Pasar al contenido principal

Las universidades deberían prohibir PowerPoint: hace que los estudiantes se vuelvan estúpidos y los profesores aburridos

por qué las universidades deberían dejar de utilizar PowerPoint
NeONBRAND/ Unsplash
  • Las clases que se imparten con diapositivas hacen creer a los estudiantes que pueden aprender sin tener que apenas trabajar.
  • Pero hay investigaciones que demuestran que los PowerPoint no mejoran el aprendizaje ni las notas, sino que desaniman a esforzarse más.
  • Y aún así, las universidades no quieren abandonar los PowerPoint.

Un artículo en The Conversation apuntaba recientemente que las universidades deberían prohibir el programa de presentaciones PowerPoint porque hace que los estudiantes sean más estúpidos y los profesores más aburridos.

Estoy completamente de acuerdo. Sin embargo, la mayoría de las universidades ignoran este consejo porque en lugar de medir su éxito por lo que aprenden sus estudiantes, lo miden con las encuestas de satisfacción de los alumnos, entre otros motivos.

Cuál es el problema con el PowerPoint

El exceso de confianza en las diapositivas ha llevado a la creencia absurda de que no procede esperar y exigir que los estudiantes lean libros, asistan a clases, tomen notas y hagan tareas.

Las clases que se imparten con diapositivas, por tanto, propagan el mito de que los estudiantes pueden adquirir habilidades y conocimientos sin tener que trabajar en decenas de libros, cientos de artículos y miles de problemas.

Un informe sobre una investigación de PowerPoint ha descubierto que, aunque a los estudiantes les gusta ese sistema más que otro tipo de transparencias, PowerPoint no mejora su aprendizaje ni sus notas.

Que algo guste no lo hace mejor, y tampoco hay nada que sugiera que las transparencias sean herramientas de aprendizaje especialmente efectivas.

Leer más: En qué universidades han estudiado los presidentes de las 100 empresas españolas más importantes

Otra investigación compara la enseñanza basada en diapositivas frente a otros métodos ─como el aprendizaje centrado en problemas, donde los estudiantes desarrollan conocimientos y habilidades al enfrentarse con problemas realistas que les desafían─ mayoritariamente basados en metodologías alternativas.

Las diapositivas de PowerPoint son tóxicas para la educación por tres razones:

  1. Las diapositivas desalientan el pensamiento complejo. Las diapositivas animan a los profesores a presentar temas complejos con viñetas, títulos, figuras abstractas y tablas simplificadas con pocas fuentes. Desalientan el análisis profundo de situaciones complejas y ambiguas porque es casi imposible presentar una situación compleja y ambigua en una diapositiva, lo que da a los estudiantes la ilusión de claridad y de haberlo comprendido.
  2. Leyendo las evaluaciones de mis alumnos me he convencido de que cuando la mayoría de los clases se basan en diapositivas, los alumnos perciben la temática como un conjunto de presentaciones. Mientras, a los buenos profesores que presentan la realidad de forma compleja y ambigua, como es, se les critica por no ser claros. Y a los que evitan incluir puntos clave en sus diapositivas reciben quejas por no dar los apuntes adecuados.

  3. Las diapositivas reducen las expectativas de los estudiantes. Cuando uso PowerPoint, los estudiantes esperan que las diapositivas contengan todos y cada uno de los detalles necesarios para los proyectos, pruebas o trabajos de clase. ¿Por qué alguien perdería el tiempo consultando un libro o yendo a una clase cuando puede conseguir un sobresaliente solo leyendo unas diapositivas mientras está en pijama?

Midiendo los barómetros equivocados

Pero si las presentaciones de diapositivas son tan malas, ¿por qué son tan utilizadas?

Las universidades miden la satisfacción de los estudiantes pero no miden el aprendizaje. Como las instituciones se centran en lo que miden y a los estudiantes les gusta PowerPoint, este sistema se mantiene, independientemente de si es eficaz a nivel educativo.

Los hospitales miden la morbilidad y la mortalidad. Las empresas miden los ingresos y ganancias. Los gobiernos miden el desempleo y el producto interior bruto. Incluso este medio mide su número de lectores, desglosado por artículos y autor. Pero las universidades no miden el aprendizaje.

Los exámenes, los proyectos de final de carrera y los trabajos en grupo miden aparentemente el conocimiento o las capacidades de los alumnos. Y por eso el aprendizaje debe medirse a lo largo del tiempo.

Cuando intentamos medir el aprendizaje, los resultados no suelen ser buenos.

Investigadores de EE.UU. han descubierto que un tercio de los estudiantes universitarios estadounidenses no demostraron una mejora significativa en su aprendizaje tras cuatro años de formación.

Examinaron a los estudiantes al principio, a mitad y al final de sus carreras basándose en el CLA (Collegiate Learning Assessment), un instrumento que evalúa las habilidades que cualquier carrera debería mejorar: razonamiento analítico, pensamiento crítico, resolución de problemas y redacción.

Leer más: El ránking definitivo de las 39 mejores universidades del mundo

Cualquier universidad puede implementar pruebas similares para medir el aprendizaje de los estudiantes. Hacerlo facilitaría evaluaciones rigurosas de diferentes métodos de enseñanza. Podríamos medir la relación entre el uso de PowerPoint y el aprendizaje. Podríamos ser capaces de investigar docenas de correlaciones ligadas con el aprendizaje y con el tiempo establecer qué funciona y qué no.

Desafortunadamente, muchos factores clave del aprendizaje parecen reducir la satisfacción de los estudiantes y viceversa. Mientras las universidades continúen midiendo la satisfacción pero no el aprendizaje, continuará esta espiral de menores expectativas, menos trabajo duro y menos aprendizaje.

 

 Este artículo ha sido publicado originalmente por The Conversation por Paul Ralph, profesor de informática en la Universidad de Auckland. Lee el original.

Te puede interesar