Así va a transformar la pandemia la industria biotecnológica y farmacéutica, según este médico inversor y gestor de un fondo especializado

Armando Cuesta, gestor de Abante Biotech
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  • La crisis del coronavirus ha impactado de lleno en el sector de la salud y la biotecnología, mostrando sus debilidades, pero también su capacidad de respuesta a una situación de emergencia. 
  • Business Insider España ha hablado con Armando Cuesta, médico, inversor en empresas biotecnológicas y socio fundador de Ilana Capital, para conocer cómo va a transformarse la industria tras la pandemia. 
  • La adopción de tecnología innovadora, la flexibilización regulatoria y una mayor colaboración entre la industria farmacéutica y la sociedad son los cambios que Cuesta predice. 
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Con los sistemas de salud colapsados, la telemedicina imponiéndose de forma acelerada y la investigación colaborando y avanzando en la búsqueda de una vacuna y un tratamiento contra el COVID-19 a una velocidad sin precedentes, parece impensable que la industria de la salud vuelva a ser lo que era después de la pandemia. 

La crisis del coronavirus ha despertado algunos debates sobre los problemas estructurales que sufren los sistemas de salud, la capacidad de la industria farmacéutica para garantizar el suministro de medicamentos y fijar un precio justo y los estándares que deben regir la investigación en una emergencia. 

Business Insider España ha hablado con Armando Cuesta, médico, inversor en empresas biotecnológicas y socio fundador de Ilana Capital, para conocer cómo va a transformarse el sector de la salud tras la pandemia. 

Licenciado en Medicina y Cirugía por la Universidad Complutense de Madrid, Cuesta cursó un postdoctorado en el hospital Monte Sinaí́ de Nueva York y ha desarrollado su carrera profesional en la industria farmacéutica en Estados Unidos. También es miembro de la Academia de Medicina de Nueva York.

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Además, Armando Cuesta es gestor, junto con Juan Martínez, de Abante Biotech, el primer fondo español dedicado exclusivamente a la inversión en empresas cotizadas de Ciencias de la Vida o biotecnología. Desde su puesta en marcha, en 2018, acumula un patrimonio bajo gestión cercano a los 45 millones de euros y un retorno superior al 70%. 

"La crisis ha revelado la existencia de déficits importantes tanto en la detección y coordinación de la respuesta a la pandemia como en su posterior manejo hospitalario", reflexiona Armando Cuesta.

"El déficit de PPEs y de sistemas de ventilación mecánica, por poner un ejemplo, han puesto de relieve la fragilidad de la cadena de suministro y su dependencia del sudeste asiático. Todo ello ha demostrado la relevancia estratégica que debería tener el sector biofarmaceútico, que por otro lado se ha volcado en el desarrollo de vacunas y medicamentos a una velocidad sin precedentes", sostiene.

El experto recuerda que, en tiempo récord, "hemos sido capaces de reposicionar el remdesivir y la dexametasona para el manejo hospitalario de la enfermedad y varios candidatos a la vacuna están ya en estudios de fase II". 

Todos ello hace que los expertos parezcan coincidir en que la industria de la salud no será igual después de la crisis del coronavirus, que ha sacado a la luz sus debilidades a la vez que ha puesto de manifiesto su potencial para encontrar soluciones innovadoras de forma acelerada.

Estos son los tres cambios más importantes que experimentará el sector a raíz de la pandemia, según Cuesta. 

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La industria perderá el miedo a las tecnologías y medicamentos disruptivos

"En un primer nivel, la crisis fomentará la creación y adopción de tecnologías y medicamentos disruptivos. Ejemplo de ello es la acelerada instauración de la telemedicina a nivel clínico o a nivel terapéutico y el gran número de empresas apostando por un enfoque radicalmente diferente al convencional en el desarrollo de la vacuna", señala Cuesta.

En concreto, el experto apuesta por las tecnologías basadas en la manipulación y administración de material genético, cuya aplicación no solo se limitará al desarrollo de una vacuna, sino a otras muchas disciplinas médicas.

"Ha sido notorio el trabajo de la biotecnológica Moderna (en fase II), o AstraZeneca (en fase II/III), que han demostrado datos de inmunogenicidad y, por ende, la validez de sus plataformas", señala. 

La plataforma que utiliza Moderna y algunas otras biotecnológicas para el desarrollo de una vacuna está basada en ARN mensajero. Esta tecnología no ha logrado hasta la fecha ninguna vacuna ni medicamento aprobado, por lo que el empuje que ha experimentado con la pandemia ha sido una oportunidad para acelerar su desarrollo que no habrían experimentado en ningún otro contexto. 

De demostrarse finalmente su eficacia, sería un avance sin precedentes en la investigación sobre vacunas, ya que son más fáciles y rápidas de fabricar que las vacunas desarrolladas a partir del método tradicional. 

También en la línea de la investigación, Cuesta cree que "se crearán grandes repositorios con estándares consensuados que permitan compartir datos (especialmente genómicos) de amenazas futuras". 

La preparación para futuras pandemias se ha convertido en una prioridad y algunas investigaciones ya están empezando a explorar posibles vías como las que menciona Cuesta. 

Una iniciativa en Reino Unido, por ejemplo, quiere crear un observatorio de la sangre que funcione como una especie de banco de muestras sanguíneas con las que controlar la aparición de enfermedades emergentes. 

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La regulación se adaptará para facilitar la realización de ensayos clínicos, pero controlará más las adquisiciones 

"En un segundo nivel regulatorio, se fomentará la adopción más generalizada de ensayos clínicos flexibles y eficientes", señala.

"Esto es de importancia capital, pues permitirá parcialmente soslayar el decremento en retorno que sufre la industria farmacéutica, en parte debido al incremento exponencial en costes de I+D (algo conocido como Ley de Eroom)", explica Cuesta. 

La ley de Eroom es conocida en la industria farmacéutica por describir un proceso que señala que, a pesar de las mejoras en la ciencia y en la tecnología, el coste de desarrollar nuevos fármacos es cada vez mayor, no menor.

En la conferencia EmTech Digital de MIT Technology Review, la CEO de Insitro, Daphne Koller, señaló que el coste de llevar un nuevo medicamento al mercado ha aumentado de los 177 millones de euros de hace 30 años a los 2.200 millones de euros actuales.

Entre los factores que afectaban directamente al aumento de costes, Koller citó la normativa que regula el sector. 

"Adicionalmente, se fomentará la creación de marcos regulatorios que permitan aprobar de forma más expeditiva sistemas de detección clave en el manejo de una crisis. En este sentido, la FDA, la autoridad regulatoria de EEUU, ha dado ya los primeros pasos", indica. 

El experto hace referencia a la labor que ha realizado la el organismo regulador en Estados Unidos, que fomentó la producción y adopción acelerada de test trabajando con más de 200 fabricantes a medida que revisaba la eficacia de cada uno de ellos. 

"Por otro lado, no será extraño ver cómo los intentos de adquisición de determinadas farmacéuticas podrían suponer un riesgo para la seguridad nacional del país y que esto conlleve un mayor escrutinio por parte de los entes reguladores", afirma. 

Uno de los episodios más sonados en la industria farmacéutica durante el inicio de la crisis fue la noticia de que la Administración Trump habría intentado hacerse con la investigación de la biotecnológica alemana CureVac para asegurarse de forma exclusiva la vacuna contra el COVID-19 que estaba desarrollando.  

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La sociedad se implicará más con la industria farmacéutica 

"Finalmente, el tercer nivel, y quizá el más importante, será el relativo al impacto en la sociedad. Esta ha renovado, de facto, el contrato social con la industria farmacéutica bendiciendo la creación de ambiciosos marcos de colaboración y financiación público-privada", concluye el experto. 

Cuesta hace referencia a las grandes alianzas como la Coalición para las Innovaciones en Preparación para Epidemias (CEPI, por sus siglas en inglés), la Autoridad para el Desarrollo e Investigación Biomédica Avanzada (BARDA, por sus siglas en inglés) o la Operación Warp Speed. 

Ésta última se ha constituido en el marco de la pandemia de coronavirus para facilitar y acelerar el desarrollo, la fabricación y la distribución de las vacunas, la terapéutica y el diagnóstico del COVID-19.

"La industria, por su parte, se ha comprometido a no lucrarse con la pandemia e incluso ha llegado a donar parte del suministro de algunos medicamentos, como ha sido el caso del remdesivir", señala Cuesta.

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Gilead, la biotecnológica detrás del primer fármaco aprobado hasta ahora para su uso contra el COVID-19, ha donado enormes cantidades del mismo a los hospitales para que pudiera ser administrado a los pacientes. Recientemente, anunció que empezaría a comercializarlo a un precio de unos 348 euros por dosis. 

"Asimismo, se fomentará el desarrollo de incentivos para el desarrollo de más medicamentos y test diagnósticos en el área de las infecciosas, segmento por otro lado ciertamente denostado por la industria por su idiosincrasia particular", indica. 

En general, la pandemia impulsará un boom de investigación que hará que surjan nuevos proyectos y oportunidades de inversión, lo que, unido a la concienciación de la sociedad de la importancia de la ciencia gracias a la crisis, se traducirá probablemente en un aumento de inversiones en el sector de la salud y la biotecnología. 

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