Pasar al contenido principal

Ventajas e inconvenientes de la gestión pasiva y la gestión activa para tu cartera de inversión

Personas con ordenadores y papeles.
rawpixel / Pixabay

Todos los que se han acercado al mundo de la gestión financiera se han tenido que enfrentar en algún momento a la guerra que parece existir entre partidarios de la gestión activa y pasiva de carteras de inversión. Es más, lo normal es que los partidarios de uno y otro modelo de inversión te pidan que te posiciones a favor de un bando.

La realidad es que cada una tiene sus ventajas y desventajas e incluso pueden ser compatibles para determinadas partes de la cartera.

Qué es la gestión activa

La gestión activa es la más tradicional, a la que todo el mundo está acostumbrado. Consiste en seleccionar acciones, bonos y otros productos con los que tratar de superar el rendimiento del mercado. Llevado al marco de los fondos de inversión, pasa porque un equipo formado por gestores y analistas mueva las inversiones del fondo tratando de obtener los mejores resultados, por encima incluso de la media del mercado.

Visto así, la gestión activa parece la mejor solución para cualquier cartera y también la mejor forma de dirigir un fondo. El problema es que tener a un equipo de personas gestionando implica una serie de costes lógicos que en los fondos de inversión se traducen en comisiones de gestión.

Además, siempre que existe un factor humano hay opciones de equivocarse en la elección y que la inversión registre pérdidas. Es aquí donde aparece la gestión pasiva.

Qué es la gestión pasiva

La gestión pasiva consiste básicamente en dejar de intentar superar al mercado y replicarlo. Esta idea surge de la mano de John Bogle, fundador de Vanguard, tras comprobar como muchos gestores no eran capaces de batir el comportamiento de los índices la mayoría de años.

Bajo esta premisa se creó el primer fondo indexado y el primer ETF —no confundir ambos, porque son productos diferentes— y se ha desarrollado toda una floreciente industria. La ventaja de los ETF sobre los fondos de inversión es que como se limitan a replicar lo que hace su índice de referencia no necesitan un equipo gestor. El resultado es que sus gastos y comisiones son mucho menores.

Esta ventaja junto con el hecho de que este tipo de carteras sean más fáciles de autogestionar están detrás del crecimiento exponencial de este tipo de fondos.

Evolución de la contratación de ETF y fondos indexados
BI

Gestión pasiva o activa ¿Cuál es más rentable en España?

¿Qué estrategia de inversión obtiene mejores resultados? En España los datos de Inverco referidos a 2017 dan ventaja a la gestión activa. El conjunto de fondos de inversión en España obtuvo una rentabilidad media ponderada del 2,64% frente al 2,21% que obtuvo la categoría de fondos de gestión pasiva, donde se agrupan más de 240 fondos.

De estos 240 fondos un 45,7% perdió dinero en 2017 mientras que el porcentaje de fondos que perdió dinero es del 22% si tenemos en cuenta los fondos generales. Estos resultados se repiten si ampliamos el cómputo a los últimos tres años. Sin embargo, la balanza empieza a decantarse a favor de la gestión pasiva según se amplía el horizonte de inversión. En los últimos 5 años la rentabilidad de los fondos de gestión pasiva fue del 4,48% por apenas un 2,95% de los fondos en general.

¿Qué ocurre a largo plazo?

Un reciente ensayo de John Bogle titulado The Road Less Traveled que recoge Unai Asenjo, co-CEO de Indexa Capital en su blog, enfrenta el rendimiento de fondos de gestión activa que invierten en acciones americanas a la evolución de sus índices de referencia durante los últimos 15 años. El resultado es que un 92,4% sale perdiendo. De media, este tipo de fondos pierden un 1,5% al año respecto al índice, lo que supone un 25% menos de beneficio para ese periodo.

Gestión activa o pasiva ¿Cuál es mejor para el usuario?

Los datos parecen estar a favor de la gestión pasiva para inversiones a largo plazo que, además, cuenta con la ventaja de comisiones más bajas y de ser más fácil de gestionar para el usuario medio.

Una cartera de ETF y fondos indexados necesita menos cuidados. De hecho, en la mayoría de los casos es suficiente con revisarla una vez cada seis meses para volver a equilibrar los activos, es decir, revisar que el peso entre renta fija y renta variable sigue repartido como quieres. Los fondos de gestión activa pueden requerir un seguimiento algo más cercano, aunque sin llegar al punto de la inversión directa en bolsa.

En cualquier caso, no hay por qué decantarse por una u otra estrategia de gestión en su estado puro. Se puede combinar una cartera de fondos indexados y ETFs con otros de gestión activa si, por ejemplo, eres seguidor de la inversión value.

Lo único que debes tener en cuenta a la hora de elegir un fondo de gestión activa es que realmente lo sea. Es decir, que los gestores de verdad aportan valor y gestionan el fondo de forma activa. Y es que en el mercado abundan fondos en teoría de gestión activa que en realidad están prácticamente indexados. Una de las formas de descubrir si los gestores aportan de verdad valor es fijarte en indicadores como el Alfa.

Te puede interesar