Por qué en verano no tengo hambre: ¿es normal?

Hambre en verano

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La mayor parte de la gente tiene mucha más hambre en invierno, mientras que sufre falta de apetito en verano. Si en los meses más fríos el estómago pide a gritos guisos calientes, potajes, platos de cuchara o cenas más calóricas con queso y salsa en abundancia, cuando llega el calor el grifo del hambre parece cerrarse. ¿Se debe a algún problema de salud? ¿Por qué sucede este fenómeno?  

En primer lugar, no debes preocuparte: perder apetito en verano es un fenómeno de lo más común. ¿Qué tiene el clima cálido que te hace perder interés en la comida? En realidad, es el cerebro, y no el estómago, el que controla el apetito: la zona de mandos es el hipotálamo.

El hipotálamo trabaja junto con la hormona del hambre, llamada grelina, para regular el apetito y conseguir que te sientas saciado. Esta compleja hormona tiene un papel clave en el metabolismo, la regulación de peso corporal, el almacenamiento de grasa o el ahorro energético. 

¿Por qué tienes menos hambre cuando suben las temperaturas?

Tu cuerpo funciona como un complejo y sofisticado laboratorio, en el que todas las partes son engranajes de un todo, inteligentes y perceptivas, y que constantemente se adaptan buscando el equilibrio. En verano, el calor le roba la humedad al organismo, que intenta regular la temperatura de nuevo expulsando agua en forma de sudor. 

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Los cambios termostáticos en el cuerpo son los que desencadenan la deshidratación. ¿Quién regula la temperatura corporal? También el hipotálamo. Por tanto, entre las tareas veraniegas de esta parte del cerebro destacan dos: mantenerte fresco como si de un termostato se tratase, y estimular la producción de la hormona gástrica grelina, responsable de que comas a tiempo. 

Dicho de otro modo, cuando tu cuerpo suda, el hipotálamo le presta menos atención al apetito, ya que para más inri, el proceso de la digestión también genera una cantidad importante de calor. Suprimir el apetito aligera el trabajo para tu cuerpo, mientras que es normal que la sed aumente para mantenerte fresco y regular la temperatura. 

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Mientras, en otoño e invierno sucede un fenómeno a la inversa: aumenta la sensación de hambre y el cuerpo pide a gritos comida más grasa, calórica y caliente. Esto sucede porque precisamente buscamos que contribuyan a que se produzca la termogénesis o aumento de la temperatura corporal.  Podría afirmarse que el frío provoca más hambre. 

¿Debes forzarte a comer más en verano? La respuesta es que no, sino intentar mantener una alimentación variada, completa y saludable aunque comas una cantidad menor. Precisamente debes vigilar el consumo excesivo de alcohol, fritos y procesados, muy comunes en chiringuitos y tapas estivales. 

¿Qué comer si no tengo hambre cuando hace calor?

Las frutas y verduras con más agua serán tus principales aliadas para preparar platos crudos, frescos y ligeros. Te ayudarán a evitar la retención de líquidos, a estar permanentemente hidratado y a brindar a tu organismo una amplia gama de nutrientes. 

Apuesta por la versatilidad, la variedad y los aderezos caseros y saludables. Puedes comer este tipo de alimentos de origen vegetal en gazpachos y otras sopas frías, ensaladas, aperitivos, batidos, ceviches, macedonias y un largo etcétera. 

Otra de las claves está en la buena planificación: no te dejes arrastrar por la comida basura o los fritos y ten a mano un menú semanal, los trucos del batch cooking o los alimentos frescos de temporada —berenjena, calabacín, judía, lechuga, patata, pepino, remolacha, pimento o zanahoria— para terminar el verano con todavía mejor salud de lo que o empezaste.

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