¿Te ha invadido la tristeza después de haber maratoneado tu programa favorito? Sufres depresión post-serie y las plataformas han aprendido a rentabilizarla

Steve Carrell en The Office

NBC

  • La adaptación americana de The Office ha sido una de las series predilectas durante la pandemia. Y en la base de ese éxito se esconde el fenómeno del binge watching, que tiene consecuencias directas sobre nuestro estado emocional.
  • Ver el contenido en forma de maratón no hace sino intensificar todas estas emociones porque la continuidad proporciona una mayor inmersión en la historia y construimos relaciones con lo que vemos en pantalla.
  • Felicidad y tristeza se han convertido en dos poderosos motores para la eficiencia del contenido.
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La adaptación americana de The Office ha sido una de las series predilectas durante la pandemia. Que un programa que terminó su recorrido televisivo en 2013 siga al pie del cañón con semejantes cotas de popularidad tiene mucho mérito. En especial si tenemos en cuenta el aluvión demencial de estrenos con el que las plataformas nutren sus servicios semanalmente. Pero tiene sentido.

La serie de Greg Daniels es una sitcom ligera, apropiada en el contexto de estrés y preocupación que ha alimentado la pandemia, y que nos inclina de forma natural hacia la televisión como forma de evasión. Tiene, además, muchos capítulos (201 en total organizados en 9 temporadas) lo que permite cubrir el entretenimiento diario sin necesidad de decidir qué ver durante bastante tiempo.

Las plataformas no acostumbran a ofrecer datos relativos al número de reproducciones de los contenidos en sus servicios, pero gracias al panel de hogares SVOD content ratings de Nielsen en EEUU tenemos información para contextualizar el éxito. The Office fue, de lejos, el programa más visto durante 2020 en dicho país, acumulando más de 57.000 millones de minutos vistos, a gran distancia del siguiente en la lista (Anatomía de Grey). 

El inesperado éxito de este programa ha llevado a Peacock, plataforma que ostenta los derechos en exclusiva para dicho país, a realizar sus distintos niveles de precio en función del número de temporadas de The Office a las que el usuario quiere tener acceso.

Precios de Peacock

Peacock

En la base de este masivo interés por una sitcom se encuentra un fenómeno directamente relacionado con la experiencia de los nuevos espectadores que se aproximan a ella con la fórmula del binge watching, de golpe y sin tener que respetar la disciplina de emisión semanal. Hay muchísima literatura académica que ha abordado ampliamente los efectos que hacer maratones de contenidos tiene sobre nuestro estado emocional. La culpable, en gran medida, es la dopamina, una señal química relacionada con el placer que envía señales positivas a nuestro cuerpo y que, por tanto, le incita a seguir desempeñando esa tarea. 

Cuando maratoneas un programa con tantísimas temporadas, al subidón del visionado acostumbra a seguirle una profunda sensación de vacío. Es el origen de lo que, en la cultura popular, se ha denominado depresión post-serie. Consiste exactamente en eso: en un estado de tristeza después de haber visto (o leído) una serie larga

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Si maratonear series de creación reciente, cada vez más cortas y concentradas, podría asociarse a un rollo de una noche, hacerlo con un contenido procedente de la televisión en abierto, con un estándar de 22-24 episodios se podría equiparar a un noviazgo. Por eso el duelo del final en el primer caso es más visceral y pasajero mientras que en el segundo escenario se parece más a una ruptura. El espectador necesita conciliar una realidad (que el viaje en el que ha estado inmerso durante tanto tiempo ha terminado) y un sentimiento (el deseo de que no termine, por muy satisfactorio que haya sido el final). 

Las series, de forma natural, nos invitan a acompañar a los personajes a lo largo de un tiempo y, por eso, nos implicamos en las cosas que les suceden. Llegados a un determinado punto podemos, incluso, anticipar las decisiones que van a tomar. Las series juegan con esta predisposición a lo que creemos que va a suceder. Satisfacer nuestras expectativas o destruirlas es, de hecho, un mecanismo básico para engancharnos. Ver el contenido en forma de maratón no hace sino intensificar todas estas emociones porque la continuidad proporciona una mayor inmersión en la historia y construimos relaciones con lo que vemos en pantalla. Por eso luego es tan doloroso decirles adiós. Hasta a Dwight Schrute. ¡Quién lo diría! Y a la tristeza del fin sumémosle lo aburrida que resulta la vida real si lo comparamos con las historias maravillosas que vemos en la televisión. Por eso la vuelta a la normalidad resulta a veces tan deprimente. 

Una de las maneras en que, de forma natural, buscamos el regreso a una situación de normalidad es volviendo a verla, tratando de rememorar todas esas sensaciones positivas que hemos vinculado al contenido. Otra es la terapia de grupo. El fandom que ha eclosionado en torno a grandes fenómenos televisivos o cinematográficos en los últimos años es el perfecto ejemplo de cómo muchos buscan consuelo en la pasión de comunidades afines, rememorando aquello que les dio felicidad y poniendo en valor el impacto que ese contenido tuvo en sus vidas. 

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Felicidad y tristeza se han convertido en dos poderosos motores para la eficiencia del contenido. Se traducen no solo en revisionados sino también en nuevos visionados de personas seducidas por esa serie hacia la que alguien de su entorno solo tiene elogios. Este fenómeno, además, explica que las plataformas se hayan lanzado a realizar pujas multimillonarias para asegurar contenidos similares, sitcoms en su mayoría, con buenos resultados en su paso por la parrilla: 

  • The Big Bang Theory: 600 millones de dólares (HBOMax / EEUU)
  • Seinfeld: 200 millones de dólares (Neftlix / Todo el mundo)
  • Friends: 425 millones de dólares (HBOMax / EEUU)
  • The Office: 500 millones de dólares (Peacock / EEUU)

Yo vi el episodio final de The Office el 17 de enero de 2021. Había empezado a verla en abril del año anterior. Muchísimo tiempo. Aun así, pensaba que duraría más. Eso dijo ella. 

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