Esta startup española ha formado a 425 mujeres como programadoras y el 89% ha encontrado empleo: "La tecnología no es algo ni de hombres ni de genios"

Dos alumnas del programa de formación de Adalab
Dos alumnas del programa de formación de Adalab

Adalab

  • En España, solo el 16,6% de los trabajadores del sector de técnicos TIC son mujeres.
  • La startup Adalab ha formado a 425 mujeres como programadoras frontend junior en 5 años y el 89% ha encontrado empleo.
  • "La tecnología y la programación, lo demuestran todas las mujeres que han pasado por Adalab, no es algo ni de hombres ni de genios", defiende su cofundadora, Inés Vázquez, en una entrevista con Business Insider España.
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La programación informática es, a día de hoy en España, un sector eminentemente masculino. Las mujeres son apenas el 16,6% de las personas ocupadas en el área de técnicos de información y las comunicaciones (TIC), según la Encuesta de Población Activa (EPA) del último trimestre de 2020, y desempeñan aproximadamente el 28% de los puestos del sector de programación, consultoría y otras actividades relacionadas con la informática. Son, aproximadamente 48.400 programadoras o técnicos de una categoría profesional que da empleo a 291.800 personas entre ambos sexos.

Una brecha que, según las fundadoras de Adalab, una startup que se dedica a formar en programación a mujeres que quieren reconducir su situación profesional, se debe a un "problema estructural" de la sociedad, que asocia la tecnología a "algo que no es cosa de mujeres", a las que desde pequeñas se les asocia con otras habilidades, mientras un buen número de estudios apuntan a que las profesiones tecnológicas están siendo y serán las más demandadas en el futuro

"La tecnología y la programación, lo demuestran todas las mujeres que han pasado por Adalab, no es algo ni de hombres ni de genios. Hay gente que cree que para ser programador tienes que haber creado una web con 3 años. No. Es como cualquier otra profesión, tienes que dedicarle horas a aprenderlo y practicar, no es ni más fácil ni más difícil", defiende Inés Vázquez en una entrevista con Business Insider España.

Vázquez puso en marcha en 2016 junto a Rosario Ortiz esta startup que ha conseguido en 5 años formar a 425 alumnas como programadoras frontend, cuyas alumnas tienen un porcentaje de inserción laboral del 89%, aun teniendo en cuenta el impacto de la pandemia. Incluso en el año 2020, con todo lo que ha supuesto para el empleo, aseguran que el 73% de sus alumnas han conseguido empleo.

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Con un programa de formación tipo bootcamp —un formato de formación intensiva y muy orientada a los conocimientos prácticos dirigida a saltar rápidamente al mundo laboral— de 12 semanas que es "muy intenso", ya que sus estudiantes llegan a invertir unas 10 horas diarias, la mayoría en trabajos prácticos, Adalab ha conseguido identificar un nicho, el de programador frontend junior, que las empresas necesitan cubrir y que ha permitido un reciclaje profesional para mujeres de ámbitos muy diferentes.

"La media de edad es de unos 30 años, aunque tenemos gente de 18 a más de 50, la mayoría con estudios universitarios muy diversos, sobre todo carreras con menos salidas. La carrera número uno de las adalabers es Comunicación Audiovisual, pero también tenemos periodistas, arquitectas, químicas, biólogas... El 75% están desempleadas y el otro 25% tiene trabajos precarios, becas o prácticas", detalla Vázquez. "Son personas que han invertido años en carreras universitarias y a las que les es imposible conseguir un empleo, o con 30 años su máximo sueldo han sido 600 euros, y ahora con tres meses de formación pueden alcanzar un empleo con una media de 20.000 euros anuales de sueldo", añade.

De hecho, para las fundadoras de Adalab fue una sorpresa encontrarse con que las destinatarias de su proyecto serían mujeres con formación universitaria. "En el inicio pensábamos en una alumna de 18-20 años que no había estudiado y quería formarse para entrar a trabajar, pero luego nos dimos cuenta de que atraíamos a gente con estudios universitarios que no tenían salida y buscaban otra alternativa" explica Inés Vázquez.

Inés Vázquez (i) y Rosario Ortiz (d), cofundadoras de AdalabInés Vázquez (i) y Rosario Ortiz (d), cofundadoras de Adalab
Inés Vázquez (i) y Rosario Ortiz (d), cofundadoras de Adalab

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Las dos responsables de Adalab se conocieron cursando un máster en Cooperación, cuando ambas trabajaban en ONG, después de haber pasado por sectores como la consultoría o las finanzas. "Vimos que la empresa privada no nos daba ciertas cosas y en el sector de la ONG también se podía hacer de otra manera", relata Vázquez.

Corría 2015 y su idea era poner en marcha un proyecto de emprendimiento social. "Había un desempleo muy alto y queríamos hacer un proyecto cuya finalidad fuera reducir el desempleo. Investigando llegamos al sector tecnológico, donde muchísimas publicaciones indicaban que buscaban trabajadores y no los encontraban. Al investigar más, vimos que la presencia de mujeres era nula", añade la cofundadora de Adalab. Según un estudio de la consultora Pearson Frank, en 2017 solo un 9,3% de los puestos de desarrolladores en España eran desempeñados por mujeres.

A raíz de esa constatación, comenzaron a contactar con empresas tecnológicas para conocer sus necesidades y con mujeres desempleadas, colaborando con iniciativas de formación de programadores como Hackademy para encontrar el perfil sobre el cual debían basar el curso, el de programadora junior frontend —como se denomina a quienes programan la parte más interactiva y visual de las webs y aplicaciones, aquella con la que inteactúa el usuario— junior. 

"Con el perfil, hablamos con empresas para saber cuáles serían los mínimos que necesitarían para contratar a una alumna como junior y con eso creamos el currículo del curso", comenta.

"Una de nuestras primeras alumnas dejó el trabajo al primer día porque no se veía"

Inicialmente contactaron con ONG y asociaciones de mujeres para dar a conocer la formación, pero también acudieron a su propuesta mujeres cercanas al sector tecnológico. Su primera promoción contó con 3 alumnas. "Una de ellas, después de los 3 meses de formación, consiguió trabajo y el primer día lo dejó porque no se veía. Imagínate nuestras caras. Ahí nos dimos cuenta de que no solo se trata de que la formación funcione, sino que tenemos que hacer una buena selección", explica.

Entre las pruebas que realizan incluyen tres fases: una con tutoriales de HTML y Java en los que buscan que las futuras alumnas experimenten lo que es la programación, una segunda con varios test para examinar la capacidad de comprensión y la "inteligencia fluida" —la capacidad para adquirir nuevos conocimientos no relacionados con su formación anterior—, una entrevista de inglés y una entrevista personal.

"Buscamos que esas personas hayan interiorizado bien su cambio de carrera, que tengan motivación", comenta Vázquez. Bajo su punto de vista, una de las claves que deben tener las personas que quieran reconducir su carrera profesional hacia la programación es convivir con la incertidumbre. "En programación tienes la sensación de que nunca sabes lo suficiente. Vives con esa incertidumbre, y esto es algo que tienen que aprender. Lo practican en el curso intensivo, en el que cada día damos un concepto nuevo y tienen que acostumbrarse a que no tienen nada seguro"

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El proyecto también ha requerido mucho contacto con empresas. Las primeras eran compañías que a su necesidad de programadoras unían una apuesta por la diversidad; pero a partir de ellas se sumaron muchas más. Hasta 160 compañías, que han contratado a alumnas del programa, bien por mediación de Adalab en su bolsa de empleo (el 60% de los casos), bien porque las propias alumnas se han presentado a sus vacantes. Entre ellas están Amazon, Accenture, el área tecnológica de BBVA o Spotahome.

De la formación presencial al online y en busca de nuevos perfiles

Inés Vázquez, cofundadora de AdalabInés Vázquez, cofundadora de Adalab
Inés Vázquez, cofundadora de Adalab

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La pandemia ha provocado que su formación, que antes era presencial, haya pasado a ser completamente digital, lo cual ha acelerado otro proceso: el extender la formación más allá de Madrid a otras ciudades. De hecho, ya la mitad de las alumnas de los últimos cursos procede de otros puntos fuera de la capital. Su próximo objetivo es lanzar otro curso, con un perfil diferente, el de analista de datos. "Tuvimos que pararlo por la pandemia, la idea es retomarlo este año", explica Inés Vázquez, que no descarta sumar formaciones para otros perfiles en el futuro.

El proyecto, que económicamente es "100% autónomo, rentable y sostenible", contó inicialmente con el apoyo de una fundación que daba becas por la mitad del coste del programa, pero con la pandemia se perdió este apoyo, con lo que han optado por ofrecer a sus alumnas financiación "con condiciones razonables" a través de una entidad financiera.

Su último hito fue que Rosario Ortiz fue convocada por Presidencia del Gobierno para formar parte de la presentación de la Estrategia Nación Emprendedora, como ejemplo de iniciativa de formación, una situación que les hizo sentirse "sorprendidas pero encantadas". Al Ejecutivo le pedirían un mayor esfuerzo por adaptar la educación pública a las necesidades actuales. 

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"La tecnología cambia tan rápido y la formación va tan lenta, que le es superdifícil adaptarse a esos cambios. Nosotros hacemos eso, de unos meses a otros cambiamos la formación, y ese es un reto de la formación pública", reflexiona la cofundadora de Adalab.

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