El uso continuado de ibuprofeno puede volver crónico el dolor, según sugiere un estudio

Una mujer mira unas pastillas antes de tomárselas
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Los medicamentos que normalmente se toman para combatir el dolor pueden contribuir a convertirlo en crónico, según sugiere una reciente investigación.

En concreto, el uso persistente de medicamentos antiinflamatorios y no esteroideos —como el ibuprofeno— para aliviar afecciones como el dolor de espalda puede empeorar el problema y cronificar el dolor, sostiene el estudio. 

Aunque se trata de un estudio pequeño y ciertos expertos aún se muestran cautos a la hora de interpretar los resultados, la investigación pone en tela de juicio los métodos convencionales usados para aliviar el dolor.

“Durante muchas décadas ha sido una práctica médica estándar tratar el dolor con medicamentos antiinflamatorios. Pero descubrimos que esta solución a corto plazo podría conducir a problemas a más largo plazo”, señala Jeffrey Mogil, profesor del Departamento de Psicología de la Universidad McGill de Canadá y uno de los autores del estudio.

La recuperación normal de una lesión dolorosa suele incluir el bloqueo de la inflamación con unos medicamentos que, al parecer, podrían terminar provocando a largo plazo un dolor más difícil de tratar, según apuntan los hallazgos del estudio publicado este miércoles en la revista científica Science Translational Medicine.

La inflamación podría ser el factor clave para que el dolor agudo no se convierta en dolor crónico

Los investigadores de la Universidad McGill comenzaron a buscar marcadores moleculares en la sangre útiles para pronosticar qué pacientes tendrían un dolor que disminuiría rápidamente y cuáles persistirían.

Se tomaron muestras de sangre de 98 personas que habían experimentado por primera vez dolor de espalda y nuevamente 3 meses después. Lo que encontraron no fue exactamente lo que esperaban los investigadores.

Las personas cuyo dolor había desaparecido tuvieron una inflamación rápida e intensa cuando el dolor fue agudo, y los marcadores de inflamación disminuyeron en los 3 meses posteriores. En las personas en las que el dolor persistió esa reacción inflamatoria no se produjo.

Los investigadores también examinaron los mecanismos del dolor tanto en humanos como en ratones, y descubrieron que los neutrófilos, un tipo de glóbulo blanco que ayuda al cuerpo a combatir las infecciones, desempeñan un papel clave en la resolución del dolor.

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“Al analizar los genes de las personas que sufren dolor lumbar, detectamos cambios activos en los genes a lo largo del tiempo en personas cuyo dolor desapareció", explica Luda Diatchenko, una de las investigadoras que firman el estudio. "Los cambios en las células sanguíneas y su actividad parecían ser el factor más importante, especialmente en las células llamadas neutrófilos”.

El bloqueo experimental de neutrófilos en ratones prolongó el dolor hasta 10 veces la duración normal. El tratamiento con medicamentos antiinflamatorios y esteroides como la dexametasona y el diclofenaco produjo el mismo resultado, aunque fueron efectivos contra el dolor desde el principio.

Para intentar averiguar si los pacientes que tomaron antiinflamatorios no esteroideos como ibuprofeno o esteroides (dexametasona) para aliviar el dolor de espalda tenían más probabilidades de desarrollar dolor crónico recurrieron a los datos del Biobanco de Reino Unido.

Tras analizar los datos relativos a 2.163 personas con dolor de espalda agudo —461 de las cuales evolucionaron a crónico— encontraron resultados similares. Aquellos que tomaban un antiinflamatorio no esteroideo tenían casi el doble de probabilidades de desarrollar dolor de espalda crónico que los que tomaban otros medicamentos (paracetamol) o no tomaban ninguno.

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“Nuestros hallazgos sugieren que puede ser hora de reconsiderar la forma en que tratamos el dolor agudo. Afortunadamente, el dolor se puede eliminar de otras maneras que no implican interferir con la inflamación”, sugiere el también autor del estudio, Massimo Allegri, médico del Policlínico del Hospital Monza en Italia.

No obstante, los investigadores también enfatizan la necesidad de que se profundice en la investigación al respecto.

"Estos hallazgos deben tener continuación en ensayos clínicos que comparen directamente los medicamentos antiinflamatorios con otros analgésicos que alivian los dolores y molestias pero no interrumpen la inflamación", añade Diatchenko.

“Este estudio supone un maravilloso comienzo para dar una respuesta a esta pregunta, pero ahora debe ser replicado e investigado más a fondo por otros científicos,  coincide la doctora Franziska Denk, profesora del King's College de Londres, que no ha participado en la investigación.

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También es importante tener en cuenta que los medicamentos antiinflamatorios son efectivos en el manejo del dolor a corto plazo, según considera el profesor Blair Smith, presidente de Ciencias de la Salud de la Población de la Universidad de Dundee.

Smith  también subraya que "los medicamentos antiinflamatorios tienen una serie de otros efectos secundarios potencialmente peligrosos, y generalmente se desaconseja su uso a largo plazo, excepto con precaución".

Asimismo, una alta carga de estrés y unos malos hábitos posturales pueden favorecer o agravar los dolores de espalda. Controlar esos hábitos junto a una correcta alimentación, ejercicio y calidad del sueño pueden ser formas no medicadas de atajar el dolor sin medicación, según recomiendan las pautas médicas.

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