La verdadera polémica tras la paralización del gasoducto Nord Stream 2 que aumenta la dependencia de Europa de Rusia

La canciller alemana, Angela Merkel y el presidente ruso, Vladimir Putin.
La canciller alemana, Angela Merkel y el presidente ruso, Vladimir Putin.
Reuters
  • En la transición hacia las energías renovables, el gas natural jugará un papel crucial como sistema alternativo de seguridad de generación de energía. 
  • Son  20 años en los que los países productores de gas tienen mucho que ganar y los gasoductos a través de los que llega el gas natural a Europa jugarán un rol estratégico crucial. 
  • Muestra de este sensible equilibrio es el gasoducto Nord Stream 2, cuya construcción se encuentra, por el momento, en un paréntesis.
  • Este gasoducto, construido al 90%, cuenta con una inversión de 12.000 millones de euros y de él participan una veintena de las más importantes compañías energéticas del Viejo Continente.
  • La verdadera polémica que hay tras el gasoducto es que, cuanto más dependiente sea Alemania del gas ruso, menos libertad tendrá para decidir si está o no de acuerdo con la política rusa.
  • El Nord Stream 2 refuerza a los dos países, tanto geopolíticamente como económicamente y debilita a los países del Este.
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La Unión Europea se ha marcado como objetivo alcanzar una economía descarbonizada en 2050. Para hacer realidad este horizonte, desembolsará un billón de euros, desplegará plantas de energía renovables, principalmente solar y eólicas, y desmantelará las centrales nucleares y de carbón. Al menos esa es la propuesta sobre el papel. Y en toda esta transición, mientras las renovables cogen fuelle y se desarrollan tecnologías como la del hidrógeno, el gas jugará un papel destacado como backup de las renovables.

Lo que quiere decir es que, cuando las renovables, que dependen de que haya sol o viento, no puedan producir energía, serán las centrales de ciclo combinado las encargadas de generar electricidad. “Es necesario desarrollar los kWh necesarios y sustituir el carbón y el petróleo por el gas, que contamina la cuarta parte y es el puente hacia una economía baja en carbono”, introduce el profesor de Estrategia de Iese Business School, Mike Rosenberg. “El hidrógeno tiene sus complejidades y tardará 20 años en desarrollarse. Son los 20 años en los que el gas natural jugará un papel importante”.

Así es que son 20 años en los que los países productores de gas tienen mucho que ganar y los gasoductos a través de los que llega el gas natural a Europa jugarán un rol estratégico crucial. “Polonia y Alemana dependen mucho del carbón. Rusia y Noruega tienen mucho gas. Rusia utiliza en gas para balancear el mundo a su favor”, subraya Rosenberg. “Estados Unidos lucha en contra de esa influencia de Rusia en la política europea”.

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Muestra de este sensible equilibrio es el gasoducto Nord Stream 2, cuya construcción se encuentra, por el momento, en un paréntesis. La infraestructura que conectaría el suministro de gas natural entre Rusia y Alemania, está construida en torno al 90%, acumula una inversión de 12.000 millones de euros y de ella participan una veintena de las más importantes compañías energéticas del Viejo Continente.

La previsión era que este gasoducto, que transcurre por el Mar Báltico, estuviera construido a finales de 2021, algo que ahora “parece muy complicado", según explica el profesor del Real Instituto Elcano, Gonzalo Escribano. Los políticos europeos debaten ahora si el gasoducto que conectaría Alemania y Rusia se pondrá en marcha. En este caso, los motivos no son tan medioambientales como geopolíticos y sobre la mesa está abierto el debate de si el gasoducto habría seguido adelante si no se hubieran invertido ya tantos miles de millones. 

El Nord Stream 2 duplica la capacidad de importación de gas Rusia, pero implica una gran complejidad para conciliar intereses

El Nord Stream 2 duplica la capacidad de importación de gas Rusia respecto al Nord Stream 1, que atraviesa Ucrania, explica el profesor del Real Instituto Elcano, Gonzalo Escribano, pero también implica una gran complejidad para conciliar intereses. Sobre la esa está delicada polémica del opositor ruso asesinado y en el aire que se culmine la infraestructura. "Ahora difícil que se detenga su construcción", explica Escribano. "Se pueden aplicar sanciones, encarecer las importaciones o poner pegas pero me parece difícil que se pueda frenar su construcción porque presión por parte de las empresas que están ahí será brutal", analiza Escribano.

“El tema es si queremos que Rusia  tenga más influencia sobre Alemania. Porque cuanto más dependiente sea Alemania del gas ruso, menos libertad tendrá para decidir si está o no de acuerdo con la política rusa. Esto es lo que hay, realmente, tras la polémica del gasoducto”, dice Rosenberg. “Es un tema de capacidad y metros cúbicos por hora pero, sobre todo, es qué quiere la Unión Europea en términos de futuro energético”. 

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Cuando se tomó la decisión de construir esta infraestructura, el objetivo era que sustituyera al Nord Stream 1. “Permite cerrar el tubo que pasa por Ucrania”, detalla Escribano. Pero a la vez,“deja en riesgo de desabastecimiento a Ucrania y otros países del Sudeste de Europa. Si este tubo se cierra y se sustituye por el de Alemania, ¿el gas se transportará de Alemania a estos países? “El Nord Stream 2 refuerza a los dos países, tanto geopolíticamente como económicamente y debilita a los países del Este”, detalla Escribano.

Otro gasoducto, no necesariamente ayuda a que Europa sea baja en carbono e intensifica la relación entre Europa y Rusia en momento en que americanos dicen “compren nuestro gas”, analiza el profesor de Iese con relación a los bajos precios que mantiene este combustible fósil.

Concretamente, deja en cierta manera aislada a Polonia. “Hay grandes intereses ahí en medio. Si Polonia va a cerrar sus plantas térmicas de carbón y las va a cambiar a gas necesita más gas. Este gas, ¿vendrá de Rusia o de Noruega? Otros puntos de Europa tendrán más gas o tendrán  en Europa cambio a gas tendrán que traerlo de otro lado”, plantea la disyuntiva el profesor de Iese.

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Esta es solo una parte del juego: además, perjudica  a Ucrania y Bielorrusia pero también a otros productores que son exportadores de gas natural licuado, como Qatar, Argelia, Estados Unidos o Australia, enumera el profesor del Instituto Elcano. Además, de todo el gas natural de Turquía, Egipto, Israel o Chipre, que quieren desarrollar infraestructuras para llevar recursos de gas natural que importar a la Unión Europea.  

En este tira y afloja, se da en una situación en la que hay un superávit de gas a nivel mundial. “Baréin tiene mucho, Nigeria tiene mucho y esto hace que el precio del gas esté bastante barato, lo que podría frenar la transición a un tejido energético bajo en carbono. La transición a las energías limpias podría ser más larga si el precio está bajo”, resalta el profesor de Iese. “Es complejo conseguir retornos de inversión con el gas natural a 3 o 4 dólares y el petróleo a 40 dólares”

El escenario geopolítico resultante de estos 20 años de transición energética, que daría un relevante rol al gas natural, derivaría en que Rusia y Arabia Saudí tendrán mucho menos peso a nivel mundial, opina Rosenberg. Otros como Noruega, cuya economía no depende exclusivamente de los combustibles fósiles, no sufrirán en exceso el golpe pues su economía está bien diversificada. 

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