Todo lo que la ciencia sabe (y lo que sigue sin saber) sobre la pérdida del gusto y el olfato provocada por el coronavirus

Una chica se quita la mascarilla para oler las flores

Reuters

  • La anosmia está ahora identificada como uno de los síntomas más comunes y característicos del COVID-19. 
  • A pesar del tiempo que se lleva conviviendo con esta alteración provocada por el coronavirus, sigue habiendo interrogantes en torno a su duración y sus consecuencias. 
  • Esto es lo que los científicos saben (y lo que no) sobre la pérdida del olfato y el gusto. 
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La pérdida del gusto y el olfato fue uno de los primeros síntomas provocados por el coronavirus que alertó a la ciencia de que este virus provocaba alteraciones neurológicas. 

En marzo de 2020, la Sociedad Española de Neurología ya recomendaba, ante lo observado en una gran mayoría de pacientes, "contemplar la anosmia aguda como uno de los síntomas de la infección por COVID-19".

Ahora está reconocido como uno de los síntomas más comunes y reveladores de la enfermedad. En muchos casos, puede ser incluso la única manifestación clínica de que la persona ha sido infectada con el virus. 

A pesar del tiempo que se lleva conviviendo con la anosmia producida por el coronavirus, sigue habiendo interrogantes en torno a esta alteración. 

Esto es lo que los científicos saben (y lo que no) sobre la pérdida del olfato y el gusto, según Nature.

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La pérdida de olfato es un síntoma común 

Uno de los estudios más recientes sobre la prevalencia de este síntoma señala que el 86% de las personas que tienen COVID-19 pierden parte o toda su capacidad de oler durante unos 22 días.

Los casos leves son los que más presentan este síntoma y solo el 6,9% de pacientes que sobrevive a una enfermedad muy severa de coronavirus tuvo anosmia. 

Los investigadores no saben muy bien a qué se debe esa diferencia entre los pacientes leves y más graves. 

"Por lo general, los pacientes dicen que han perdido su olor de repente", una pista de que el síntoma está relacionado con COVID-19, dice Shima T. Moein, una investigadora que ha liderado otro estudio sobre la anosmia en Irán, a Nature. 

A menudo, la alteración es el único síntoma de COVID-19 que el paciente presenta, lo que sugiere que el fenómeno está separado de la congestión nasal inducida por el virus.

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El virus no parece afectar al cerebro 

Aunque los mecanismos no se comprenden del todo, hay un consenso emergente de que la pérdida de olor se produce cuando el coronavirus infecta las células que sostienen las neuronas sensoriales de la nariz, asegura Nature. 

"Sabemos que la pérdida de olor en COVID-19 es más que el simple mecanismo que vemos en las infecciones respiratorias superiores estacionales, donde los síntomas comunes de la congestión nasal y el goteo nasal dan como resultado un flujo de aire pobre y una reducción en la entrega de olores a la región de la nariz responsable del olor", explica a Healthline el Dr. Jonathan Overdevest.

Cuando los investigadores identificaron por primera vez la pérdida del olfato como un síntoma de COVID-19, les preocupaba que el virus estuviera infectando las neuronas sensibles al olor de la nariz que envían señales al bulbo olfativo en el cerebro, y que por lo tanto el virus pudiera acceder al cerebro. Sin embargo, las autopsias de personas que han pasado COVID-19 han demostrado que el virus rara vez llega al cerebro.

Además de la teoría de las células, se han investigado otras formas en las que COVID-19 induce la pérdida de olores. Por ejemplo, un equipo de investigación en Italia revela que podría estar provocada por inflamaciones. 

La ciencia está, sin embargo, más perdida cuando se trata de averiguar qué causa la pérdida del gusto.  "Nadie tiene un buen manejo de eso todavía que yo sepa", dice John Hayes, profesor de ciencias de la alimentación en la Universidad Estatal de Pennsylvania en University Park, que está estudiando los efectos de COVID-19, a Nature.

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No se sabe por qué algunos pacientes recuperan el sentido en semanas y otros padecen anosmia durante meses

En un estudio publicado en julio, el 72% de las personas con COVID-19 que tenían alteración olfativa informaron que recuperaron su sentido del olfato después de un mes, al igual que el 84% de las personas con disfunción del gusto. 

La investigación más reciente de este año asegura que la media de duración de la anosmia suelen ser 22 días. "Según el estudio, la mayoría de las personas recuperan el sentido del olfato en un plazo de tres semanas", dijo el doctor Robert Glatter, médico de emergencias del Hospital Lenox Hill de Nueva York, a Healthline

"Pero puede tardar hasta 2 meses en el 15% de los pacientes o hasta 6 meses en poco menos del 5% de los pacientes". 

"Pasé el COVID y llevo ya 6 meses sin oler y sin que me sepa a nada la comida. La gente pasa a tu lado, está fumando y no lo hueles. Alguien se acaba de echar colonia y no las sientes. Ahora, algunas puedo llegar a apreciarlas, pero es una recuperación extremadamente lenta", contaba una joven en una entrevista con Business Insider España.

La lenta recuperación trae consigo sus propios desafíos, señala Nature. A medida que una persona recupera el sentido del olfato, los olores se registran a menudo como desagradables y diferentes de cómo los recordaba, un fenómeno llamado parosmia. 

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Las consecuencias de perder el sentido del olfato son severas 

"Puede ser devastador decirlo llanamente. Los pacientes con enfermedades mentales preexistentes como la depresión o la ansiedad pueden experimentar un empeoramiento de los síntomas", asegura Glatter. 

"Aquellos sin antecedentes de enfermedad mental pueden experimentar sentimientos de ansiedad, depresión o aislamiento", advierte. 

"El sentido del olfato es parte integral de nuestra seguridad al actuar como un sistema de alerta, pero también funciona para darnos placer en la vida cotidiana", explica el médico. 

Nature señala que la anosmia deja a las personas vulnerables a peligros como la intoxicación alimentaria y el fuego, ya que son menos capaces de detectar alimentos descompuestos y humo. 

Otros efectos son más difíciles de medir. "La mayoría de las personas no reconocen la importancia del olor en sus vidas, hasta que lo pierden", dice Moein, que también subraya que la disfunción olfativa se ha relacionado con la depresión, aunque el mecanismo biológico involucrado no está claro.

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Así se está tratando 

"La evidencia hasta ahora apoya la integración de un protocolo de entrenamiento olfativo en la rutina", explica Overdest. "Este protocolo se centra en el uso de conjuntos de aceites esenciales para estimular tanto la percepción del olor de ese aceite como las imágenes de ese aroma".  

Sin embargo, la realidad es que la falta de investigación significa que existen pocos tratamientos establecidos. 

Nature reconoce que hay evidencia de antes de la pandemia de que los entrenamientos olfativos pueden mejorar la función olfativa en algunas personas con tales impedimentos, pero no parece funcionar para todos.

Los medicamentos disponibles son aún más limitados, lamenta a la revista científica Claire Hopkins, consultora de otorrinolaringología en el Hospital Guy y St Thomas de Londres. 

Pero para las personas en las primeras etapas de la infección por COVID-19, cuando la pérdida del olfato podría deberse en gran medida a la inflamación de las células de la nariz, los esteroides podrían ser útiles, según un ensayo preliminar realizado por la investigadora. 

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