Esta startup española apuesta por el enfriamiento por inmersión, una tecnología que permite ahorrar un 50% en electricidad y un 85% en espacio físico

Pol Valls y Daniel Pope, fundadores de Submer.
Pol Valls y Daniel Pope, fundadores de Submer.

Submer

  • Submer es una startup nacida en Barcelona en 2015 que apuesta por desarrollar soluciones que permitan hacer más eficiente, sostenible y potente la computación, infraestructura de internet y entornos de alta densidad energética.
  • Para ello, la compañía ha desarrollado una tecnología que consiste en sumergir cualquier tipo de componente electrónico (por ejemplo, servidores) en un fluido biodegradable no conductor eléctrico dentro de unos tanques con un sistema de control que permite refrigerar los equipos de forma más eficiente que los métodos tradicionales.
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Immersion cooling (literalmente en español: enfriamiento por inmersión). Quédate con este término porque va a dar mucho que hablar en los próximos años. De hecho, ya lo está dando. 

Esta tecnología consiste en sumergir cualquier tipo de componente electrónico (por ejemplo, servidores) en un fluido biodegradable no conductor eléctrico dentro de unos tanques con un sistema de control que permite refrigerar los equipos de forma más eficiente que los métodos tradicionales. 

Submer, una compañía tecnológica nacida en Barcelona a finales de 2015, está apostando por ella. 

La empresa, fundada por Daniel Pope y Pol Valls, se dedica al desarrollo de soluciones que permitan hacer más eficiente, sostenible y potente la computación, infraestructura de internet y entornos de alta densidad energética gracias a dicha tecnología. 

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Según cuenta Valls en una entrevista con Business Insider España, este método permite ahorrar un 50% de electricidad y un 85% del espacio físico. Además, puede ubicarse en cualquier lado, tanto en una oficina, en el exterior o en un centro de datos tradicional.

De hecho, los grandes problemas de eficiencia en los data centers fue lo que les impulsó a fundar Submer, ya que se estima que consumen el 6% de la electricidad mundial (más que India) y generan el 4% del CO2 mundial (más que la aviación comercial en la época anterior al COVID). 

"El consumo eléctrico crecía mucho, casi la mitad de la energía se iba en refrigeración, los edificios cada vez eran más grandes y costosos, el consumo de agua era creciente -se estima que un centro de datos medio evapora una piscina olímpica cada dos días-...", explica uno de los fundadores de Submer. 

A esto se unió el auge de las tendencias tecnológicas de edge computing para poder reducir la latencia de las comunicaciones poniendo la computación cerca del uso final, así como la que apuntaba a tener hardware cada vez con más densidad de computación para aplicaciones de inteligencia artificial, blockchain o criptomonedas. 

Además, ambos fundadores conocían perfectamente los problemas de la industria por sus ocupaciones previas. De hecho, Pope, había creado y operado un centro de datos que acabó vendiendo en 2009.

Con este background y con la certeza de que conseguirían desarrollar un producto exitoso a largo plazo, decidieron crear la startup, apostando por la investigación y el desarrollo de tecnología y negocio durante los primeros 3 años hasta que consiguieron llevarla a producción a finales de 2018. 

Una inversión inicial de 3.000 que se ha traducido en más de 60 empleados en distintos países del mundo 

La aventura comenzó con una inversión inicial de 3.000 euros a los que se sumaron más de 25.000 euros en los meses sucesivos provenientes de sus trabajos en paralelo para mantener los gastos antes de conseguir financiación externa, así como ayudas provenientes de convocatorias de emprendimiento, con las que pudieron construir prototipos, testear la tecnología y mostrársela a potenciales clientes e inversores. 

"Fue una dura y larga experiencia que puso a prueba nuestra persistencia y creencia en lo que estábamos construyendo", afirma Valls.

Además, la startup ha realizado hasta ahora 2 rondas de financiación (una seed en 2018 y una Serie A en 2020) por un total de 15 millones de euros y está preparando el lanzamiento de otra. La primera se empleó en hacer crecer el equipo técnico y llevar la tecnología al mercado y la segunda en la expansión del equipo comercial internacional, añadiendo contrataciones locales y posiciones en EEUU, Europa y Asia. 

En este sentido, el fundador de Submer reconoce que desde el primer día tuvieron una visión internacional, ya que las empresas nacionales eran más conservadoras. No obstante, apunta que han notado un aumento en la tracción local, donde están trabajando con partners como Ingram Micro o fabricantes de hardware de primer nivel. 

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Ahora, 6 años después, Submer cuenta con más de 60 empleados distribuidos entre sus oficinas principales de Barcelona o trabajando en remoto desde otras localizaciones como Estados Unidos, Asia u Oriente Medio y multitud de empresas utilizan su tecnología, desde superordenadores hasta empresas tradicional del sector financiero, industrial o la ciberseguridad, así como entidades públicas o gobiernos. 

Según explica Valls, el método de immersion cooling puede aplicarse a empresas de todo tipo, localización ("más del 95% de nuestros clientes son internacionales") y tamaño, "pero las que más beneficios pueden obtener inmediatamente son las que se encuentran en esa ventana de tiempo de tener que actualizar el hardware de computación". 

Un ahorro de hasta el 95% del espacio y de los costes 

No obstante, según explica el empresario, cualquier entidad que se decida por esta tecnología obtiene una serie de beneficios, entre los que destacan el incremento de densidad de computación y el ahorro de energía eléctrica, que supone el principal coste operativo de los centros de datos. 

"La gracia es que nuestra aplicación en particular de refrigeración líquida es una adaptación especial basada en immersion cooling con un 'cerebro' también sumergible que gestiona el movimiento del fluido, lo que se traduce en ventajas adicionales", apunta el fundador de Submer. 

Entre ellas, cita algunas como el incremento de la capacidad de refrigeración de 10 veces las tecnologías tradicionales, lo que puede suponer un ahorro de hasta el 95% del espacio, o la reducción de más del 95% de los costes y hasta un 50% de la factura eléctrica de un centro de datos. 

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Además, ha destacado la flexibilidad del sistema, que se puede desplegar en cualquier lugar, su fácil mantenimiento y su alta seguridad, así como el ahorro del 99% del consumo de agua y la implementación de la economía circular, ya que se puede usar esta energía en otros procesos. 

El fundador señala que el coste de implementar este tipo de refrigeración en una empresa depende de si se tiene hecha la inversión en el edificio o la sala de computación. Si aún no se tiene hecha, es cerca de un 30% más económico frente a la tecnología tradicional, ya que se ahorraría el gasto operacional y el de capital, "e incluso más si el cliente no quiere el edificio". 

Por el contrario, si se quiere implantar en una construcción existente y se parte de una inversión ya hecha en sala blanca de computación, el coste sería un 30% mayor que el de comprar aires acondicionados y racks tradicionales (soporte destinado a alojar equipamiento electrónico), "pero el retorno de la inversión usando hardware hiperconvergente sería de menos de 1 año gracias al ahorro en los costes operativos".

"Una montaña rusa muy emocionante"

El fundador señala que quizás esta industria "no parece tan sexy como el software", pero detrás de esas pantallas hay toda una infraestructura "que necesita crecer cada vez más para poder soportar la expansión de la digitalización y si nadie hace nada, el impacto global en sostenibilidad que tendrá puede ser muy importante". 

Sin embargo, este propósito, como ha pasado a todas las empresas ha nivel mundial, se ha visto afectado para la aparición del COVID-19. Si bien esto ha supuesto para Submer que se retrasen algunas oportunidades en sectores como el manufacturero o el gasista, también les ha permitido avanzar en colaboraciones estratégicas gracias a poder juntarse con directivos de forma virtual, algo que en una situación normal no hubiese sido posible. 

Con la mirada puesta en el futuro, Valls prevé un crecimiento del mercado grande y diversificado, aunque apunta que aún seguirán existiendo entornos híbridos durante mucho tiempo, "es difícil librarse de equipos legacy (aquellos que han quedado anticuados, pero que se siguen utilizando), infraestructuras de almacenamiento con partes móviles o equipos de switching (los que conectan varios dispositivos a través de la misma red dentro de una localización) con muy poca densidad". 

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No obstante, parece que este tipo de refrigeración ha cogido carrerilla y que "el desierto" que se encontraron los fundadores de Submer cuando comenzaron esta aventura ya no lo es en absoluto. Grandes compañía, entre ellas Microsoft, han estado durante los últimos años experimentando con ella para lograr una mayor eficiencia y un gran ahorro de energía. 

Centrándose en su propia empresa, el fundador señala que a corto plazo tienen previsto seguir expandiendo comercialmente su portfolio de soluciones; a medio plazo sacar al mercado tecnologías de robótica y automatización para hacer aún más eficientes los centros de datos y despliegues de edge; y a medio-largo plazo tejer colaboraciones con otras industrias del entorno de almacenamiento de energía o baterías, así como el retail o la implantación en ordenadores personales de alto rendimiento de profesionales multimedia o gamers.

Según resume Valls, llegar hasta este ecosistema "ha sido una montaña rusa muy emocionante", aunque precisa que "aún queda lo mejor". 

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