¡Vigila el termostato! Esta es la temperatura perfecta para dormir, según la evidencia científica

Pareja durmiendo

¿Te cuesta mucho dormir bajo el insufrible calor de las noches tropicales veraniegas o en invierno precisas una copiosa capa de mantas para conciliar el sueño? No es extraño, teniendo en cuenta que existen unas condiciones ideales de descanso para el organismo.

Al igual que la luz y el silencio influyen en la higiene del sueño o en el tiempo que una persona tarda en dormirse, la temperatura tiene un poderoso efecto a la hora de caer en los brazos de Morfeo. 

Desde Sleep.org sintetizan la evidencia científica disponible hasta la fecha, alertando de que incluso los pequeños cambios inciden en la calidad del sueño.

Tu cuerpo se regula según el ritmo circadiano, el reloj interno alineado con la salida y la caída del sol, la luz y la temperatura. Para saber cuándo iniciar el sueño, una parte del cerebro llamada núcleo supraquiasmático emplea estas pistas ambientales. 

Para promover un descanso de calidad, segregar la cantidad adecuada de melatonina y no pasarte horas siendo presa del insomnio y contando ovejas, vigila el termostato o procura que tu habitación esté a estos grados. 

¿Cuál es la mejor temperatura para dormir?

Termostato

Algunos investigadores del sueño identifican una temperatura ambiente óptima situada entre los 19 y los 21 grados centígrados. Pese a ello, las necesidades de cada persona son personalizadas, y pueden variar en un rango de temperatura un poco más amplio. 

La temperatura corporal media durante el día oscila entre 36,3° y 37,1° en estado saludable, pero desciende por la noche, cuando el proceso utiliza un proceso llamado vasodilatación para enviar flujo sanguíneo a las extremidades y bajar la temperatura central.

Esta es la razón por la que algunas personas experimentan manos o pies calientes mientras se duermen, y por la que las personas con pies fríos pueden tener problemas de insomnio. La caída en la temperatura interna coincide con la liberación de la melatonina

Por todo esto, dormir en una habitación demasiado caliente puede reducir la eficiencia del sueño y provocar fatiga a largo plazo. Son vatios los estudios que han hallado correlación entre temperaturas centrales más altas y una disminución en el tiempo dedicado a etapas importantes del sueño, como el sueño de ondas lentas o la fase REM. 

En el caso de los bebés, hay que vigilar de cerca la temperatura de la estancia, ya una habitación demasiado calurosa puede aumentar el riesgo de síndrome de muerte súbita del lactante 

Toma varios apuntas si deseas mejorar el ambiente y convertir tu habitación en un lugar cómodo y fresco. Es crucial que la ropa de cama sea transpirable y liviana en verano, pero también pesada y aislante en invierno para ayudar a tu organismo a retener el calor.

Mejor cierra las persianas y duerme a oscuras; elimina la luz azul de las pantallas y las distracciones tecnológicas de la televisión, las tabletas y móviles, apuesta por el silencio —o por sonidos relajantes como el ruido blanco—, y huye de las cenas copiosas, evitando también la cafeína y el alcohol. 

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