Por qué una vacuna puede no ser la solución definitiva a la pandemia: estos son todos los escenarios posibles

Científicos rusos trabajando en la vacuna contra el coronavirus.
Reuters
  • "La vacuna será la solución", aseguraba Margarita del Val, viróloga del CSIC y coordinadora de los 150 equipos del centro que trabajan contra el coronavirus. 
  • Sin embargo, a medida que avanzan los ensayos clínicos y se conoce más sobre las vacunas que podrían llegar pronto al mercado, más expertos suman sus voces para advertir de que puede no ser la solución de oro que todos esperamos para terminar con la pandemia.
  • En caso de llegarse a desarrollar con éxito un candidato, su efectividad para detener la pandemia dependería de su capacidad para evitar la propagación entre personas. 
  • Estos son todos los escenarios posibles. 
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"La vacuna será la solución", aseguraba Margarita del Val, viróloga del CSIC y coordinadora de los 150 equipos del centro que trabajan contra el coronavirus, a Business Insider España. 

Sin embargo, a medida que avanzan los ensayos clínicos y se conoce más sobre los candidatos que podrían llegar pronto al mercado, más expertos suman sus voces para advertir de que puede no ser la solución de oro que todos esperamos para terminar con la pandemia. 

En primer lugar, podría no llegar ni siquiera a desarrollarse una vacuna efectiva. Hasta que se completan todas las fases de los ensayos clínicos no se puede saber con seguridad que un candidato tendrá éxito, tal y como demuestran los últimos avances de la de Astra Zeneca, que tuvo que paralizar sus pruebas unos días tras mostrar unos posibles efectos adversos en un voluntario. 

"Lamentablemente, hay numerosas enfermedades frente a las cuales no disponemos ni de tratamiento ni de vacuna, como por ejemplo la enfermedad causada por el virus de Zika", recuerda la doctora María Montoya, investigadora en CIB-CSIC y miembro de la junta directiva de la Sociedad Española de Inmunología, en una entrevista anterior

Sin embargo, la inversión y la investigación desarrollada en torno a las mismas, permite ser optimistas. "En el caso de SARS-CoV-2 se está trabajando con una intensidad y a una velocidad como nunca se había hecho", asegura Montoya. 

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"Haciendo una estimación optimista, puede que dispongamos de algún candidato en 1 año. De forma realista, es un proceso que puede tardar varios años", concluye.

Un segundo obstáculo, será la distribución, ya que, aunque se consiga un candidato, no significa que vaya a estar disponible para todo el mundo. "La disponibilidad depende de muchos factores, entre ellos el proceso de fabricación, la capacidad de la industria farmacéutica para fabricar las dosis necesarias, el precio de comercialización, si es una dosis o varias...", explica la investigadora del CSIC. 

"En el caso de que no haya dosis para toda la población, se podría plantear una estrategia de vacunación de la población más expuesta y/o de las personas en grupos de riesgo, por ejemplo", sugiere. "Para garantizar el acceso global, se tienen que coordinar esfuerzos con la OMS, como se ha hecho para otras campañas de vacunación para erradicar o intentar erradicar otras enfermedades, como en el caso de la viruela. Se requiere una cooperación internacional entre varias organizaciones y países", señala. 

Por último, en caso de desarrollarse una solución con éxito, puede que su impacto en la reducción de la propagación no sea tan grande como es esperado, ya que dependerá de su eficacia para evitar la propagación entre personas y de su protección frente a la enfermedad. 

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Estos son todos los escenarios posibles. 

El mejor escenario: una vacuna que prevenga la propagación entre personas 

"Históricamente, debemos recordar que las vacunas profilácticas, es decir las administradas antes de padecer la infección, han sido la intervención sanitaria más trascendental para proteger a la población frente a enfermedades infecciosas", señala Montoya. 

En el mejor de los escenarios, estas serían capaces de prevenir todas (o casi todas) las transmisiones de persona a persona y permitirían alcanzar la inmunidad de rebaño y detener la pandemia. 

Este tipo de soluciones existen para enfermedades como la Hepatitis A y B, el sarampión y la polio. 

El escenario más probable: una vacuna que evite algo la propagación y que reduzca el riesgo de enfermedad grave 

Por ahora, los expertos parecen apuntar más hacia la idea de que contaremos con una vacuna que sea más eficaz protegiendo contra enfermedad que contra la infección. 

Isabel Sola, científica titular y codirectora junto a Luis Enjuanes del laboratorio de coronavirus del Centro Nacional de Biotecnología (CNB) del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), explicaba en una entrevista anterior con Business Insider España que es probable que las primeras vacunas que lleguen no sean cien por cien eficaces y no se conocería su protección a largo plazo. 

 "No sabremos cuánto dura la inmunidad, porque no habrá dado tiempo a seguir a los voluntarios durante mucho tiempo", reconocía Sola, "pero será el único interrogante. Por lo demás, serán seguras e inducirán inmunidad"

En el caso de que los datos que se descubran sobre la inmunidad no ofrezcan resultados esperanzadores, Adolfo García-Sastre, director del Instituto de Salud Global y Patógenos Emergentes vinculado al Hospital Monte Sinaí de Nueva York, asegura que una vacuna podría seguir siendo útil. 

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El experto reconoce que, "cuanto más protejas de infección, mejor es la vacuna", pero advierte de que tampoco es necesario que funcione así. "Con que proteja contra la enfermedad o disminuya el contagio ya tendría sentido", explica. Desde su punto de vista, esta es "una herramienta más" y, "cuando exista, ya veremos qué necesidad hay de ella". 

Un candidato de este tipo podría reducir la saturación del sistema sanitario y evitar las complicaciones más severas de la enfermedad. Una solución contra la gripe funciona de forma similar, ya que no previene por completo la propagación, pero reduce la gravedad y, por tanto, los síntomas, lo que hace que las personas sean menos contagiosas. 

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La peor opción: un candidato que no proteja contra infección, sino solo contra la enfermedad grave 

Un tercer escenario es el despliegue de una vacuna que no previene en absoluto la propagación entre personas, pero reduce la muerte y las enfermedades graves.

Por ejemplo, la solución contra la tuberculosis no reduce el riesgo de adquirirla, pero limita las complicaciones, especialmente en los jóvenes.

La enfermedad de COVID-19 se manifiesta de formas muy diferentes entre los pacientes, generando cuadros totalmente asintomáticos mientras que otros acaban falleciendo. Por eso, una vacuna que impida que la enfermedad se desarrolle hasta causar la muerte seguiría siendo útil, explicaba Robin Shattock, que dirige la investigación de una solución experimental en el Imperial College London

La esperanza en este caso radicaría en administrar esta vacuna para reducir las enfermedades severas y, por tanto, la saturación del sistema sanitario para ganar el tiempo suficiente hasta que una mejor llegara o se logrará un tratamiento definitivo. 

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