La bolsa española pierde más de un 30% de empresas cotizadas desde 2016: las startups esquivan el parqué cada vez más sostenidas por el capital privado

Un operador mira las pantallas de la bolsa de Madrid.
Un operador mira las pantallas de la bolsa de Madrid.

Reuters

Días hubo en que la máxima aspiración de toda empresa que se preciara de ser ambiciosa era multiplicar su negocio y, finalmente, salir a bolsa. 

El plan se concebía como algo tan natural como la trayectoria la de los ríos que desembocan en el mar, donde, por cierto, anidan los tiburones, esos agresivos operadores bursátiles.

Los referentes eran hombres como Amancio Ortega, que de tener un pequeño taller textil consiguió pasar a liderar con su Inditex el Ibex 35, el selecto club de las empresas españolas más poderosas: todas, por supuesto, cotizadas.

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Por el camino, Ortega se ha convertido, con una distancia sideral sobre el resto, en el hombre más rico de España, según Forbes. Tal es su superioridad que la siguiente en la lista, con una fortuna 10 veces menor, es su hija Sandra Ortega. 

Una fortuna como la del fundador del imperio textil gallego, cifrada en más de 70.000 millones de euros, es inconcebible sin el efecto multiplicador del mercado de valores.

Sin embargo, existen cada vez más caminos alternativos para las empresas. Buena muestra de ello la ha dado esta semana SpainCap, una asociación de capital privado y capital riesgo que cuenta con 300 miembros.

El capital privado al rescate

Esta, en su informe semestral de lo que va de año, ha cifrado en más de 5.000 millones de euros el dinero invertido en empresas por los fondos privados. 

De seguir este ritmo, el capital privado puede acercarse a un cierre de año de cifras récord que amenacen con superar el techo de 2019, unos 8.500 millones de euros.

"Cada vez hay menos salidas a bolsa porque cada vez hay más alternativas en el capital privado", explicó al respecto Oriol Pinya, director de SpainCap.

"El mercado bursátil tiende a ser un poco cortoplacista porque los resultados se valoran de manera trimestral, y una caída de un 1% en los resultados se castiga luego de forma muy severa en el valor de las empresas", ahondó el experto. 

Esto, sin contar los vaivenes diarios, es decir, los cambios abruptos que pueden darse en la valoración bursátil de las compañías por causas ajenas a su control, como una nueva regulación o una medida anunciada por el Gobierno.

Un ejemplo claro de ello se vio hace escasamente 10 días, cuando un eventual impuesto a la banca anunciado por el presidente español, Pedro Sánchez, en el marco del debate del estado de la nación propició que las entidades nacionales se dejaran ese día un 5% de su valor en los parqués.

Para Pinya, en cambio, el modelo de gobernanza de la empresa en la que entra capital privado favorece que fundadores, inversores y empleados se coordinen mejor.

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Los datos avalan, como poco, un cambio de tendencia

Desde diciembre de 2015, cuando la bolsa española registró 3.603 empresas cotizadas, el número de estas ha ido descendiendo poco a poco hasta situarse en junio de este año en 2.499, un 32% menos. Se trata de la cifra más baja al menos de los últimos 13 años.

Por otra parte, el número de empresas que entran a cotizar en el mercado bursátil español lleva años estancado. 

Si en 2018 debutaron en bolsa 35 empresas, en 2019 fueron 6 menos, 29. Tras un 2020 desértico marcado por una pandemia bajo la que solo se atrevieron a empezar cotizar 13 valientes, 2021 volvió a números de 2019, aunque de nuevo se dio otro descenso: apenas registró 27 nuevas cotizadas. 

El presente año no parece que vaya a ir mucho mejor. Tras un tímido arranque que condujo a que en el mes de mayo apenas hubiesen entrado en bolsa 3 empresas, la llegada del calor veraniego ha traído unas cuantas nuevas cotizadas más: en total, en el ecuador del año suman 9.

Aunque los expertos esperan una buena cantidad de debuts bursátiles en la segunda mitad del año, la incertidumbre de la actualidad macroeconómica ofrece dudas razonables de que en 2022 las nuevas cotizadas españolas alcancen la treintena.

Hannun y Clikalia, las dos caras de una misma moneda

Cotizar en bolsa no es nada fácil. Para empezar, hacerlo implica enfrentarse a una buena montaña de burocracia que es solo el principio del camino. 

Después, como advertía Pinya, viene el baile diario del valor de las acciones y, sobre todo, los temidos resultados trimestrales, el momento en el que la empresa debe exponer al mundo, negro sobre blanco, su estado financiero.

Esto sin contar con que la cotizada debe proporcionar información sobre temas sobre los que las startups guardan sepulcral silencio, como los sueldos de sus consejeros delegados y de su consejo de administración, entre otra mucha información jugosa.

Es también por esto que, mientras tengan abierta la posibilidad de acceder a un capital privado que hoy en día ofrece opciones para todos los tamaños y los sectores, las empresas se lo piensan cada vez más antes de cotizar

Un ejemplo de ello es Clikalia, que levantó la friolera de 460 millones de euros a finales de 2021 en la que fue entonces la ronda más alta que se había visto en España. Aunque se especula desde hace años con una inmediata salida a bolsa de la empresa, la verdad es que no tienen prisa.

"Es una hoja de ruta que estamos preparando. La cuestión es si realmente la compañía está preparada y si realmente tiene sentido para nosotros hacerlo", comentó al respecto hace meses a Business Insider España Francisco Alister Moreno, CEO de la empresa.

Este reconoció además que, para cuando lo hagan, por ahora la empresa mira más a EEUU que a Madrid o Barcelona: "Tiene que ver con los accionistas. La mayoría de los nuestros son fondos internacionales que tienen mucha experiencia lanzando compañías al mercado de EEUU".

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No es un caso único. El año pasado, la española Wallbox ya salió a cotizar en Nueva York vía Spac, y unos meses antes que ellos hizo lo propio Flywire

La otra cara de la moneda la ofrecen empresas como Hannun, una compañía catalana de muebles ecológicos que es, por ahora, la última en incorporarse al parqué español.

"Lo que buscamos saliendo a bolsa es en cierta manera democratizar la empresa, que cualquier persona pueda ser propietaria de Hannun. También queremos dar liquidez a los inversores que llevan con nosotros desde etapas iniciales", comentó en el canal de YouTube de la empresa sobre su salida bursátil Joan Álvarez, cofundador y CEO.

Fundada en 2018 y valorada en principio en algo más de 30 millones de euros, desde que se estrenó en bolsa Hannun mantiene sus valores estables tras apenas dejarse un 0,22% de su valor inicial. Ibi Lion Socimi, que se estrenó apenas un día antes, por el contrario ha subido un 8,9%.

Ambas representan una manera de entender el crecimiento cada vez más contracultural.

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