El S&P 500 puede caer un 43% y no dejará de hacerlo hasta que se produzcan estos 3 acontecimientos

Trader en Wall Street lamentándose de las cotizaciones.
Reuters

Los inversores que han apostado a lo grande por las acciones este año, probablemente estén entrando en pánico ahora que la bolsa cae y el riesgo de recesión aumenta.

Pero David Rosenberg, director del estudio Rosenberg Research, que lleva mucho tiempo en la brecha, probablemente esté disfrutando un poco del sufrimiento ajeno.

"Las cosas están evolucionando y (muy afortunadamente, con retraso) van en la dirección que yo creía que irían hace 6 o 9 meses", ha indicado Rosenberg a Business Insider este mismo mes.

Rosenberg dio la voz de alarma sobre una recesión en 2022 a principios de año, mucho antes que la mayoría de sus compañeros. En ese momento, el consenso en los mercados era que la economía se ralentizaría, pero que probablemente no habría recesión antes de 2024, o incluso 2025. El economista descartó esa opinión, y también advirtió que la caída del mercado continuaría.

El escenario bajista de Rosenberg: las acciones caen otro 43%

Aunque el jefe de Rosenberg Research reconoce que ya hay "bastante" riesgo de recesión, duda que este haya llegado al 50%.

Esta opinión se basa en que la actual caída de la bolsa estadounidense, concretamente un 19%, es la consecuencia de la caída de las valoraciones de las acciones, pero no de las revisiones a la baja de los beneficios de las empresas, según explica el economista.

Cuando el momento alcista estaba en pleno apogeo, muchos decían que "el mercado sigue la tendencia de los beneficios" y recomendaban mantener posiciones largas. Ahora, según Rosenberg, parece que está a punto de darse la vuelta a la tortilla. "La realidad es que los beneficios aún no han empezado a bajar", señala.

El PER tiende a llegar a 12

La relación precio-beneficio o ratio PER del S&P 500 se sitúa actualmente en 19,5 veces, lo que supone un descenso significativo con respecto a las 23,1 veces con las que comenzó el año, pero sigue estando lejos de su media a largo plazo de 15 a 16 veces. Mientras tanto, se espera que los beneficios aumenten un 4,3% en el segundo trimestre de 2022, según datos de Factset.

En recesiones anteriores, el PER tiende a llegar a las 12 veces, mientras que los beneficios caen alrededor de un 20%, según Rosenberg. Si la historia se repite, una nueva contracción del ratio PER junto con un descenso de los beneficios haría que las acciones caigan un 43%, en opinión del economista.

"Existe la posibilidad real de que el S&P 500 llegue de nuevo a los 2.200 o 2.300 puntos", afirma. Y añade lo siguiente: "Así que la historia sugeriría precaución en este momento, a pesar del daño que ya se ha hecho".

La historia también indica que la gravedad de una caída del mercado no está estrechamente ligada a la magnitud correspondiente de la caída del PIB. El economista indica que la "significativa" recesión de 1990 y 1991 fue acompañada de un mercado bajista relativamente suave del 20% para las acciones, mientras que la "modesta" crisis de 2001 vino de la mano de una caída masiva del mercado, concretamente del 49%.

Para Rosenberg, esto se traduce en que incluso una recesión "suave" podría ser devastadora para las acciones.

"No creo que debamos debatir si se trata de una recesión leve o de una profunda. Porque en lo que respecta al mercado, realmente no importa", apunta.

3 señales de recuperación a las que hay que prestar atención

Independientemente de si EEUU sufre una recesión leve con una débil recuperación, una profunda con un repunte repentino como en 2020, o cualquier otra combinación de resultados, hasta un bajista acérrimo como Rosenberg cree que la economía acabará recuperándose.

Es posible que ese día no llegue pronto, pero el experto afirma que los inversores deberían estar atentos a estas 3 señales: que el ratio PER del S&P 500 llegue a las 12 veces, que la Reserva Federal comience a relajar su política monetaria y que los bonos de EEUU se recuperen hasta el punto de que la rentabilidad del bono a 10 años converja con la de los dividendos del S&P 500.

El repunte de estos activos de renta fija y una convergencia de la rentabilidad del bono a 10 años con la del S&P 500 son 2 circunstancias que van de la mano, según cree Rosenberg.

Los precios de los bonos y los rendimientos se mueven de forma inversa, por lo que un repunte de los primeros coincide con la caída de los rendimientos. En la actualidad, la rentabilidad del bono a 10 años está en el 2,92%, lo que supone casi el doble de lo que era a principios de año. Mientras tanto, la rentabilidad por dividendos del S&P 500 es de solo el 1,66%.

Haría falta, eso sí, un espectacular repunte de los bonos para que la rentabilidad se redujera aproximadamente a la mitad y alcanzara la paridad con la del S&P 500. La única otra forma de que ambos se igualen es que el S&P 500 caiga tanto que aumente su rentabilidad por dividendos. Rosenberg afirma que, o bien la rentabilidad del bono a 10 años debe caer hasta el 1,6%, o bien el S&P 500 debe retroceder hasta los 2.200 antes de tocar suelo.

De este incipiente repunte, ha habido algunas señales en el último mes, ya que la rentabilidad a 10 años ha bajado más del 16% (o 0,56 puntos) desde mediados de junio. Los inversores suelen comprar bonos cuando están preocupados por la economía, pero ese no ha sido el caso este año porque la renta fija sufre enormemente cuando la inflación es alta y la Fed sube los tipos de interés.

Si los bonos adquieren más fuerza, podría producirse un repunte del mercado bursátil, según Rosenberg.

"La gallina tiene que venir antes que el huevo. Así que antes de que la renta variable experimente un momento alcista, primero deben hacerlo estos activos de renta fija. Porque no hay un fondo en la bolsa sin que haya un repunte significativo primero en el mercado de los bonos", analiza el economista.

Qué comprar (y cuándo)

Los inversores deberían centrarse en 4 tipos de valores cuando se inicie la recuperación, según Rosenberg: pequeñas capitalizaciones, minoristas, constructoras y empresas de mercados emergentes. Todos ellos son sensibles a la economía y deberían obtener mejores resultados durante una expansión económica. Sin embargo, es probable que estas inversiones sufran a corto plazo si las acciones y la economía siguen bajando.

Aunque nadie sabe con seguridad cuándo llegará el suelo del mercado, Rosenberg cree que el S&P 500 alcanzará su mínimo de 2.200 a 3.100 en el mejor de los casos en noviembre o diciembre de 2022.

En las anteriores recesiones, las acciones alcanzaron su punto máximo unos 6 meses antes de que comenzara la crisis. El máximo histórico del S&P 500 se estableció el 4 de enero de 2022, lo que sugiere que la recesión habría comenzado a principios de julio y, por tanto, acaba de empezar.

Las acciones tienden a alcanzar su punto más bajo de 8 a 9 meses desde el comienzo de una recesión, tal y como señala Rosenberg, añadiendo que la mayoría de las crisis económicas duran entre 6 y 16 meses.

Por lo tanto, en una crisis que dure entre 6 y 12 meses, el S&P 500 probablemente alcanzará su mínimo entre 4 a 9 meses después del inicio de la misma. Un cálculo aproximado sugiere que las acciones tocarían fondo en algún momento entre noviembre y abril de 2023, suponiendo que Rosenberg tenga razón en que la recesión comenzó en julio.

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