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Síntomas del coronavirus: la evolución de moderada a grave puede producirse "muy, muy rápido"

Médicos con trajes protectores para tratar a pacientes infectados con el coronavirus
REUTERS/Kim Kyung-Hoon
  • Uno de cada siete pacientes enfermos de Covid-19 desarrolla dificultad para respirar y otras complicaciones graves, mientras que el 6% se vuelve crítico.
  • La progresión de una fase leve o moderada a severa puede ocurrir muy rápidamente.
  • Cuando se contrae una infección grave, existe un punto de inflexión en el que todo empieza a desmoronarse y no hay manera de recuperarse.
  • El coronavirus, que ya se ha extendido a 104 países, ha dejado ya más de 4.000 muertos e infectado a más de 110.000 desde que emergió en el centro de China en diciembre.
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El nuevo coronavirus es una enfermedad respiratoria, por lo que se propaga generalmente por medio de gotitas en el aire y sigue un patrón similar al de la gripe. Cuando una persona infectada tose o estornuda, las gotitas portadoras de partículas virales pueden caer sobre la nariz o la boca de otra persona o ser inhaladas. Cuando estas gotitas se quedan en la nariz y la garganta, provocan tos, pero cuando llegan a los pulmones, todo se complica. 

El coronavirus, que ya se ha extendido a 104 países, ha dejado ya más de 4.000 muertos e infectado a más de 110.000 desde que emergió en el centro de China en diciembre.

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Uno de cada siete pacientes enfermos de Covid-19 desarrolla dificultad para respirar y otras complicaciones graves, mientras que el 6% se vuelve crítico y pueden llegar a desarrollar shock séptico, según un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) del que informa Bloomberg.

Para optimizar la contención del virus y tras estudiar miles de casos, la OMS señaló la importancia de comprender la enfermedad e identificar a las personas en mayor riesgo ya que se puede pasar "muy, muy rápidamente" de un estado leve a crítico. Aunque la tasa de mortalidad sea baja, el 10-15% de los pacientes progresa a graves y, de estos, el 15-20% acaba siendo crítico, los cuales son en su mayoría pacientes mayores de 60 años con patologías previas como hipertensión, diabetes y enfermedades cardiovasculares.  

La infección generalmente comienza en la nariz y de ahí para a las células epiteliales que recubren y protegen el tracto respiratorio. Si permanece en la vía aérea superior, no habría que darle mayor importancia. En el caso de que bajase por la tráquea hasta las ramas periféricas del árbol respiratorio y el tejido pulmonar, podría desencadenar en una fase más grave de la enfermedad a causa del daño que provoca la neumonía infligido por el virus más el daño secundario causado por la respuesta inmune del cuerpo a la infección.

Según explica Jeffery K. Taubenberger, experto en este tipo de patologías, el cuerpo respondería inmediatamente ante ese ataque y podría eliminar la infección en tan solo unos días.

Cuanto el caso es más grave, esta cura puede llevar a la destrucción tanto de las células infectadas por el virus como las sanas, perdiendo así células protectoras productoras de moco, además de pequeños pelos que barren la suciedad y las secreciones respiratorias fuera de los pulmones. Como resultado, los pulmones son vulnerables a una infección bacteriana secundaria invasiva, como los gérmenes que normalmente están en la nariz y la garganta, y las bacterias resistentes a los antibióticos que prosperan en los hospitales. Los pulmones dañados pueden privar a los órganos vitales de oxígeno y dañar los riñones, el hígado, el cerebro y el corazón.

Hay un "punto de inflexión" antes de que el coronavirus mate

Cuando se contrae una infección grave, existe un punto de inflexión en el que todo empieza a desmoronarse y no hay manera de recuperarse. Esto ocurre especialmente en personas mayores, aunque los adultos jóvenes también pueden ser víctimas, como ocurrió con Li Wenliang, el oftalmólogo de 34 años que fue uno de los primeros en advertir sobre el coronavirus en Wuhan y murió después de recibir anticuerpos, antivirales, antibióticos, oxígeno y bombear su sangre a través de un pulmón artificial.

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Según explica Taubenberger, ciertas personas pueden ser más susceptibles genéticamente, posiblemente porque tienen una mayor abundancia de receptores de proteínas en sus células epiteliales respiratorias a las que se dirige el virus. También es posible que algunas personas tengan alguna inmunodeficiencia menor u otros factores del huésped relacionados con enfermedades subyacentes.

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