

Lo más popular