Los 'enfants terribles' de la economía que se rebelan contra los bancos centrales: "Seguir subiendo tipos es irresponsable"

Frente común rebelión

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Foto del redactor Inma Benedito
  • Un postulado impepinable de la economía dice que la inflación es un fenómeno monetario, y los bancos centrales son los encargados de pararla. Pero no siempre es así, y ahora podría ser un ejemplo de ello.
  • Dos premios Nobel de Economía argumentan en contra de las subidas de tipos de interés, y avisan: no es el instrumento adecuado y la cura puede ser peor que la enfermedad.

"Que los bancos centrales tengan un martillo no quiere decir que tengan que destruir la economía a martillazos". Lo decía a principios de año el premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, en El País, y volvió a arremeter contra ellos hace unos días, después de que tanto el Banco Central Europeo (BCE) como la Reserva Federal (Fed) anunciaran nuevas subidas de tipos, pese al terremoto bancario.

Los bancos centrales se sirven de la política monetaria como herramienta para garantizar la estabilidad de precios. El problema es que hay veces que el remedio que venden puede ser un roto para un descosido.

Uno de los postulados impepinables de la economía es que la inflación es un fenómeno monetario, por lo que son los bancos centrales los encargados de pararla (con el martillo de los tipos de interés). 

Pero la teoría ortodoxa se ha visto cuestionada en más de una ocasión, y en los últimos meses llueven los economistas que dicen que seguir subiendo tipos no siempre es la cura... al menos, no para la crisis actual de precios.

Además de Stiglitz, los enfants terribles de la política monetaria son economistas tan poco sospechosos como el también Nobel de Economía Paul Krugman, o la TUAC, el comité asesor sindical de la OCDE.

"Es irresponsable pedir nuevas subidas de tipos de interés en EEUU y en la zona euro. Es una decisión equivocada ante la desaceleración económica y la incipiente crisis financiera", avisaba la semana pasada Veronica Nilsson, secretaria General en funciones de la TUAC.

"No es el instrumento adecuado"

alimentos, supermercado, frutas y verduras

El discurso hegemónico, heredado de las teorías de Fisher y Friedman, se basa en que la única causa importante de la inflación tiene que ver con un aumento excesivo en la cantidad de dinero, y que, por ende, la única cura pasaría por retirar ese dinero del mercado. ¿Cómo? Haciéndolo más caro (subiendo tipos).  

Subir tipos supone echar un jarro de agua fría sobre el consumo. Pero, ¿qué ocurre cuando lo que provoca inflación no es la demanda? 

En el caso de Europa, el origen del conflicto está en el alto precio de productos básicos, como la energía o los alimentos (la llamada inflación de oferta), que a su vez han ido contagiando al resto de la cesta de la compra.

El principal argumento de Stiglitz en contra de las subidas de tipos es que la crisis de inflación actual no es un problema de demanda (al menos en Europa): "La política monetaria no es el instrumento adecuado porque no es un problema causado por un exceso de demanda. La cura puede ser peor que la enfermedad", resumía hace unos días.

"La cura puede ser peor que la enfermedad"

Si las economías europeas están ardiendo ahora mismo, no es por un consumo excesivo que haya disparado precios, sino por un problema de falta de oferta derivado de la crisis de suministros. En otras palabras, los precios suben porque hay poca oferta, no porque haya demasiada demanda.

"La política monetaria no aborda la fuente subyacente del problema. No resolverá los cuellos de botella en el suministro, para eso necesitaría políticas sectoriales de asignación de crédito. Solo puede empeorar las cosas", añade Stiglitz.

"Es como si te diagnostican una enfermedad en la pierna, y la solución que te da el médico para curarla es amputarla", ilustra Gonzalo Bernardos, profesor Titular de Economía en la Universidad de Barcelona.

Si el BCE echa un jarro de agua fría sobre la economía, el consumo acabará frenándose, y esto moderará precios, por mucho que la causa de la inflación estuviera en otra parte. Pero, ¿a costa de qué?

"Controlar la inflación induciendo una recesión puede funcionar, pero a un coste elevado", explica Krugman en este hilo de Twitter. La última vez que Estados Unidos tuvo que controlar una inflación elevada, en la década de 1980, el coste fue inmenso: la tasa de desempleo se disparó al 10,8% y no volvió a los niveles de 1979 hasta 8 años después.

Ilustración de inflación o de escalada de precios

Esta crisis no es como la de los 80

La inflación lleva más de un año batiendo cifras no vistas desde la crisis del petróleo de los años 80, hace 40 años. La diferencia es que, entonces, todo el mundo pensaba que la inflación se había incrustado en la economía.

Empresarios, trabajadores y consumidores actuaban como si la crisis de precios hubiera venido para quedarse mucho tiempo, lo que se traducía en reclamaciones salariales de los trabajadores para hacer frente a la pérdida de poder adquisitivo que los empresarios concedían, y que a su vez elevaban los precios finales. 

"Si pensamos que la inflación permanecerá muy alta durante muchos años, los salarios subirían como la espuma. Pero con el anclaje a medio plazo que tenemos de que no va a crecer sustancialmente (al menos no en los niveles vistos hace un año), lo vemos más contenido", explica María Romero, socia directora de Economía de Analistas Financieros Internacionales (Afi).

"Actualmente, poca gente lo cree (que la inflación elevada vaya a persistir). Los mercados de bonos prevén que el alza de los precios volverá a niveles prepandémicos. Si bien los consumidores esperan que siga siendo alta a lo largo de 2023, sus expectativas a más largo plazo continúan 'ancladas' en niveles bastante moderados", coincide Krugman en este artículo.

Krugman defiende que la crisis de precios remitirá tan pronto como el precio del petróleo y de los alimentos se calmen. Por eso, mantiene que "no sea necesario hacer pasar a la economía un trago como el de la década de 1980 para conseguir que baje la inflación".

Partido de fútbol en España

 "¿Cuánto estamos preparados a pagar para volver al 2%?"

La presidenta del BCE, Christine Lagarde.
La presidenta del BCE, Christine Lagarde.

La teoría monetaria ortodoxa se basa en dos premisas. La primera, que existe un tipo de interés natural al que la economía funciona en equilibrio (hay creación de empleo y baja inflación). La segunda, que el tipo de interés del banco central puede manipularse para alcanzar este tipo natural.

Hace años que el BCE se marcó el 2% como objetivo de inflación para alcanzar ese equilibrio. La presidenta del organismo, Christine Lagarde, se ha mostrado especialmente determinada a lograr dicha meta en las últimas semanas, y ni la quiebra de 3 bancos en EEUU, ni la crisis de Credit Suisse le han parado los pies.

No es para menos, teniendo en cuenta que la inflación anda descabalgada en la eurozona desde hace meses. En febrero, los precios crecieron un 8,5% en los países de la zona euro, casi 4 veces por encima del objetivo del 2%. 

En un artículo publicado en The New York Times, Krugman cuestionaba la meta del 2% fijada por los bancos centrales, argumentando que no hay evidencias empíricas de que esa tasa sea más favorable que un objetivo de inflación al 4%, por ejemplo. "¿Cuánto estamos preparados a pagar para volver al 2%?", se preguntaba.

Entre los daños colaterales, Stiglitz avisa de que "la política monetaria actual incrementa la desigualdad y aumenta el desempleo, golpeando con mayor virulencia a los grupos marginados". 

También extiende una "nueva forma de política del empobrecimiento, basada en buscar el beneficio propio a costa del empobrecimiento del país vecino", y aumenta el riesgo de crisis de deuda de los países y significa menor crecimiento global.

Christine Lagarde

Recetas alternativas no monetarias

Si la causa no es monetaria, la solución podría no serlo tampoco. Entre otras cosas, porque puede que a ciertos niveles ni siquiera las recetas monetarias lleguen a funcionar.

Lo explicaba en 2018 el profesor de Economía en la Universidad Pablo de Olavide, Manuel Hidalgo, (también asociado a EsadeEcPol y a la Fundación Alternativas) en este artículo, al decir que la inflación parece tener un suelo a partir del cual da igual qué política monetaria hagas; no parece reducirse. 

Más allá de las subidas de tipos de interés, la mayoría de economistas coincide en la necesidad de un pacto de rentas como vía alternativa para contener precios:

"La inflación es fundamentalmente el resultado del conflicto distributivo entre empresas, trabajadores y contribuyentes. Sólo se detiene cuando los distintos actores se ven obligados a aceptar el resultado  (en la metáfora del partido: cuando aceptan sentarse)", explica el economista francés y ex jefe del Fondo Monetario Internacional, Olivier Blanchard, en este hilo de Twitter.

El remedio, señala Stiglitz, pasa por ir al origen de la enfermedad: aumentar la energía verde, la producción de alimentos, reformar el sistema de precios de la electricidad, o más políticas de protección social financiadas por un impuesto a los llamados beneficios caídos del cielo.

Un diagnóstico con el que coincide la agencia anexa a la OCDE: 

"Aumentar la energía verde, invertir en guarderías y pagar mejores salarios para que más gente se incorpore al mercado laboral, en lugar de echar a la gente del trabajo o hacer que los mercados laborales sean aún más flexibles e inseguros para los trabajadores, son las políticas que controlarán la inflación a la vez que producen beneficios a largo plazo".

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