Un arquitecto del metaverso cuyos edificios virtuales valen más de 4.500 euros explica cómo creó su negocio y por qué las comunidades de propietarios tienen hueco en el mundo virtual

Frenetik Temple, construcción virtual de Ogar.
Frenetik Temple, construcción virtual de Ogar.

Cryptovoxels

Frank Lloyd Wright, tal vez el mejor arquitecto que ha dado EEUU, ayudó a dar forma a Chicago diseñando lugares emblemáticos como la Casa Robie y la Residencia Moore-Dugal. 

Brasilia, en cambio, fue el patio de recreo del arquitecto Oscar Niemeyer, que creó con maestría una cohesión uniforme y permitió que su estilo brillara con luz propia en edificios como la hiperboloide Catedral de Brasilia.

El equivalente para el mundo virtual de Cryptovoxels es el arquitecto metaverso Ogar, que a pesar de llevar solo 2 años en el negocio ha construido unos 50 proyectos en más de 100 parcelas digitales.

Retrato de Ogar en el proyecto Kolectiv, que recoge personalidades notables del mundo de la criptografía.

En la vida real, Ogar es Alexandre Vlerick, de 30 años. Vive en Lille, Francia, y cuenta con un impresionante historial en la industria de los videojuegos. Pero cuando comenzó la pandemia, descubrió que su trabajo ya no le satisfacía.

"Quería recuperar el sentido y el significado de crear que tenía al principio de mi carrera", cuenta Ogar. "Quería hacer muchos proyectos muy visuales, muchos conceptos divertidos y diseño gráfico y de vídeo".

El proceso de diseño de Ogar

Entre sus creaciones en el metaverso Cryptovoxels, impulsado por ethereum, Ogar cuenta con el zoológico del Bronx, un oasis animado repleto de fauna y flora silvestres que también es el primer caso de uso de propiedad virtual fraccionada. 

Otras son SkullsOnEth, un enorme monasterio con catacumbas subterráneas de estilo parisino, y el templo Frenetik, inspirado en la antigua Grecia.

Pero construir estos edificios no es tan fácil como apuntar con el cursor y hacer clic. Cuando recibe un encargo por primera vez, Ogar empieza por estimar el tiempo que le llevará el proyecto en función de las dimensiones de la parcela o de la cantidad de terreno virtual que tiene para trabajar. 

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A continuación, hace una presentación al cliente para compartir cómo será su diseño. El resultado es parecido a lo que se muestra en esta imagen.

Antes y después: cómo son algunas de las creaciones de Vlerick en sus presentaciones frente los clientes frente a los resultados finales.

Cuando se trata de crear sus edificios, Ogar calcula que el 90% de su tiempo se dedica a modelar en 3D las creaciones en el software de edición de Voxels MagicaVoxel.

También hay un componente de programación para las animaciones de los paquetes de bocetos, pero Ogar dice que se trata de JavaScript básico. 

Aunque no programa mucho, a veces le encargan que utilice esta función para incorporar a la estructura una adivinanza, un clic de botón o una mecánica de apertura de puertas.

La depuración también lleva mucho tiempo, dice Ogar, ya que el metaverso cambia continuamente y a veces, cuenta, algunas cosas que funcionan el día anterior no funcionan el día siguiente, pero sí la semana siguiente.

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En la actualidad, Ogar evita los proyectos minimalistas en favor de otros más ambiciosos. A medida que estas creaciones más grandes reciben más atención, la popularidad de Ogar crece junto con sus precios.

Cuando empezó, trabajaba gratis o por algún NFT. Sin embargo, el año pasado sus proyectos empezaron a costar 1.000 dólares.

Ahora el precio ha subido a 5.000 dólares por una construcción básica que le lleva de 2 a 3 días para una pantalla de 100 metros cuadrados. A partir de ahí, los precios aumentan linealmente en función del tiempo estimado hasta la finalización del proyecto.

Algunos clientes optan por involucrarse en el proceso de montaje, dice, mientras que otros se desentienden, lo que hace que la construcción sea más lenta. Algunos piden muebles, mientras que otros creen que los muebles no tienen sentido en el metaverso.

"Cuanto más extravagantes sean las peticiones, más tiempo me llevará, con el consiguiente aumento de presupuesto", dice Ogar.

Como ejemplo, calcula que tanto el zoo del Bronx como el Rancho Idaho le llevaron unos 6 días, mientras que SkullsOnEth requirió entre 9 y 10.

Rancho (izquierda) y monasterio construido por Ogar.

Este diseñador prefiere construir en Cryptovoxels por su estética. Esta se opone a otras plataformas metaversas como Decentraland y Somnium Space que, explica, son más limitantes en cuanto a creatividad y rendimiento. 

También está trabajando en un nuevo mundo de estilo parecido, MetaMetaverse, y está "ansioso" por experimentar con Sandbox, aunque los encargos ahí no son posibles todavía porque la plataforma aún no es totalmente funcional.

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A diferencia de otros mundos virtuales, Cryptovoxels ha adoptado una estrategia de lanzamiento continuo de nuevos terrenos, lo que Ogar destaca como otro aspecto positivo. Hay unas 7.000 u 8.000 parcelas disponibles en Cryptovoxels frente a su anunciado tope final de 70.000.

"Creen que si se liberan todas las parcelas de una sola vez acabará habiendo terrenos vacíos porque todo el mundo invertirá para ganar parcelas y nadie construirá", comenta Ogar. En ese caso, los usuarios acabarían abandonando la plataforma en masa porque el mundo estaría "básicamente vacío".

Arquitectura en el metaverso

Dado que el metaverso está todavía en sus inicios, pocas personas navegan por ellos. Por esto, Ogar calcula que una construcción recibe unas 1.000 visitas a la semana.

"Básicamente, lo que están comprando al principio es un bonito lugar para tener y organizar eventos", cuenta. "También compran la posibilidad de poder decir que tienen un edificio en el metaverso".

Los primeros clientes de Ogar eran entusiastas de las criptomonedas y ballenas, es decir, personas que hicieron mucho dinero invirtiendo en criptomonedas y NFT al principio, así como artistas que querían mostrar sus obras a través de diversas instalaciones.

A partir de ahí, su clientela se amplió hasta incluir a coleccionistas y creadores que lanzaban proyectos de NFT, planificadores de eventos que buscaban un espacio de reunión en línea y galerías de arte reales y tradicionales que querían tener una presencia paralela en el metaverso. 

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Hoy en día trabaja con una gran variedad de clientes como lanzadores de productos. También participa en diferentes proyectos como desfiles de moda, conciertos, supermercados y lugares religiosos.

Ogar cree que su éxito se debe tanto a su reputación como a que la comunidad de Cryptovoxels valora más la dedicación que el marketing en las redes sociales.

"Empecé a finales de 2019, cuando básicamente nadie se ganaba la vida profesionalmente construyendo porque era algo sin sentido en ese momento. Era en buena medida una cuestión de pura pasión", dice Ogar. "Creo que este componente fue determinante para que la gente viera que estaba con la comunidad".

A Ogar le gusta su trabajo porque puede diseñar estructuras sin tener que preocuparse de la física o de que "las paredes caigan sobre la cabeza de la gente".

"Puedo crear, pero también redefinir lo que es un edificio, porque un edificio en la vida real tiene que responder a muchas limitaciones impuestas por la física", explica. "Yo no tengo esas limitaciones, así que puedo trascenderlas".

Pero a veces, los elementos del mundo real son inevitables en el metaverso.

Es el caso, por ejemplo, de las peleas de vecinos. A él le ocurrió entre los propietarios del rancho que construyó y su monasterio: como los dos edificios estaban próximos, el propietario del monasterio no estaba contento con el hecho de que estética entre los dos edificios chocara.

Estos conflictos, comenta Ogar, son un reflejo de los que se dan en la vida real. Esto hace que su trabajo muchas veces consista en establecer prioridades entre los constructores, los propietarios y los organizadores de eventos.

"Hay gente que toma decisiones a tu alrededor, y el reto es hacer que todos se sientan escuchados, pero no a costa de no escuchar a los demás".

Ogar comenta, por otra parte, que no le importa lo que sus vecinos construyan en sus terrenos, aunque sí le preocupa que la gente que pueda exhibir imágenes ofensivas como arte explícito o símbolos nazis, por ejemplo.

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No tiene clara la respuesta a situaciones de ese tipo. "¿Querremos elegir a un alcalde para que cree directrices vecinales como en la vida real?", pregunta. "¿O vamos a considerar que todo es virtual y, por tanto, no importa? La gente tendrá diferentes opiniones al respecto".

Ogar también se muestra cauto a la hora de "exagerar" el metaverso. Aunque afirma que cree que el metaverso acabará transformando las experiencias online, bromea aclarando que no hará falta hipotecar una casa para comprar una parcela virtual.

"Habrá una especie de burbuja que explotará", vaticina. "Después, pasaremos a un tipo de propiedad más asequible".

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