Un bote que atrapa tanto CO₂ como 250 árboles: la startup Phykos quiere cultivar algas en granjas robóticas y hundirlas para secuestrar carbono bajo el mar

Algas

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  • No solamente los bosques terrestres secuestran CO₂ de la atmósfera: también las algas marinas capturan el dióxido de carbono debajo del mar.
  • La startup Phykos tiene planes para cultivar algas en botes automatizados en medio del océano y hundirlas en las aguas para cumplir su cometido.
  • Cada plataforma podría secuestrar tanto CO₂ como 250 árboles.
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Cada vez son más las distintas tecnologías de captura de carbono que se desarrollan en diferentes puntos del planeta, desde gigantescas plantas como la más grande del mundo, recientemente inaugurada por la startup suiza Climeworks, o alternativas que bucean en la propia naturaleza, como la capacidad de los árboles para absorber el dióxido de carbono. 

¿Y si en vez de a la tierra mirásemos al mar? Las algas podrían resultar claves para reducir el CO₂ de la atmósfera, algo que ya se ha demostrado en proyectos anteriores como biorreactores concebidos para ser instalados en lugares urbanos y pensados para reducir la contaminación. 

Por estos seres vivos también apuestan desde Phykos, cuya historia aparece recogida en Fast Company: se trata de una startup que quiere cultivar algas marinas en granjas robóticas en medio del océano, hundiéndolas para secuestrar carbono del fondo marino. Es el equivalente a plantar bosques, pero acuáticos. 

"Nuestra misión es secuestrar una gigatonelada de carbono por año de forma segura en las profundidades del océano para las generaciones venideras", explican desde su web, todavía en construcción. 

La tecnología que han desarrollado se trata de un prototipo de pequeña embarcación robótica: funciona con energía solar y permite que crezca un estante submarino lleno de algas de rápido crecimiento. Cada plataforma puede capturar tanto CO₂ como 250 árboles, y aunque todavía está pendiente de pruebas, se cree que es una forma viable para capturar carbono del fondo de las aguas. 

Los fundadores de la startup se conocieron en X de Alphabet y decidieron unirse para combatir el cambio climático: las algas se perfilaron como la baza idónea. En las costas, estos organismos acuáticos ya capturan unas 173 millones de toneladas métricas de CO₂ cada año.

Phykos quiere replicar el mismo proceso en el océano abierto, donde no crecen las algas marinas, incrementando de forma sustancial el secuestro de carbono en el mar. Su invento se trata de una tecnología modular dirigida por un software especializado que calcula las mejores áreas para el crecimiento de las algas y evita automáticamente las rutas de navegación. 

 “Las algas crecerán y periódicamente se cortarán el pelo, por así decirlo, con un mecanismo de corte de cosecha integrado”, explica uno de sus creadores. Trabajarán con especies de algas que se hunden y una báscula las pesará después de cada cosecha para comprobar la cantidad de carbono capturada. 

Su enfoque es diferente, ya que su dispositivo está pensado para ser autónomo y funcionar de forma independiente durante varios años. Los barcos también pueden navegar a áreas particulares para depositar las algas bajo el agua.

Queda un largo camino por delante, como la regulación legal, el impacto ecosistémico ante una intervención con macroalgas a gran escala, o cómo evitar impactos en animales marinos como las ballenas migratorias. Se cree que el carbono de las algas estará encerrado durante 1.000 años. 

Entre sus ventajas con respecto a los árboles, se trata de una forma más permanente de compensar el carbono, ya que los bosques tienen cada vez más posibilidades de sufrir incendios

Por el momento Phykps funciona con un registro de carbono para verificar cómo se están contando los beneficios para que los créditos de carbono puedan venderse como compensaciones. Acaban de completar una temporada en la aceleradora tecnológica Y Combinator y se encuentran desarrollando la tecnología, que prevén que sea más económica que las desarrolladas hasta el momento. 

Al absorber el CO₂, las algas también podrían contribuir a resolver parte del problema de la acidificación del océano, así como enfriar el agua del mar. "Lo que nos emociona es que pueden tener cierto efecto restaurador en los océanos", celebra su cofundador, Nico Julin.

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