Santander, BBVA, CaixaBank, Sabadell y Bankinter se enfrentan a los primeros resultados de 2022 esperando la subida de los tipos y entre críticas por su reducción de plantilla

Los bancos españoles han cerrado 3.300 sucursales en el último año, que serán al menos 2.000 más antes del fin de 2021

Jon Nazca/Reuters

Los bancos se preparan para una nueva temporada de resultados. 

Tras un 2020 marcado por una dura pandemia y un 2021, con los coletazos de la crisis del COVID-19, parecía que 2022 iba a ser el año de la recuperación hasta que comenzó la guerra de Ucrania. 

La dramática situación generada tras la invasión rusa del país, ha llevado a que la incertidumbre vuelva a instalarse en los mercados y las perspectivas de recuperación económica se vean frustradas. Los organismos nacionales e internacionales están recortando las previsiones de crecimiento para este año y el que viene. 

Una muestra de esto fue que el Banco de España rebajó las previsiones de crecimiento para España al 4,5% y elevó la previsión de la inflación al 7,5% en 2022. El FMI avisó este martes de que los efectos económicos de la guerra se extienden "como un terremoto" sobre el PIB mundial, que pasará del 4,4% al 3,6% en 2022.

En este contexto económico, la gran banca se prepara para presentar los resultados del primer trimestre del año con la mirada puesta en las políticas del Banco Central Europeo. El organismo ya ha planteado que dejará de comprar activos en julio y que "en algún momento" después de que finalicen las compras netas de activos ajustará los tipos. 

Hasta el momento, el organismo presidido por Christine Lagarde había asegurado que los tipos subirían "poco después" de que finalizaran las compras de activos, pero tras la reunión del organismo del 9 de abril cambió el discurso. Por lo que ahora, podría retrasarse hasta final de año. 

En cualquier caso, los bancos ya están anticipando este cambio en la política monetaria del BCE, con un giro en su oferta comercial que ha comenzado a verse ya en la oferta hipotecaria volviendo a apostar por las hipotecas fijas y subiendo los tipos de interés de la oferta de hipotecas fijas. 

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Las cuentas de 2022 estarán, por tanto, marcadas por la evolución macroeconómica que todavía es impredecible y por el devenir de la política del BCE. En este contexto, la banca todavía no ha liberado las provisiones que guardó en plena crisis del COVID-19. 

En su memoria de supervisión del año 2021, el Banco de España pide, en este sentido, "prudencia" a las entidades para hacer frente a la posible subida de la morosidad una vez vayan venciendo las carencias de los créditos avalados por el ICO. Una situación que podría empeorar dada la actual situación macroeconómica. 

Aunque la banca ha señalado en varias ocasiones que no cuenta con fuertes repuntes de esta morosidad y que el porcentaje de créditos de la pandemia en revisión no es elevado, lo cierto es que la cambiante situación de la economía vuelve a elevar los niveles de incertidumbre. 

La reducción de sucursales 

La segunda ronda de fusiones que está viviendo la banca en los últimos meses, tras la ya ejecutada tras la caída de las cajas de ahorros, se está saldando con una dura reducción de empleados y sucursales

Nuria Cobo, secretaria de políticas sectoriales del sector financiero de Comisiones Obreras, ha explicado en la actualización de su informe Imprescindibles, que aborda la situación del empleo en el sector bancario, que la banca parece haber olvidado su "función social" y el "papel clave" que tiene en el sector económico. 

Desde el estallido de la burbuja del ladrillo, la reestructuración del sector financiero ha concentrado 88 entidades en 10 grupos bancarios. Esto ha tenido una consecuencia directa en un recorte de plantilla y sucursales. Entre 2008 y 2021 se ha producido un ajuste neto de 115.000 empleos y una reducción de 23.673 oficinas. 

Desde el sindicato denuncian que esto ha hecho que se dispare la “carga de atención” de 167 habitantes por persona empleada en 2008 a cerca de 300 habitantes en 2021, en un modelo de negocio social y laboralmente insostenible, que no cuida ni a sus profesionales ni a sus clientes. 

Para revertir esta situación, desde el sindicato reclaman que el sector vuelva a crear empleo a través de una tasa de reposición, un “contrato social” que permita la incorporación de profesionales jóvenes para sustituir las salidas.

A lo que añaden que exista participación de las plantillas en los protocolos de atención a la clientela, además de recursos adecuados. Mientras que se desarrolle un modelo de negocio y de relaciones laborales que cuide a las plantillas, basado en recursos suficientes y una adecuada organización, no en presiones y objetivos desmedidos.

En este recorte de plantillas y oficinas en los últimos tiempos ha tenido también que ver la digitalización de la banca. Esta apuesta por los canales digitales frente a los físicos permite a las entidades, por un lado, un ahorro de costes, a la vez que se adapta a las tendencias de otras entidades que han aparecido en el sector como los neobancos, las fintech o las grandes tecnológicas que han comenzado a ofrecer servicios bancarios

Pero también le ha valido de grandes críticas de los colectivos menos digitales, como los jubilados, que iniciaron una dura campaña contra la reducción de atención al público de las sucursales. 

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